Cuando le preguntas a alguien qué haría si pudiera viajar en el tiempo, muchas veces ese alguien te dice que si pudiera viajar en el tiempo mataría a Hitler. Muchas veces ese alguien remata diciendo que facilitaría mucho las cosas hacerlo cuando éste aún era un niño. Pero claro, y como decía Chicho Ibáñez Serrador: ”¿Quién puede matar a un niño?” Pero hasta donde sabemos, ningún Michael J. Fox pistola en mano lo ha conseguido, de ser así, nunca hubiéramos escuchado el nombre de Adolf Hitler, pero por desgracia eso no ha pasado.

Ha habido muchos intentos. Los expertos en la materia cuentan hasta 42. Pero sin duda el más trascendente fue el orquestado por el Coronel del Estado Mayor de la Wehrmacht von Stauffenberg el 20 de Julio de 1944, hace ahora 75 años, y que hubiese permitido la ejecución de la ‘Operación Valquiria’, que a muchos les sonará gracias a la película de Bryan Singer protagonizada por Tom Cruise.

Von Stauffenberg pertenecía a una familia aristócrata y católica. Empezó con Hitler pero pronto se alejó de él y de su nacionalsocialismo, sobre todo tras los sucesos de La noche de los cristales rotos, en la que miembros de las SS realizaron todo tipo de crímenes y vejaciones contra el pueblo judío.

En enero de 1943 fue ascendido a Teniente Coronel y destinado a la campaña del norte de África. Allí, por culpa del impacto de la metralla de un avión, perdió una mano, varios dedos de la otra, y lo que más recordamos precisamente gracias a la película de Singer, un ojo, en concreto, el izquierdo. Después se convirtió en Jefe del Ejército de Reserva en Berlín durante el Tercer Reich, lo que le permitió estar muy cerca del dictador.

La derrota en la Batalla de Stalingrado en el 42 supuso el principio del fin del imperio nazi. Un año después, Von Stauffenberg ya se había recuperado de sus heridas, o al menos lo justo para continuar con su vida. Pero su vida desde ese momento era básicamente matar a Hitler. Así que perpetró el complot con la ayuda de hombres de confianza como el Teniente de Caballería Philipp von Boeselager o el Jefe del Estado Mayor del Frente del Este, Henning von Tresckow, quienes siempre llevaron consigo una dosis de veneno lista para ser ingerida en caso de ser capturados por las SS.

El magnicidio iba a tener lugar en la Guarida del Lobo, nombre clave de uno de los cuarteles militares más importantes de Hitler. Un complejo situado en la Prusia Oriental y construido para la ofensiva alemana contra Rusia en 1941. Estamos hablando de 80 edificios camuflados, de entre los cuáles, 50 eran búnkeres. Estamos hablando de edificios ocultos en el boque rodeados por campos de minas y kilómetros de alambres de púas.

A las 6 de la mañana del 20 de Julio Von Stauffenberg parte hacia La Guarida del Lobo, donde el Führer celebra una importante reunión. Pero imprevisiblemente esa reunión no se celebra ahí sino en un barracón con ventanas abiertas y una gran mesa de roble.

Destaco estos dos elementos ya que ambos desviaron la onda expansiva de la bomba que tenía que haber acabado con la vida de Hitler y que se escondía en el interior de un maletín, maletín que un oficial cambió de sitio minutos antes de la explosión.

Esta sucesión de hechos casi inexplicables precipitaron el fracaso de la conjura y el Führer, que ese día se reunía con Mussolini, se marchó con apenas unas heridas leves. Distinta suerte corrieron los 4 oficiales que murieron aquel día.

El líder de la resistencia se encontraba volando hacia Berlín. Pero de poco le sirvió, ya que Von Stauffenberg, los suyos y 200 supuestos sospechosos más fueron humillados y fusilados aquella noche en una farsa de juicio. De hecho, von Stauffenberg fue sentenciado y fusilado por alta traición por parte de uno de los suyos.