La mala semilla (1956)

 

Rhoda Penmark, una niña de 8 años, marcó todas las pautas del género de películas de niños malvados. Tendencias sociópatas, pequeñas travesuras que se pasan de la raya… hasta que intentan destruir conscientemente a alguien, con pequeñas argucias desde la inocencia de un niño. Rhoda es fría y manipuladora, consciente de su encanto pero realmente esconde la encarnación más pura del mal que no hace ascos al asesinato. La cosa es que su abuela ya era una psicópata, así que al menos la tendencia viene por vía genética.

El pueblo de los malditos (1960)

 

Niños rubitos, arios, repelentes y con expresión airada que te comienzan a mirar mientras se les encienden los ojos de forma diabólica. Esta icónica imagen del cine de terror con raíces en la ciencia ficción no se corresponde a pequeños demonios infantes posesos, sino a una camada extraterrestre nacida de mujeres embarazadas por algo así como un espíritu santo que se mueve a través de ondas electromagnéticas. Los pequeños crecidos tienen unos poderes muy perturbadores, con lo que pueden adivinar todo lo que está pensando cualquier adulto y hacer que se quiten la vida sin mover una sola mueca.

¡Estoy Vivo! (1974)

 

Si usted tiene un niño diabólico es muy probable que los primeros brotes de hijoputez le aparezcan como a los 7 u 8 años. Pero cuando tienes un bebé mutante asesino que empieza su carrera criminal en el minuto en el que nace (matando al personal de enfermería que le saca del letargo) la cosa cambia. Con un ojo puesto en la parodia, otra en la crítica seria a la industria farmacéutica y con un planteamiento de serie B sin prejuicios, este divertida sátira sobre el tema del aborto dejó dos secuelas, a cada cual más extraña e increíble que la anterior.

La profecía (1976)

 

El pequeño Damien no necesita presentación. Cuando Gregory Peck decide ahorrarse el mal trago de decirle a su mujer que su hijo recién nacido ha muerto en parto, no se le ocurre otra cosa que quedarse al primer retoño que le da un cura y decirle a su esposa “mira qué hermosote nos ha salido”. Un cambiazo que se mantiene en secreto pero que se empieza a notar un poquito cuando el nene hace que la niñera se ahorque en plena fiesta llena de invitados de renombre. La cosa fue a trilogía, pero el poder de mal rollo sobrenatural de la mirada de Harvey Stephens junto al ‘Ave Satani’ de Jerry Goldsmith no lo supera ni el verdadero Anticristo.

¿Quién puede matar a un niño? (1976)

 

Recientemente Goya de Honor por su carrera, Chicho Ibáñez serrador es, aunque muchos no lo sepan, uno de nuestros directores más internacionales. Tiene pocas películas en su haber, pero esta dejó huella en todas las proyecciones de su época. Una pareja de turistas que se encuentran con un grupo de niños aparentemente sin padres que controlan y dominan una isla de veraneo española. Una película de terror puro a la luz del día que convierte a los niños en una horda de auténticos monstruos.

Cromosoma 3 (1979)

 

Oliver Reed sufre los ataques de unos extraños enanos encapuchados resultan ser niños mutantes nacidos de manera partenogenética, el subproducto de un tipo de psicoterapia llamada psicoplasma. Son pequeños pero tienen una mente asesina común de colmena mediante una conexión psíquica con su madre, que canaliza su ira hacia su exmarido, creando estos críos asexuales que realizan su venganza en pequeñas hordas. Un especie de expresión del duro proceso de divorcio de David Cronenberg a través de los hijos como arma arrojadiza. La más inusual de este tipo de películas.

El buen hijo (1993)

 

A día de hoy cuesta entender e impacto que tuvo ‘El buen hijo’ en el contexto cinematográfico de los 90. Macaulay Culkin era el niño de moda en los primeros años de la década y era muy difícil imaginarle como el villano de la película. Lo cierto es que pese a la sorpresa, a nadie acabó de extrañarle del todo, puesto que, en el fondo, el niño de ‘Solo en casa’ tenía esa miradilla turbia que hacía creíble que bajo su semblante angelical se escondía un pequeño psicópata en potencia. No olvidemos que su víctima principal era Elijah Wood, el mismísimo Frodo de ‘El Señor de los anillos’.

The Children (2008)

 

Los pequeños diablillos de esta película británica pasan las vacaciones de Navidad tratando de asesinar a sus padres. Partiendo de la naturaleza impredecible de los niños, un concepto aterrador de por sí, incluso sin el manto de cine de horror, desarrolla detalles sacados de los dilemas morales de la película de Chicho Ibáñez. Añadan mucha tensión y tienen una pequeña pesadilla no muy conocida pero a recuperar en el universo de infantes pérfidos. Hace un buen programa doble con ‘Eden Lake’, que seguía una ruta más realista.

La huérfana (2009)

 

Nuestro Jaume Collet Serra dio un golpe en la mesa en el panorama de género americano con esta estupenda revisión de ‘La mala semilla’ con un giro que, aunque ya han pasado diez años, no revelaremos. Tratando el tema de los niños adoptados, ‘La huérfana’ jugaba con el miedo de que el nuevo miembro de la familia entre ya demasiado crecido y salga rana. Teniendo en cuenta de que el guion se inspira en un caso real ocurrido en la República Checa, el tercio final no es fácil de olvidar.

Tenemos que hablar de Kevin (2011)

 

Una película que más que de un niño maléfico, habla del otro lado de la maternidad. La que se cuestiona su descendencia y crea una distancia que los convencionalismos sociales no admiten. ¿Puede creer una madre que un niño pequeño quiere cometer un asesinato? Desde que es un niño hasta que pasa a la adolescencia, Kevin es sencillamente, malo. Es la encarnación de por qué tener hijos es tan aterrador. ¿Y si tu hijo resulta ser un monstruo porque eres un mal padre? O incluso si eres un buen padre, y tu progenie acaba abandonando el buen camino, el cuestionamiento del papel del afecto y la educación y la responsabilidad del progenitor. Un film que te hace pensar, después de helarte la sangre.