Don’t worry, be high

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Clases de yoga donde se consume cannabis: el nuevo mindfulness que arrasa en Los Ángeles

Nadie podrá decir que los californianos no saben sacarle partido al hecho de que el consumo recreativo de marihuana es legal. Y es que algunos negocios se están haciendo de oro incluyendo esta sustancia en sus actividades.

Una pareja practicando yoga
Una pareja practicando yoga | Pexels
MARÍA JIMÉNEZ
  Madrid | 14/06/2019

Desde que me mudé a Los Ángeles vivo inmersa en una nube de marihuana. Mientras que esta ciudad le tiene un asco absoluto al tabaco y lo prohíbe con mano dura a través de carteles y señales que te avisan de las graves consecuencias de tirar una colilla al suelo o incluso de fumar en plena calle al aire libre (de locos), la marihuana campa a sus anchas desde que su venta y su uso recreativo fuesen aprobados en enero de 2018.

Así pues, a la nube de contaminación producida por los coches, ahora también hay que sumarle la continua neblina de cannabis que persigue a los habitantes de Los Ángeles como la niebla que describía Stephen King en su famosa novela de terror.

No me entendáis mal. Me gusta el olor a marihuana, y eso que yo soy chica Marlboro (aunque ahora muchísimo menos porque es terriblemente caro y porque casi que tengo que esconderme para poder disfrutar de un ‘piti’ en condiciones).

Sin embargo, he de reconocer que a los americanos se les ha ido un poquito la mano con el tema en lo que yo defino como “ahora que el cannabis es legal, convirtámoslo en la nueva crema de cacahuete”. Es decir, está en TODAS partes.

El motivo es que las mentes más avispadas de California se dieron cuenta del enorme potencial que el cannabis podría tener si lo incluían en sus negocios y así lo han hecho. Eso sí, los que más éxito están teniendo son los relacionados con el estilo de vida y el deporte.

En concreto, el yoga. ¿Por qué? Bueno, si tenemos en cuenta que esta disciplina aboga por conectar cuerpo y mente y que una de las propiedades del cannabis es poder conectar de una manera ‘real’ con tu cuerpo y tu mente… blanco y en botella, ¿no? Sin olvidar que estamos en un país donde Kim Kardashian celebró el ‘baby shower’ de su cuarto hijo fumando porros con sus invitadas. Ahí es nada.

La teoría de estas clases que combinan yoga y cannabis es clara.

“No se trata de practicarlo drogado, se trata de promover una relación saludable con el cannabis como una medicina sagrada de espíritu vegetal. Los seres humanos han evolucionado conjuntamente con el cannabis durante mucho tiempo”, afirma la activista cultural Zoe Helen en un reciente artículo sobre la manera en la que se está conectando la marihuana con esta disciplina. Ok, entonces, ¿cómo funciona una clase de cannabis y yoga?

Chioma Nwosu, instructora de esta disciplina asentada en LA y actual promotora de la iniciativa Elevated CannaFlow, tiene la clave.

“Con el apoyo terapéutico de esta medicina vegetal los individuos pueden profundizar en sí mismos, liberándose de la negatividad con facilidad, conectando con la raíz del sufrimiento y explorando una mayor conciencia vibratoria a través de la meditación guiada potenciada por el cannabis”.

Básicamente es lo que todos estáis pensando. Durante una hora, se practica yoga mientras se fuma o se respira cannabis. Las posibilidades son infinitas. Un porro, vapeando, en gominolas, infusión, con otra persona echándonos el humo mientras hacemos la postura del Perogrullo (lo siento, no soy yogui, así que no sé si existe)…

De hecho, pasear por el Instagram de Chioma Nwosu nos da una idea bastante acertada de lo que nos podremos encontrar en sus clases.

“El cannabis es más barato que la terapia”, reza uno de sus post. Una filosofía de vida que muchos angelinos ya habían abrazado antes de que su consumo recreativo fuese legal. Solo hay una norma no escrita para poder disfrutar plenamente de una sesión de yoga y cannabis sin dramas. Utilizar CBD (cannabidiol) y no THC (tetrahidrocannabinol). ¿Qué significa esto?

Para los que no sean entendidos en cannabis y para hacerlo lo más simple posible, diremos que el CBD es el componente de la planta que no tiene propiedades psicoactivas y por lo tanto al usarlo nos aseguramos de no sufrir un ‘mal viaje’. Como ya habréis podido adivinar, el THC sí que es psicoactivo.

De hecho, el CBD es el componente más buscado en las variedades para su uso medicinal, dado que tiene propiedades antiinflamatorias pero sin los efectos psicotrópicos que podría generarnos el THC. Por lo tanto, en todas las clases y workshops de cannabis y yoga se recomienda (por no decir que se obliga) a participar solo con CBD mediante.

¿Será una moda pasajera? Seguramente, más que nada porque los americanos no son tontos. Mis compañeras de piso fuman marihuana a diario y practican yoga y son conscientes del negocio que se está montando alrededor.

“Prefiero colocarme en casa e ir a clase, pero bueno, esto es América y aquí todo se trata de hacer dinero”, me dice Michelle antes de apagar su porro en el cenicero.

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