Desde la niñez se nos va transmitiendo a través de la socialización y los relatos culturales

Desde la niñez se nos va transmitiendo a través de la socialización y los relatos culturales

La violencia de género se forja desde los cuentos infantiles

El fuego es fuego sí; pero dependiendo de su origen, de las causas que lo producen, de sus características, se erradica de una forma u otra. Nadie con dos dedos de frente y la información necesaria apagaría un fuego provocado por aceite caliente echando agua sino tapándolo, ni apagaría un incendio forestal soplando como apagaría el fuego de una cerilla o una vela sino con fuego. Ahora cambiad fuego por violencia y es igual.

Violencia de género
Violencia de género | J. Walter Thompson

CRISTINA ALONSO | @chiclett4u | Madrid | 19/11/2018

Violencia es violencia sí pero dependiendo de su origen, de las causas que la producen, de sus características, se erradica de una forma u otra. Nadie con dos dedos de frente y la información necesaria buscaría otro motivo en la violencia de género que no fuese la desigualdad. Cada tipo de violencia, como cada tipo de fuego, tiene sus propias características y formas de erradicarlo.

Como no se puede trabajar desde aquí la capacidad mental, me voy a centrar en la información.

La violencia de género son las violencias (física, psíquica, económica, ambiental, sexual) que ejercen los hombres contra las mujeres por ser mujeres y ellos hombres. Es una violencia sistémica, no son hechos aislados, y estructural, reforzada y apoyada por la propia estructura del sistema.

Desde la niñez se nos va transmitiendo a través de la socialización y los relatos culturales que la humanidad son ellos (Érase una vez el hombre), que la identidad femenina es ser mujer, es decir, hombre como individuo, mujer como la mujer (Los Pitufos), se va normalizando y justificando esta violencia representándola como una demostración de amor, de humor, de erotismo e incluso como un derecho masculino (ese supuesto derecho que tienen los hombres a mantener relaciones sexuales y la consiguiente obligación que tenemos la mujeres a mantener relaciones sexuales, claro).

La violencia simbólica juega aquí un papel clave. La antropóloga Rita Segato dice que la violencia simbólica no es otro tipo de violencia de género como la física, psicológica, económica, ambiental, sexual sino un continuo de actitudes, gestos, patrones de conducta y creencias, cuya conceptualización permite comprender la existencia de la opresión y subordinación, tanto de género, como de clase o raza.

La violencia simbólica son los resortes que sostienen ese maltrato y lo perpetúan y está presente en todas las demás formas de violencia, los gestos, silencios, miradas, signos, mensajes, que hacen posible que esas instituciones existan porque constituyen y designan en mujeres y varones, desde que nacen, la posición social que ocuparán, el rol de género a través del cual ejercerán posiciones de poder o de subordinación. Sostiene y da sentido a la estructura jerárquica de la sociedad.

Los medios de comunicación son extraordinarios aliados de esta violencia simbólica puesto que refuerzan el proceso de socialización de género reforzando el mismo tipo de valores y paisajes sociales. Los contenidos de las noticias, programas de ficción o de entretenimiento, reproducen aquello que la sociedad espera de mujeres y varones, formas de comportamiento deseadas y valoradas y a la vez condena las rechazadas.

La violencia simbólica convierte en natural lo que es un ejercicio de desigualdad social y, precisamente por ello, es una violencia contra la que se suele oponer poca resistencia. Cuando más sutil, más efectiva.

Esta violencia simbólica está presente en (casi) todos los relatos culturales y sociales. Es por estos relatos que los hombres saben de su impunidad para realizar las violencias de género. Por un lado, saben que nosotras no vamos a reaccionar y además que el sistema judicial y la sociedad los apoya y nos pone a nosotras en duda.

Por eso, llevar un tanga hace que no seas víctima de violación al igual que seguir viviendo una vida plena, disfrutándola, tras ser violada te resta credibilidad de haber sido violada. Es curioso que (casi) no haya películas en donde la violación la realice un hombre a otro hombre y más curioso aún que las pocas que hay ('El expreso de media noche') a ese hombre no le cueste superar el trauma, cosa que alabo pero no entiendo el por qué no se representa igual en la mujer que parece que deba vivir traumada eternamente.

Probablemente, la vida se viviría distinta si en vez de contarnos desde la niñez que viene el hombre del saco y te lleva, nos contaran que viene la mujer del cuchillo y te lacera, si hubiese escenas de violación donde la mujer en vez de forcejear levemente y gritar se liara a mamporros a diestro y siniestro o que cada vez que una mujer es “rebelde” se le castiga (Camille 1915 un año en el psiquiátrico) o vive con una gran culpa (Tully) o muere (Telma&Louise) igual, no sé.

Si esos relatos existieran, los hombres no sentirían esa impunidad al ejercer las violencias de género y ojo que con esto no estoy diciendo que esos relatos se hagan en la realidad porque al igual que no hace falta que haya existido el hombre del saco para hacernos obedecer en la niñez no hace falta que existe la mujer del cuchillo que te lacera. O sí, no sé, lo que sí sé es que hacen falta muchos más relatos como el de PornoBrujas de Andrea y Juan Gautier.

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