Al final, todo es cuestión de dinero. Es difícil ver a una chica de zona pija sirviendo copas en un bar de alterne. Son las chicas de barrios humildes las que pueden acabar allí, y también las que se prostituyen.

Susana nos cuenta su historia, que tras trabajar en la hostelería “convencional”, decidió aceptar haciendo lo mismo en un prostíbulo: solo sirviendo copas.

Sin embargo, con los chicos pasa lo contrario. “Es raro ver a chicos de barrio humilde, yendo a un bar de alterne, son los jóvenes pijitos los que van, y esos son los peores clientes”, explica Susana.

Ella, desde el otro lado de la barra, ha visto como todas las noches salían llegan los clientes, algunos buscando el “ligue fácil” y otros solo a para vacilar.

El ejemplo de clientela que más propinas da son gente de oficina, como explica Susana, pero con pasta. El perfil sería el de abogado o gente de negocios, que recibe a clientes de fuera, les invita a cenar y luego se les lleva de putas por Azca.

“No tienen porqué irse con ninguna chica, están de ruta, pero dejan buenas propinas”, dice Susana.

Sin embargo ella, que solo sirve copas, también se ha enfrentado a que todas las noches le pidan sexo, por si cuela. También ha visto como sus compañeras, las prostitutas, recibían menosprecios o burlas, especialmente por parte de los chicos más jóvenes.

El día que Susana decidió que esto debería terminar fue precisamente cuando accedió a servir en topless, y notó como, cuando te vendes, te empiezan a perder el respeto.