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La tocofobia, el temor a la gestación y el parto que llena a las mujeres de ansiedad

Temor a los cambios físicos que tienen lugar durante el embarazo, temor a las secuelas de las lesiones tras el parto, temor a la extrañeza de la lactancia, a la maternidad en sí, pero en ocasiones también una gran frustración. Porque algunas de las mujeres que experimentan tocofobia tienen dudas sobre su deseo de procreación, y este miedo supone un freno decisivo.

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ELISA VICTORIA | Madrid | 02/08/2018

En primer lugar, se considera la tocofobia un temor morboso e irracional, definición que de entrada molesta a varias de las mujeres con las que hablamos, como Sonia, de treinta y dos años: “Dicen que es un miedo irracional pero yo lo encuentro de lo más racional, el embarazo es un fenómeno que altera todo tu cuerpo durante un periodo muy largo, a veces de por vida, y el parto es una experiencia arriesgada, dolorosa.

Aunque ya esté mucho más controlado, las mujeres han sufrido lesiones e incluso la muerte a costa del parto desde siempre. Que sea algo natural no significa que el terror que provoca sea irracional. Me parece de lo más normal tenerle un montón de miedo al embarazo y al parto. ¿Debería tomármelo como algo dulce y fácil? Sería ignorar una gran porción de la realidad.”

Miriam tiene hoy treinta y tres y recuerda este miedo desde la infancia: “En cuanto me explicaron que el cuerpo femenino que yo poseía era capaz de concebir entendí que era algo asombroso y muy interesante pero me dio miedo desde el principio. Me pareció que la vida de los hombres era muy tranquila y lineal comparada con la nuestra, llena de cambios drásticos y altibajos".

"Es interesante pero siempre envidié que no tuvieran que vivir con esa responsabilidad. Creo que es bastante lógico, el embarazo puede resultar muy incómodo y sufrido. No lo encuentro un miedo irracional en absoluto, lo encuentro completamente normal, creo que cualquier embarazada, por mucho que desee ser madre y que lo lleve con salud, por muy ilusionada que esté, atravesará momentos de gran extrañeza y temor.”

La cuestión es que la tocofobia se puede volver patológica hasta niveles alarmantes, llenando a la mujer de una ansiedad incontrolable. La mera mención del embarazo puede desencadenar una crisis nerviosa, especialmente si tiene dudas sobre su estado. A Sonia le ha pasado a menudo.

“Siempre he temido estar embarazada y si la regla se me retrasa paso momentos de verdadera angustia. Durante algunas épocas me he obsesionado con los métodos anticonceptivos y me estaba comprando un test de embarazo cada dos por tres para estar segura de que todo iba bien. Considero que he tenido suerte porque mis sospechas nunca fueron ciertas. Si me enterara de que estoy embarazada me daría un ataque de pánico brutal, estoy segura.”

Elena H., de cuarenta y uno, vio confirmados sus miedos hace ahora siete años: “Cuando me quedé embarazada fue totalmente inesperado, no lo había buscado en absoluto. Al confirmar la noticia estuve mucho tiempo pensando en abortar, sin poder dormir por las noches, dándole vueltas al tema. El caso es que en parte me hacía ilusión ser madre, deseaba el proceso de crianza posterior, pero la gestación y el parto me llenaban de pánico. Al final decidí seguir adelante y la cosa fue cada vez a peor, cada día más nerviosa, con pesadillas, pensamientos extraños sobre el bebé, preocupaciones en bucle, ataques de ansiedad. Te lo venden como un milagro, como una cosa mágica. Es obvio que resulta maravilloso en muchos aspectos, pero para mí la mayor parte del tiempo fue un infierno.”

“Yo creo que un embarazo es una experiencia muy gore para todas las mujeres”, reflexiona Miriam, “pero que hay un gran tabú sobre el tema que sólo consigue empeorar la cosa. Es como que si estás embarazada tienes que actuar como una bendecida, toda la estética que rodea la gestación es cursi, inmaculada, pueril y celestial, cuando en realidad es todo una metamorfosis brutal que acaba en un acto sangriento y desgarrado.”

Para muchas de estas mujeres, la maternidad se ve profundamente cuestionada a costa de la evitación de ese proceso descarnado: “Nunca me hizo mucha ilusión ser madre, de pequeña pasaba de los muñecos con forma de bebé y jugar a la maternidad me resultaba aburridísimo”, cuenta Alicia, de treinta y tres años, “sin embargo, me encantan los niños. Me llevo bien con ellos, me divierten, me interesan, ayudarles con los deberes, la higiene diaria, los cuentos, los juegos, escucharles, atender todas sus necesidades me conmueve. Adoro a mis vecinos pequeños, por ejemplo. Quiero decir que creo que disfrutaría mucho criando mis propios niños, que a estas alturas me hace ilusión. Pero el embarazo me aterra, me deprime muchísimo la idea, que para tener hijos tenga que pasar por eso.”

A Alicia le aterran los cambios físicos, las posibles complicaciones y el agotamiento asociado a todo el proceso hasta el punto de condicionar ese deseo. “Tal vez en unos años me vea capaz, no lo sé. Si no, puede que me plantee la adopción, que hay muchos niños que necesitan un hogar. Pero de momento me siento tan preparada para pasar por eso como cuando tenía quince años. Cero.”

La tocofobia se divide en dos tipos: la primera afecta a aquellas mujeres que nunca han sido madres e imaginan el proceso como algo tormentoso. La secundaria, a las que ya han dado a luz en el pasado, normalmente relacionada con una experiencia conflictiva en torno al dolor, la incomodidad o las complicaciones quirúrgicas, que crea un precedente traumático.

Otro de los grandes temores que puede presentarse, en contraposición al caso de Alicia, es el de ser una “mala madre”, como le ocurrió a Marisa, de cuarenta y seis: “Tengo dos hijas. Durante el primer embarazo me harté de vomitar y lo asocié obsesivamente a que en realidad rechazaba el feto, a un arrepentimiento de haberme quedado preñada pese a haberlo buscado durante mucho tiempo. Me sentía culpable e incapaz de llevar a cabo la labor de maternidad".

"Pensaba que iba a ser lo que se conoce como una mala madre. Y la verdad es que cuando di a luz tardé en acostumbrarme a la situación, tuve algo de depresión post-parto. Al final nada fue tan dramático y el segundo embarazo, aunque al principio me acojonó más todavía, lo llevé mucho mejor. No me arrepiento de ninguno, pero entiendo perfectamente a quien se arrepienta. Es muy duro y muy extraño”.

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