ASÍ SELECCIONAN LAS ETT A LOS CONDUCTORES DE VTC

ASÍ SELECCIONAN LAS ETT A LOS CONDUCTORES DE VTC

Tengo 56 años, estoy desesperado y fui a una ETT para trabajar en Cabify

Eduardo tiene 56 años, y hace ocho que su negocio cae en picado. Ha sido una caída muy gradual; y, precisamente, por eso, siempre parece que va a pasar algo que salve a su pequeña empresa. Pero eso ya no ocurrirá jamás, Eduardo acaba de cerrarla al borde de la quiebra técnica, y se ve obligado a buscar trabajo de lo que sea. Tiene tres hijos y una casa que pagar, así que la caída al infierno es inminente.

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Fedetaxi-Uber-Cabify-Empresas_271235908_58434245_1950x1140 | Centímetros Cúbicos

DAVID NAVARRO | @madnavarro | Madrid | 24/09/2018

Esta es una edad muy perra para perder el trabajo, porque aún le quedan varios años para poder jubilarse, y, sin embargo, ya no entra en el perfil de búsqueda de ningún proceso de selección. Habiendo sido autónomo toda la vida, no tiene derecho a paro, aunque empezó a cotizar a los 24 años y no ha dejado de trabajar ni un solo día de su vida. Y lo peor: si no cotizas los últimos años que te quedan, tu pensión se reducirá drásticamente, porque precisamente son los últimos años laborales lo que computan para la pensión que te quedará.

Su situación es urgente y desesperada, y aunque desde hace tiempo baraja la posibilidad lanzarse a la calle a “echar currículum” hay una idea que siempre tuvo en la cabeza, ser conductor de VTC.

Me comentó esta posibilidad hace unos meses, antes de que el cierre de la empresa fuera inminente; y, ahora, después de haber echado esos cv para empleos cualificados y no haber recibido respuesta, se ve abocado a intentar ser conductor de alguna empresa, tipo Uber o Cabify, como última opción.

Cómo buscar trabajo de conductor de VTC

Bucear en internet, para entender si ser conductor de VTC es un buen empleo, te deja con más dudas que certezas. Uber y Cabify no tienen conductores. Quienes contratan son empresas de transporte que prestan este servicio a la aplicación.

Y en internet hay historias de todo tipo, pero lo que más abunda son los testimonios de gente a la que les ha ido mal y que se quejan de que le han dejado a deber semanas de trabajo con la excusa de que “estaban de prueba”.

Cada una de estas empresas, tiene un tamaño diferente, las hay pequeñas, con un par de coches, y las hay grandes: con 20 ó 30 vehículos. Depende de las bajas que tengan, que busquen nuevos empleados o no. Así que la mejor forma de meter la cabeza en este sector es ir a una ETT, que seleccione y te llame para cubrir las vacantes según se presenten.

Cabify rechaza que los coches de su plataforma hagan competencia desleal a los taxis. / Foto: Cabify_643x397 | Economía Digital

Conductores, como temporeros de la aceituna

Eduardo habla por teléfono con una ETT y le piden que se acerque a una charla/entrevista/curso (tres en uno), y puede ir cuando quiera, sin cita previa. Casi todos los días se realizan estas sesiones informativas para aspirantes a nuevos conductores, en aulas en las que un formador les explica todo antes de iniciar el proceso de selección. Es una clase magistral dirigida a cualquiera, sin filtros.

Los candidatos son muy variados. Eduardo mira a su alrededor intentando encontrar a alguien como él, pero el perfil es diverso: hay muchos emigrantes, hay gente joven y gente mayor. Habla con algunos. Son camareros retirados, albañiles/ñapas, licenciados sin expectativa laboral, autónomos reciclados y aspirantes de Europa del Este y África que apenas chapurrean el castellano.

Hay también españoles que han venido desde otras provincias solo para intentar trabajar de conductor de VTC, en concreto Eduardo conoció a uno de de Mérida y a otro de Palencia. Estos, jamás han visto el Paseo de la Castellana o la Gran Vía, y confían en que el GPS les de el conocimiento de la ciudad que les falta.

En la charla les explican que deberán trabajar de traje, no hablar con el cliente más que lo estrictamente necesario y preguntar por la temperatura. Les avisan de que en todo momento la opinión del cliente servirá para evaluarlos y darles más horas, o restarlas.

Después les hacen un examen de riesgos laborales, pero para sorpresa de Eduardo, el examen es un fraude, les leen de viva voz las opciones del test y, le dicen cual es la opción correcta que deben señalar. Claramente, en este proceso de “selección” no se pierde el tiempo.

Y, por fin, llega la entrevista personal, donde Eduardo espera diferenciarse. Por su aspecto físico, de hombre solvente, su saber estar, y su personalidad tranquila y de confianza, cree que en un encuentro cara a cara él puede resultar más interesante. Conoce la ciudad como la palma de su mano, nació en Madrid y conduce desde los 19 años. Su forma de hablar es pausada, genera seguridad, y sin duda demuestra que sabrá mostrar discreción para no entrometerse en el viaje del cliente. ¿Es esto lo que se busca en un buen conductor de VTC, no?

Pero la entrevista es relámpago y se basa simplemente en aportar su permiso de conducir y un certificado de penales (de no haber estado en prisión). Nadie le pregunta sobre quién es él, qué ha hecho anteriormente, y si tiene deseos de estrellar el coche contra una mezquita o de secuestrar a sus pasajeros, violarles y pedir luego un rescate.

Si Eduardo o cualquier otro tuviera esos deseos, probablemente los sabrían ocultar en una entrevista de trabajo, pero lo más llamativo es, según Eduardo, es que durante este proceso de tres horas, ni tan siquiera alguien ha gastado 10 segundos a mirarle a los ojos y a preguntarle quién es él, algo que demuestre que este es un proceso para seleccionar seres humanos.

El protocolo a partir de hoy es el siguiente: cualquier día recibirá una llamada y le pedirán hacer alguna suplencia, o trabajar unas horas. Si lo hace bien y tiene buenas valoraciones por parte de los clientes, tendrá más. Si la valoración es negativa, ahí termina todo. Puede que en cuestión de meses logre conseguir escalar posiciones y hacerse con una media jornada (y no sólo horas sueltas). Pero siempre estará vigilado por los usuarios, y su trabajo dependerá de esas valoraciones.

“Que le prendan fuego a la central de Cabify”

Pese a este interés, Eduardo nunca ha subido a un coche VTC. Le ofrezco que me acompañe en uno de mis desplazamientos. El objetivo es mostrarle como es el trabajo al otro lado, como cliente, y también ver si logramos soltarle de la lengua al conductor y saber más cosas: si está contento, si hay algún truco para entrar en la empresa…

Lo primero que notamos al subir al Hyundai negro es un penetrante olor a sudor. No es común, pero nos ha tocado. El conductor nos pregunta si queremos agua, pero lo usa como excusa para despotricar sobre un cliente que, por no ofrecerle agua, le bajó la puntuación.

La perorata es larga, se ensaña hablando de aquel cliente y nos asegura que le gente no se da cuenta de que el trabajo de los demás depende de su puntuación. Dos de las reglas de oro de los VTC son mantener el coche con buen olor y no hablar, así que esto es una paradoja, cuanto más minutos pasan, más la caga.

Bonus de 20 euros

Eduardo le tira de la lengua, y el conductor nos explica que de las 5 estrellas que se pueden dar a un conductor, si tu media semanal llega a las 3,5: estás en la calle de forma automática. Y si en una semana tu media es de 5, obtienes un super bonus de 20 eurazos, y la seguridad de que pasarás una semana más sin ver tu puesto de trabajo peligrar: 7 días de gracia.

La conversación se mueve hacia el conflicto con el taxi, el conductor nos cuenta historias truculentas sobre cómo unos taxistas le rompieron los cristales del coche con unos clientes dentro, y de cómo los taxistas no se dan cuenta de que cualquier daño que le hagan al coche no se lo están haciendo ni a Cabify ni a Uber (porque ellos no son dueños del coche ni contratan al conductor).

Y que una rotura del coche ni siquiera es problema de la empresa intermediaria, porque el coche es de renting, es de Hyundai. Cualquier coche destruido o quemado, se cambia al día siguiente por otro nuevo. “Así que, mejor, que me quemen el coche, así lo cambio”.

El conductor nos dice que los taxistas no deberían tomarla con los conductores de VTC, que son meros trabajadores, y que si quieren hacer daño a Cabify: “Que le prendan fuego a las oficinas centrales de Pradillo”. Le decimos: “Pero en las oficinas de Cabify también habrá trabajadores”. Él nos responde: “Sí, pero esos tienen empleos fijos y nadie les pone estrellitas para echarles la semana que viene”.

Eduardo salió del coche con mal cuerpo. Casi una hora respirando sudor. Casi una hora escuchando como los taxistas han intentado matar a golpes a compañeros. Casi una hora donde la única conclusión es que, si consigues una jornada completa, deberás tener cuidadito con las estrellas, no sea que un cliente la tome contigo, te baje la media, y te veas en la calle.

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