Existe la colaboración más allá del trolleo

Existe la colaboración más allá del trolleo

¿Solo existe linchamiento en Twitter? No, estas iniciativas buenas nos devuelven la fe en la humanidad

Internet se ha convertido en un pozo sin fondo de odio. Cada vez es más difícil participar sin que algo te salpique; sin que haya una guerra de ‘blocks’ o sin que discutas con alguien. Pero si buceamos un poco y nos alejamos de ese ruido que lo inunda todo, podemos encontrarnos algunas iniciativas que rescatan lo que una vez soñamos que sería Internet. Puede que no todo esté perdido.

Luchadoras
Luchadoras | Agencias

GEMA VALENCIA | @gemabunda | Sevilla | Actualizado el 31/07/2018 a las 20:28 horas

La Red que una vez soñamos basaba su razón de ser en la colaboración. No es que esto fuese una novedad; los seres humanos siempre hemos colaborado y hemos tendido a lo comunitario, aunque a veces se nos olvide en una sociedad cada vez más individualista. Las tecnologías y las formas de organización social que hemos vivido a lo largo de la historia pueden enseñarnos mucho sobre esto.

Internet nos lo recordó, y pusimos en marcha nuestra inteligencia colectiva para crear cosas diversas. Un ejemplo de ello es Wikipedia. Nos recordó que juntos mejor, y que, como anuncia Pierre Lévy, “nadie lo sabe todo, todo el mundo sabe algo, todo el conocimiento está en la humanidad”.

Pero esta visión optimista no es la mayoritaria hoy. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿qué factores hacen que una conversación derive en un trolleo? Según un estudio de distintos investigadores de las universidades de Stanford y Cornell, estar de mal humor y leer comentarios abusivos de otras personas en artículos aumenta la probabilidad de que la gente también escriba cosas desagradables. Y además, parece que los comportamientos más negativos se producen por la noche y los lunes. Quizás Garfield en la vida real fuese un troll.

También está el hecho de que no nos comportamos igual cuando nos escondemos tras una pantalla. Pero ¿es solo cosa del anonimato? La seguridad que ofrece que nadie te identifique puede ser un factor, pero lo curioso es que quizás no tenga tanto peso como pensamos. O al menos, un experimento iniciado por un usuario de Twitter, hace que reflexionemos en esa línea.

El pasado 13 de junio, Rob Manuel lanzaba el siguiente tuit: “¿Tienes una opinión impopular que es demasiado impopular para Twitter?”. Con él, añadía un formulario de Google en el que de manera anónima, cualquiera pudiese compartirla. Dos días después ya había más de mil respuestas. Si te das una vuelta por los comentarios, te llevarás la sorpresa de que no hay tantos negativos o que muestren odio. O al menos, no tantos como cabría pensar.

Así que quizás haya algo de esperanza en Internet. Y hay algunas iniciativas nacidas de la colaboración que nos hacen mantener cierta confianza.

Edito, luego existo

Las mujeres son solo el 10% de las personas que editan Wikipedia. Y de las biografías que existen en español en la enciclopedia, solo el 16% son de mujeres. Estas cifras hacen que haya mayores posibilidades de que aparezcan sesgos de género, como por ejemplo, que se haga mayor referencia a las relaciones familiares y afectivas que a sus carreras en los casos femeninos.

Los motivos de este desequilibrio se explican cuando caemos en la cuenta de que la edición es una tarea voluntaria que se realiza en el tiempo libre. Las mujeres acostumbramos a tener menos debido a los dobles y triples roles que desarrollamos en nuestra vida cotidiana. Y la brecha digital de género sigue existiendo.

Para tratar de aumentar la participación de las mujeres, nacieron las editatonas de Wikipedia. Mediante sesiones de trabajo femeninas basadas en el aprendizaje colectivo, se enseña el manejo de la plataforma, se establecen las bases sobre cómo escribir biografías o cómo trabajar en equipo. En España se organizan desde 2015, y también existen en México y otros países.

#YoSíTeCreo

O el #MeToo. Son consignas que marcan el movimiento feminista de los últimos tiempos. Han abierto un espacio colectivo y fuerte de sororidad y solidaridad entre mujeres en un momento en el que la Red es un lugar hostil también para nosotras. Ahora sentimos que no estamos solas, y que si sufrimos alguna violencia sabemos que vamos a estar arropadas y vamos a recibir apoyo. Y esto lo facilita Internet.

Que miles de desconocidas se vuelquen en una causa y que protejan a mujeres que han sido víctimas de violencias machistas. Y que al final, se generen algunos espacios donde sentirse seguras para reclamar nuestros derechos. Todo esto es un ejemplo de que la Red que soñamos no se ha perdido.

Pero en el mundo digital se siguen reproduciendo violencias y estereotipos, así que iniciativas como Ciberseguras son muy necesarias. El proyecto trata de servir de repositorio de aprendizajes sobre autodefensa y autonomía digital para mujeres e identidades diversas. El fin es crear un espacio seguro libre de discriminación, violencia y odio en Internet, y que a la vez garantice la libertad de pensamiento y de expresión sin el miedo a ser agredidas.

La solidaridad sigue existiendo en Internet

Si quieres nadar en bilis, tu sitio es Twitter. Sin embargo, todavía existen remansos de paz en los que los usuarios se movilizan por una buena causa. Un ejemplo lo vimos en enero de este año, cuando un usuario solicitó ayuda para encontrar la prótesis perdida de su hijo. El tuit supera los 31.000 retuits, y en el hilo que se creó a raíz del mensaje original se observa cómo muchas personas pusieron su empeño para lograr localizar el objeto extraviado. Incluso varios usuarios se ofrecieron para crear una nueva prótesis.

Si hablamos de solidaridad, no debemos olvidar a las comunidades de subtitulado. Son una red de personas que colaboran de forma voluntaria y altruista para traducir y subtitular. El resultado es que multitud de los contenidos que consumimos son accesibles en nuestro idioma gracias a ellos.

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