Y se queda más ancho que largo

Y se queda más ancho que largo

Mi sobrino de 9 años sigue a El Rubius solo porque es influencer

Miedo me da pensar que está forjándose una generación cuyos referentes son personas, como este joven español de 28 años, al que muchos chicos y chicas siguen sin saber muy bien el porqué.

El Rubius
El Rubius | youtube

MARÍA JIMÉNEZ | @tribusocultas | Madrid | 01/10/2018

Antes de entrar en materia, solucionemos primero una duda que seguramente sobrevuele por vuestra mente ahora mismo: “¿Qué es un influencer”? Según la Fundéu, es un “anglicismo que se usa, especialmente en el mundo de la mercadotecnia y las redes sociales, para aludir a personas con conocimiento, prestigio y presencia en determinados ámbitos en los que sus opiniones pueden influir en el comportamiento de otras muchas personas”. Una definición que encaja perfectamente en el perfil de El Rubius.

Para los que no sepáis quién es, porque seguramente habréis nacido antes de los noventa, este joven de Málaga es el español más seguido de Youtube (con casi 31 millones de ‘followers’), el segundo en idioma español y el decimocuarto con más suscripciones a su canal a nivel global. Además, y agarraos a la silla, fue el único español que la revista Time incluyó en su lista ‘Next Generation Leaders’ (Líderes de la próxima generación) en el año 2016. Impresionante, ¿a qué sí?

Pues espérate porque en la entrevista que le hicieron dijeron de él que es “una de las personas más famosas de las que nunca hayas oído hablar” y “la superestrella hispanoparlante de YouTube”. ¿Su contestación? Afirmar: “Si soy un líder, soy el líder de los raros”. Una vez hecha esta breve introducción sobre a quienes se les llaman influencer y poner el ejemplo del más exitoso a nivel patrio, os contaré algo que me dejó bastante descolocada.

La otra tarde, como buena tía que soy, decidí darle a mi hermana la sorpresa de quedarme al cuidado de su hijo pequeño. Un niño de nueve años que no se despega del móvil. No es culpa suya, si no de su madre, que ha encontrado en las nuevas tecnologías la mejor manera de mantenerlo ocupado y que no moleste. Pues bien, nada más llegar, le pregunté a Fernando (que así se llama) qué quería hacer.

“Ver a El Rubius en el ordenador”, me dijo sin dudarlo. Me pareció bien porque yo nunca me había sentado a ver un vídeo de este ‘YouTuber’. Sabía de oídas que la temática de su canal gira principalmente sobre los videojuegos, pero no tenía ni idea de si sería rollo consejos, tutorial… En realidad estaba casi emocionada por descubrir algo nuevo.

El Rubius | No solo Manga

Fernando toma el control del ordenador, se mete en YouTube busca “El Rubius Fornite” y comenzamos a ver un vídeo de unos 45 minutos en el que aparece él en una ventana pequeña arriba a la izquierda jugando a este videojuego y en grande los gráficos del mismo y lo que está sucediendo. Mi sobrino se sienta y se queda mirando fijamente. Yo intento entender el significado de lo que está pasando. Cuando termina el vídeo, un tanto desubicada le pregunto: “¿Y ya está?”. “No, esta partida ha terminado, pero hay vídeos de él jugando al Fornite durante horas”, me contesta con una voz que delata su enorme alegría. “¿Pero lo ves para jugar tú luego?”, le insisto. “No”, me dice como si le hubiese hablado en otro idioma.

Ok. El tema es el siguiente. Mi sobrino ve vídeos de un chico jugando a videojuegos y no para luego aplicar lo aprendido o jugar él también o sacar trucos o cosas así. No, ni mucho menos. Es entonces cuando en mi mente surge la idea perversa de preguntarle el motivo por el que sigue a El Rubius. “Yo qué sé. Pues porque es influencer”, me responde. Y a mí se me queda una cara de imbécil que no puedo disimular.

Hubiese aceptado cualquier otra contestación menos esa. ¿Cómo que “porque es influencer”? En medio de mi desconcierto decido rematar la faena y le digo: “¿Y qué es un influencer?”. Fernando me mira con cara de pocos amigos y me dice: “¿Y yo qué sé? Tengo solo nueve años”. ¡Boom!

He aquí la cuestión. Fernando, con “solo nueve años”, sigue a personas (en su caso El Rubius) que no sabe a qué se dedican, no sabe por qué y tampoco tiene la más mínima intención de planteárselo. Esto último me parece normal dada su corta edad. Pero lo que me inquieta es que yo a su edad seguía con devoción la carrera de Alaska y los Pegamoides.

Bueno, por seguir me refiero a que me pasaba los días escuchando sus canciones porque me gustaba su música. Bingo. ¿Por qué seguía yo a este grupo? Porque me divertían sus melodías, bailaba, cantaba… ¿Veis a dónde quiero llegar? No es que fuese fan suya porque yo quisiese ser cantante, pero me da la sensación de que antes, sabíamos desde pequeños por qué nos gustaban (o no) ciertas cosas.

Entendería que mi primo viese a El Rubius jugar al Fornite si este le diese trucos para pasárselo. Genial. Es como que vería el propósito de malgastar horas y horas de su vida viendo a un chico sentado en su habitación jugando a un videojuego. Pero claro, luego lo pienso más fríamente y me sorprendo con esta cuestión: “¿Acaso no es perder el tiempo ver jugar a Nadal por televisión cuando yo no tengo la más mínima intención de arrastrarme a una pista de tenis?”. ¿Es comparable una cosa con la otra? Si nos ponemos así, Rafa es el mejor jugador español de la historia y El Rubius es el ‘youtuber’ más famoso de España.

El quid de la cuestión radica, en mi opinión, en que los espejos en los que se miran las nuevas generaciones son muy diferentes a los de mi época. Ahora, dichos espejos reflejan personas que exponen sus vidas a través de las redes sociales. Han hecho de sus vidas un negocio. ¿Es eso lo que acabaremos haciendo todos? Quizá el futuro sea pagar con ‘likes’. Nunca se sabe.

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