La especie está en peligro de extinción, y es una pieza muy cotizada por los numerosos cazadores furtivos.

Para evitar su caza, la ley da permiso a las autoridades del parque para disparar, e incluso matar, a los cazadores furtivos.

Kaziranga cuenta con unos 2.400 ejemplares de rinocerontes, dos tercios de la población mundial.

En los últimos tres años, el parque nacional suma 50 muertes de cazadores.

“Primero les dan una advertencia pero si ellos disparan, tenemos que matarlos”, asegura Satyendra Singh, director de la reserva.

Los cazadores anhelan los cuernos del rinoceronte, cuyo valor es más alto que el del oro en países como Vietnam o China.

En estos países, muchos consideran que esa parte del cuerpo del animal tiene propiedades milagrosas, como la capacidad de curar el cáncer o la disfunción eréctil.