Muchas familias mandan a sus hijas solas a sus países de origen

Muchas familias mandan a sus hijas solas a sus países de origen

El riesgo de que practiquen una ablación a una niña aumenta en verano

Vale una cuchilla, una hoja de afeitar, un trozo de vidrio o un cuchillo bien afilado para cortar o extirpar, de forma total o parcial, los órganos genitales femeninos. La sangre corre por las piernas a modo de ritual y se suceden lágrimas, gritos, miedo y movimientos de resistencia.

'Female Circumcisor Lays Down Her Tools'
'Female Circumcisor Lays Down Her Tools' | Antena 3

LOOLA PÉREZ | @DoctoraGlas | Madrid | 16/07/2018

En ocasiones, la zona se entumece con agua fría. Pero no hay rastro de anestesia, a lo que hay que sumar las escasas condiciones de higiene en las que se practica. El escenario tampoco es muy alentador: una habitación convencional, una choza, cualquier lugar que cobije… En la ablación, la huella de la costumbre y de la tradición lo impregnan todo, incluso en algunas comunidades tiene tanto peso como la ley.

Esta herida lleva nombre de mujer. Los datos son escalofriantes y pocos dudan ya de que se trate de un problema global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 200 millones de mujeres y niñas que actualmente están vivas han sufrido la mutilación genital femenina (MGF) en los 30 países de África, Oriente Medio y Asia.

Sabemos que es inaceptable, pero conviene entender el contexto de la MGF para erradicarla

Podemos diferenciar cuatro tipos diferentes de MGF: de tipo 1 o clitoridectomía (donde se realiza una resección parcial o total del clítoris, y en algunos casos, únicamente del prepucio), de tipo 2 o excisión (se corta parcial o total el clítoris y los labios menores, con o sin excisión de los labios mayores), de tipo 3 o infibulación (además de la clitoridectomía, se sella la abertura vagina a través de una sutura) y de tipo 4, el resto de procedimientos lesivos de los genitales femeninos externos sin atender a razones sanitarias.

Los motivos convergen entre lo cultural y lo social, y a su vez, estos se justifican en diferentes creencias: psicosexuales (para controlar la sexualidad femenina, reducir la posibilidad de que las mujeres tengan relaciones extramatrimoniales, asegurar la certeza de la paternidad o como requerimiento para casarse), culturales (como costumbre dentro de la comunidad o como rito de iniciación que marca el paso de niña a mujer).

También, religiosas (en algunas zonas se trata de justificar en el islam y el cristianismo, aunque estas religiones no lo defiendan) o relacionadas con la higiene y la estética (en algunas comunidades los genitales femeninos se consideran sucios y feos). En ocasiones la MGF también aparece ligada a ciertos mitos como el miedo a que los genitales femeninos crezcan hasta alcanzar el tamaño de un pene o que su práctica hace que aumente la fertilidad. En definitiva, no se justifica bajo ninguna razón médica.

Para quien no lo sepa, generalmente es una partera o curandera mayor la que realiza la MGF. Es una figura muy respetada dentro de la comunidad y no suele ser consciente de las consecuencias físicas y psicológicas que implica la MGF. Si acaso la niña logra sobrevivir, ambas le acompañan de por vida.

En lo que respecta a las consecuencias físicas de la ablación, se convierten en crónicas: hemorragias, incontinencia urinaria, fuertes dolores, fístulas o complicaciones en el parto (sangrado, cicatrización, más dolor…).

Asimismo, dadas las malas condiciones de higiene en las que se practica, se pueden contraer infecciones como el tétano, la hepatitis o el SIDA. Psicológicamente el daño también puede ser devastador: rechazo hacia el propio cuerpo, dificultad o imposibilidad del placer sexual, discriminación social o revictimización.

Para dejar de mutilar, hay que establecer un diálogo intercultural con las comunidades que lo practican

Por si cabían dudas, estamos ante un acto que constituye una grave violación de los derechos humanos de las mujeres. Tanto el Consejo de Derechos Humanos de la ONU como el Parlamento Panafricano son tajantes en dicha cuestión.

En España, el Consejo del Poder Judicial dictó la MGF como un tipo de violencia de género. Aunque muchos programas se centran en los países donde la práctica prevalece, aquellos países donde está prohibida, también disponen de protocolos cuando hay menores en riesgo. Justo este es el caso de España.

Según Hodan Sulaman, mediadora intercultural en el aérea de derechos sexuales y reproductivos de Médicos de Mundo, el verano es una época en la que conviene aumentar la prevención.

“Muchas familias mandan a sus hijas solas a sus países de origen, ya que la madre y el padre se quedan trabajando en España. Allí la familia, por desconocimiento de que la mutilación genital femenina conlleva un peligro para la salud y que está prohibida en España, la realizan a las niñas. Para poder evitar que esto ocurra hacemos un trabajo comunitario desde septiembre hasta junio. Lo hacemos con las familias. Es ahí cuando se realiza el taller de vacunas internacionales para que no se nos escape que va viajar una niña y la familia no nos lo quiera decir”, comenta.

Hace 20 años que Hodan Sulaman es activista contra la MGF. Ella sabe de primera mano que aunque haya familias que rechazan la MGF, la presión social, en los países de origen, por otros miembros de la familia y de la comunidad, es muy fuerte. Ante esto, gran parte de su trabajo consiste en sensibilizar e informar a las familias desde un enfoque sociocultural y sanitario. Es necesario hablar de salud y de los peligros de la MGF, pero también hay que desmitificar. Es un trabajo que requiere continuidad, pues como ella misma explica un solo taller puede causar más daño que concienciación.

Asimismo, sus intervenciones se realizan con hombres, pues son quienes tienen la autoridad y última palabra en la familia: “Si la madre dice que no quiere que su hija pase por el rito, ambas son repudiadas. En cambio, con el padre no pasa esto, si dice `no´ siempre se respeta. Además, dado que la MGF se hace para ejercer el control sexual de la mujer y bajo la creencia de que dará mayor placer al hombre, también es necesario trabajar con ellos. Muchos hombres desean una mujer mutilada sin ni siquiera saber cómo es el rito ni las consecuencias graves que tiene para la salud de su mujer e hijas”. Partiendo de esta realidad, la concienciación es la base para evitar que la ablación continúe practicándose.

La reconstrucción genital: una segunda oportunidad

El tabú y el silencio impiden que muchas mujeres que han sido mutiladas conozcan que la cirugía puede permitir una reconstrucción genital. En nuestro país, el Programa de Lucha contra la Mutilación Genital Femenina (MGF) de la Fundación Dr. Iván Mañero ha incluido desde hace unos años la reconstrucción genital para aquellas mujeres que sientan la necesidad de hacerlo y no tengan recursos económicos. Esta intervención les permite recuperar una parte de ellas, mejorar la estética de sus genitales y, en muchos casos, aumentar la calidad de su vida sexual y reproductiva.

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