“Día libre por chequeo” es un proyecto que acaba de comenzar y que propone que cada empresa otorgue, a todos su empleados sin ninguna distinción, una jornada laboral para que acudan al médico.

Es el punto 2 del artículo 196 de la Ley General de la Seguridad Social, pero salvo casos concretos, desconocemos que existe. No es el único, otras también justifican, o no, la obligatoriedad de la visita al médico si perteneces a una empresa.

La interpretación es ambigua. Por un lado, es obligación del empleador garantizar a sus trabajadores un servicio de vigilancia de la salud aunque el artículo aclara que el empleado debe estar de acuerdo.

La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que para fin de año, el número de personas diagnosticadas con cáncer superarán las 270.000, un 12% más que en el 2015. Algunas de las causas están originadas en una mayor exposición a los factores de riesgo, tabaco, obesidad, sedentarismo y no hacer uso de los programas de detección precoz.

La misma semana que se lanzaba esta campaña aparecía una noticia alertando que la cifra de mujeres que mueren como consecuencia de un infarto ha ido en aumento. Los especialistas creen que puede deberse a que también ha ido en aumento el tiempo que transcurre desde que la mujer tiene los primeros síntomas fuertes hasta que pide auxilio.

La media de los casos estudiados revela que existe una diferencia de 20 minutos entre ambos sexos. Los hombres acuden antes a la consulta, mientras que muchas mujeres prefiere terminar lo que están haciendo antes de ir al médico. Ese lapso de tiempo tan breve es determinante.

¿Qué hacen las mujeres antes de ir al hospital? Minimizan el malestar. Asumen, con certeza científica, que es una contractura o el cansancio por dormir poco. En todo caso, si mañana sigue igual, irá al ambulatorio.

Prefieren seguir con la tarea en la que estaban ocupadas. Con muchas, muchísimas probabilidades, de que esas labores sean para otros.

La lavadora, la compra para sus padres, las extraescolares o los nietos. El 33% de las trabajadoras asumen que posponen el chequeo general por cuestiones laborales.

A todos los empleados de la multinacional que lleva adelante esta iniciativa les ha parecido bien. Se han sumaron sin quejas ni protestas. Una de las trabajadoras más antiguas de la empresa cree que todas las mujeres ya han pasado por el médico, pero que los hombres no.

Hace memoria, intenta recordar si alguno de sus compañeros ha faltado los últimos meses pero no logra decir ningún nombre. Si al leer el reportaje crees que esto ocurre en Japón o en algún país de filosofía radicalmente trabajadora, te equivocas. Los hombres postergan la visita al médico, aún a sabiendas de que disponen de un día libre, por miedo a tres aspectos concretos.

El temor a los resultados. Dudan de si estarán preparados para enfrentar algo adverso, por no mencionar la duda paralizante de no saber si el chequeo incluye un estudio de próstata.

El “miedo al médico” está relacionado con las consecuencias que una enfermedad puede traer en lo laboral y familiar y con ciertos estigmas sociales que muchos hombres aún sostienen. Se presenta con mayor frecuencia en hombres de mediana edad y, aunque existen novelas y películas que mencionan el asunto, no suele comentarse socialmente.

Las mujeres se muestran más predispuestas a las revisiones laborales, no sienten miedo, pero son las últimas de la casa en acudir al médico. Las responsabilidades familiares y un temor autoimpuesto a perder el trabajo suelen ser los motivos más utilizados.