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Precariedad a pedales: así es trabajar como bicimensajero

Te contamos cómo es trabajar como bicimensajero en una gran ciudad. Un colectivo que lucha contra la precariedad y se abre paso cada día entre el caótico tráfico urbano.

Un bicimensajero en la ciudad
Un bicimensajero en la ciudad | iStock

DANI CABEZAS | @danicabezas1 | Madrid | Actualizado el 31/07/2018 a las 20:07 horas

Te los cruzas a diario. Llueva o truene. Son esos abnegados repartidores que se desplazan en bicicleta por la ciudad para llevarte la comida, entregar paquetería urgente o transportar prácticamente cualquier objeto que quepa en la voluminosa maleta que llevan a sus espaldas o en la parte frontal de su bicicleta de carga. Son los bicimensajeros, de los que cada vez hay más en las calles de cualquier ciudad española.

Aunque los repartidores en bicicleta llevan lustros surcando las calles de nuestras ciudades, no ha sido hasta hace relativamente poco que su presencia se ha multiplicado, en parte gracias a la popularización de servicios como Glovo, Deliveroo o Uber Eats.

“Llevo algo más de 19 años en este trabajo”, cuenta Iván Lapausa, uno de los más veteranos y emblemáticos bicimensajeros de Madrid, que trabaja en la empresa Trébol. “Y no sabría decirte que es lo que más me gusta: hay demasiadas cosas buenas. ¿Lo que menos? Sobre todo, la precariedad económica y en el asfalto frente a los vehículos a motor”, reconoce.

Para Iván, un día cualquiera consta de un turno de seis horas, durante las cuales recorre unos 65 kilómetros por las calles de la capital. Pero a menudo también trabaja en turnos de ocho horas, en las que fácilmente supera los 90 kilómetros al día. Todo ello, por un sueldo que ronda los 850 euros. “Estando como están las cosas, trabajar en Trébol es una suerte”, apunta.

‘Riders’ sin derechos

Cuando habla de la difícil situación del sector, Iván se refiere a las empresas cuyas bicicletas han invadido las calles. Durante años, Martino trabajó en una de ellas: Deliveroo. “Para trabajar en estas empresas no hay otra forma que darte de alta como autónomo”, explica. “Por ello, te lo pagas absolutamente todo: aparte de la cuota mensual de 270 euros, la bici, su mantenimiento, el móvil, los datos…”

Toda este panorama ha puesto a los trabajadores de estas compañías en pie de guerra. Especialmente después de que, hace unas semanas, Glovo hiciese pública su intención de instaurar el pago de 2 euros por cada factura emitida y así costear un nuevo seguro para sus trabajadores. Lo que viene siendo, literalmente, que la empresa te obligue a pagar por estar asegurado.

A esta situación se suma el revés que Deliveroo el pasado mes de diciembre, cuando la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Valencia, que determinó que sus trabajadores no son en realidad autónomos, sino asalariados. La resolución exigió a la empresa devolver más de 160.000 euros en concepto de cotizaciones no pagadas.

Pese a todo ello, los trabajadores no son optimistas. “El modelo de negocio funciona gracias a la falsa autonomía disfrazada de flexibilidad laboral”, denuncia Martino. “La única alternativa es que contraten a la gente en plantilla con un horario mínimo garantizado y un seguro, en lugar de tener una marea de gente hambrienta de horas de trabajo para cubrir todas las necesidades de la demanda”, apunta.

“Sólo pocos logran aprovechan la flexibilidad de que habla Deliveroo”, concluye Martino. “Para la mayoría es precariedad pura y dura, teniendo en cuenta que el peligro de un accidente está detrás de cada esquina”.

En busca de alternativas

Para luchar contra toda esa precarización, un grupo de bicimensajeros formaron Cleta, una cooperativa en forma de aplicación para el teléfono móvil. Marta Echevarría, una de sus fundadoras, explica lo que les llevó a ello: “Un buen día nos preguntamos por qué seguir trabajando para otros cuando podíamos hacerlo nosotros mismos”.

Para los responsables de Cleta, la diferencia con las grandes empresas es esencial: los clientes que contratan sus servicios apuestan por “la ética y el trabajo bien hecho”, así como por dignificar la propia bicimensajería. Un negocio respetuoso con el medio ambiente y que, por una cuestión de logística y pragmatismo, sólo puede ir a más en las grandes ciudades españolas.

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