El poder sexual de la ortodoncia: así es el Braces Fetish

El poder sexual de la ortodoncia: así es el Braces Fetish

“Me pone ver porno en el que los performers tengan aparato dental”

Metal, goma, texturas complejas y fetichismo médico se mezclan en la apreciación de una estética singular que tiene cada vez más adeptos. Hablamos con personas para las que una ortodoncia puede suponer el atractivo por excelencia.

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ELISA VICTORIA | Madrid | 23/01/2019

No sólo en la pornografía abundan los vídeos que exploran este fetiche, en el propio Youtube podemos encontrar montones de ejemplos audiovisuales que no infringen la censura en ningún sentido, aunque curiosamente muchos tienen restricción de edad, y que son capaces de excitar profundamente a multitud de espectadores.

“Me pone ver porno en el que los performers tengan aparato dental”, comenta Celia, de treinta y tres años, “y me pueden llegar a poner mucho también esos vídeos de gente enseñando al detalle y desde todos los ángulos las piezas que llevan dentro de la boca sin que llegue a haber contenido sexual. Como mínimo me entretiene, me relaja, me interesa y en cierto punto me puedo excitar. No son sólo los materiales, es que me atrae esa parte de ortopedia rara que tiene, y me parece que aporta una ternura que se mezcla con lo sexy y el efecto me encanta.”

“A mí lo que me gusta son los aparatos dentales en directo, en la vida real, claro” explica Manu, de veintiocho años, “pero también me interesa encontrarlos en el porno. Prefiero mil veces un vídeo de sexo en el que la chica lleve ortodoncia a uno donde no esté ese elemento, independientemente del físico, el decorado o lo que estén haciendo, practicando el sexo más convencional incluso, no necesito que se centren mucho en eso tampoco. Aunque bueno, las eyaculaciones sobre brackets me pueden, eso sí. Las busco mucho.”

A Celia también le interesa ese aspecto concreto: “Las felaciones con ortodoncia me pirran, el metal babeado, las gomas estiradas, la postura complicada de la boca, me gusta muchísimo. Yo llevé aparatos entre los quince y los dieciocho años y durante ese periodo al principio los odié pero luego me llegaron a parecer muy monos, lo que pasa es que no encontré ninguna pareja con la que compartir ese gusto, todo el mundo lo encontraba entonces como algo horrible, como una desgracia que ojalá se pasara pronto, siempre dándome ánimos en plan ya queda menos cuando a mí me gustaban.”

Por suerte, le quedaba un as en la manga: “Cuando me los quitaron los eché de menos de una forma muy íntima y personal porque nadie me comprendía, pero me quedaron unos de quita y pon también muy bonitos a los que sí les pude dar el uso con el que yo había fantaseado. Al ser mayor conocí gente más abierta y pude experimentar como yo quería. He tenido relaciones con chicos y con chicas con mi aparato de quita y pon, que aún me dura, y también me he liado con gente que llevaba su propio aparato, que los dos a la vez ya es la bomba".

"Algunos de ellos estaban muy acomplejados y se quejaban deseando que se lo quitaran ya, y creo que después de estar conmigo tuvieron una visión diferente. Eso me gusta, poder hacer que alguien se sienta mejor con algo que de entrada les acomplejaba. Me flipa pasar la lengua por encima de los brackets, por ejemplo, y eso para algunos fue muy sorprendente”.

Paula, enfermera de treinta y cuatro años, nos da más detalles sobre el tema: “Yo tengo la suerte de dedicarme a algo que me gusta en muchos aspectos, y uno de ellos es el estético. Cuando trabajo no pienso en esas cosas, pero es verdad que me gusta pasar tanto tiempo rodeada de objetos que me estimulan. Los brackets forman parte de ese imaginario tan Cronenberg que me fascina desde la adolescencia, pienso que favorecen tanto los metálicos que se ven mucho como los que materiales que tratan de ser invisibles precisamente porque no lo consiguen y se notan un montón. Una sonrisa con brackets, una boca abierta mientras el dentista trabaja, una inspección con guantes de látex, las gomitas que crean un efecto tan artificioso, todo eso lo encuentro bonito de verdad y suelo ver mucho porno que incluye elementos de este tipo.”

“Tuve un novio que se planteaba ponerse ortodoncia aunque no le hacía gracia la idea de pasar por todo ese proceso que puede llegar a ser tan molesto,” recuerda Paula, “y yo no presionaba pero en mi fuero interno deseaba que ocurriera. Me dejaba llevar tanto por la fantasía que llegaba a sentir tristeza ante la idea del día en que se lo quitaran. No se la llegó a poner".

"Y tuve un jefe que me gustaba mucho porque llevaba una de estas ortodoncias clásicas, muy aparatosas. Si lo pienso desde ahora yo creo que me gustaba sólo por eso. Siempre me fijo en la gente con aparato dental de entrada. Con algunos me he querido liar sólo por eso, por poder observar los brackets desde cerca, tocarlos, besarlos, que te chupen y asomen los brackets metálicos es brutal”.

Paula, verdadera aficionada a este tipo de fetichismo, se indigna ante la presión estética que padecen a menudo las personas con aparato dental: “Entiendo que pueda suponer una molestia física que no agrade, pero me da mucha pena y mucha rabia cuando veo que la gente a veces lleva bien el dolor mientras lo que más atormenta es la cuestión estética, cuando puede enfocarse de forma tan positiva".

"El problema no son los brackets, es no rodearse del entorno adecuado, aunque claro, a veces el entorno no se puede elegir al cien por cien. Si alguien lee esto y siente que su ortodoncia es fea o se lo han dicho alguna vez, que se le quite de la cabeza, que sepa que a un montón de gente le encanta porque es interesante, bella, valiosa y única en cada caso. Y los que ya lo sepan, que disfruten sin pudor, que es algo muy cotizado y no hace daño a nadie”.

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