Luis lleva más de quince años trabajando en una agencia de viajes de Móstoles, además es profesor tutor en CESAE, una business school de turismo. Por la puerta de su negocio ha visto pasar las modas y las tendencias, pero también la crisis y los sueños.

Porque los viajes son un lujo, pero necesario, y ante una decisión así sigue siendo necesario recurrir al consejo de un especialista que te ayude a encontrar los mejores precios y que te aconseje qué hotel no te decepcionará, para que no te den gato por liebre.

Los agentes de viaje son personas en las que confiar, son entre un psicólogo y el Pepito Grillo de una red social. Llegas a su despacho, te sientas y le empiezas a contar con qué sueñas. “Siempre quise ver el Cañón del Colorado…”.

Él te dirá si te lo puedes permitir y qué tal les fue a otros clientes la última vez que contrataron ese viaje. Sin embargo, las tipologías de clientes han cambiado mucho en los últimos tiempos.

El amor por las series es directamente proporcional a las lagunas geográficas

Hasta hace una década era muy común que los españoles hiciéramos escapadas para ver el Thamesis, comprar algo en Portobello y tomar algo por Candem. “Ahora es muy común que contraten viajes a Londres, pero no para ver Londres, sino para ir a los estudios de Harry Potter de la Warner Bros”.

Hay un tipo de viajero al que podríamos llamar “millennials peliculeros”, que según Luis están influenciados por el cine y las series. Planean viajes imposibles o pintorescos, influenciados por lo que han visto en la pantalla.

Viajar a Albuquerque se puso de moda cuando Breaking Bad gozaba de su época de mayor fama, pese a ser una ciudad anodina sin ningún encanto. Por suerte ahora lo que está de moda es ir a Cáceres, que para estos clientes es el sitio donde se rodó un capítulo de Juego de Tronos.

Hay cierto desconocimiento geográfico, y cuando acuden a la agencia se detectan lagunas del sistema educativo porque, como dice Luis, hay quien incluso no tiene muy claro qué son las islas Canarias. “Me hablan de Canarias como si fuera un destino único, como si no fueran varias islas entre las que hubiera que decantarse, y cuando les pregunto a qué isla quieren ir se constata: a Canarias”, explica Luis.

Lo mismo sucede con algunos lugares del planeta, que suenan a destinos abarcables por falta de conocimiento geográfico. “Quieren ir a Florencia un par de días, pero no para ver la ciudad, sino para recorrer la Toscana”. Esto es como si quisieras recorrer en un mismo fin de semana Galicia y Asturias.

Familias sofisticadas

Pero donde se mide la pericia del agente de viajes es en cuadrar vuelos y en conseguir servicios especiales. “Tenemos una familia que hace viajes a Asia: Hong Kong, Bali, Singapur... Buscan expresamente aeropuertos con zonas recreativas para niños para que estén entretenidos durante las escalas. En esa parte del mundo hay auténticas maravillas del ocio turístico".

"Los hay incluso con piscina cubierta. Organizar este tipo de viajes puede ser agotador, porque obliga a cuadrar horarios, destinos, hoteles... Son clientes que se mueven mucho por Internet, pero que al final necesitan de nuestro asesoramiento para montar esas combinaciones”, explica Luis.

Las nuevas “chicas de oro”

Las mujeres septuagenarias que viajan en pandilla es una tipología de viajero que nunca decaerá. Suelen ser viudas, y se ven con la suficiente salud y ganas de diversión como para agarrar la maleta y buscar emociones fuera de casa. Y ligar, sí. Benidorm sigue siendo su destino predilecto, y todo lo que huela a conocer gente nueva y pasarlo bien les motiva.

“A los agentes de viajes, una vez adquieren cierta confianza con nosotros, estas mujeres liberadas nos cuentan muchas intimidades. Por ejemplo, a la mayoría no les gusta que sus parejas sexuales tomen viagra, porque así duran más. Es decir, ellas quieren que ellos acaben pronto”, confiesa Luis.

Esto confirma nuestra intuición inicial de que al agente de viajes le cuentas cosas que jamás podrías decirle a la caja de un buscador online, más cercanas a la confesión o al análisis de la personalidad que a la búsqueda impersonal de vacaciones.

“Este grupo o no tiene nietos o estos ya han crecido lo suficiente. Sí que hay algunas preocupadas por cuidar a sus madres. Sí: ¡A sus madres! (madres centenarias, claro). Sociológicamente, es un fenómeno inquietante: ancianas hipermaquilladas, experimentando una especie de adolescencia postmoderna, que viajan en pandilla a la playa para conocer señores y lo que surja”, comenta Luis.