EN UNA TIERRA HOSTIL

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Palestinian Animal League: conocemos a la organización palestina de defensa de los animales

¿Es posible vivir en una zona de conflicto y preocuparse por los animales? Sí. Así lo demuestran los miembros del PAL (Palestinian Animal League), una organización dedicada a defender sus derechos en un lugar en el que parecen condenados al olvido y el maltrato.

Preocuparse por los animales en tierra hostil
Preocuparse por los animales en tierra hostil | Palestinian Animal League

DANI CABEZAS | @danicabezas1 | Madrid | 04/09/2017

Ahmad Safi vive en Birzeit, una pequeña localidad palestina situada a apenas 10 kilómetros de Ramala. Una región castigada por la ocupación militar israelí, la violencia constante y la restricción de la libertad de movimientos. Un lugar en el que, desde hace décadas, la tensión parece estar siempre a punto de estallar.

En ese contexto, cabría pensar que los animales ocupan el último lugar en la lista de preocupaciones de la gente. Y sin embargo, Ahmad y un nutrido grupo de activistas palestinos, la mayoría nacidos y criados en campos de refugiados, están convencidos de lo contrario: de que existe una relación directa entre la violencia que ejercen unas personas sobre otras y la que infligimos a los animales.

Y de que es fundamental defender a éstos últimos para concienciar, también, en materia de derechos humanos. Es por ello que en 2011 fundó Palestinian Animal League (PAL), la única organización palestina de defensa animal.

“La violencia se ejerce siempre hacia los eslabone más débiles”, cuenta Ahmad a Tribus Ocultas. “A menudo, los animales sufren las consecuencias de la frustración que sienten niños y adultos”. Fue precisamente la visión de un niño lanzando piedras a un gato lo que llevó a Ahmad a la fundación del PAL. “Le pregunté que por qué hacía eso”, recuerda. “Me contestó que los israelíes habían entrado a su casa la noche anterior y se habían llevado a su hermano”.

“Vi a un niño lanzando piedras a un gato. Le pregunté por qué lo hacía, y me contestó que los israelíes se habían llevado a su hermano”

El trabajo del PAL abarca desde cuidados veterinarios a animales necesitados a actividades de sensibilización en las comunidades y colegios locales, así como programas de promoción de la alimentación vegetariana y vegana. Además, asesoran a adultos para que entiendan que tratar bien a sus animales de trabajo también redunda en su propio beneficio. Éste último aspecto se ha plasmado en el documento Sharing the loads (Compartiendo las cargas), un manual que, en opinión de Ahmad, “podría servir para todo el mundo árabe”.

Pero además de ejercer una labor de concienciación, PAL es una respuesta a la inacción por parte de las autoridades en materia de defensa de los animales. “Los gatos y perros callejeros reciben el peor trato imaginable: son disparados y envenenados para que no molesten. No existen apenas refugios, por lo que si existe alguien con empatía que quiera ayudarlos no tiene dónde llevarlos”, denuncia Ahmad.

“Los gatos y perros callejeros reciben el peor trato imaginable: son disparados y envenenados para que no molesten”

Además de a esas dificultades, los miembros del PAL se enfrentan a la incomprensión de la mayoría de sus conciudadanos. “Muchos ven nuestro trabajo como algo inútil: estamos sufriendo el apartheid de Israel, con un muro que está aislando a la gente. Carecemos de derechos humanos fundamentales, y sin embargo un grupo de personas nos preocupamos por los animales. Pero el PAL es interseccional: cada persona que trabaja por los derechos de los animales tiene una familia más grande y unida. Al buscar el bienestar animal, uno aprende a trabajar en equipo junto a otros para lograr un objetivo común”.

Sin fronteras

En los últimos tiempos, el PAL ha concentrado buena parte de sus esfuerzos en internacionalizar su mensaje. Es por ello por lo que cuentan con representantes en tres países: Polonia, Italia y España. A este lado del Mediterráneo, su voz es Frasco Fernández, un joven activista por los derechos de los animales que colabora de manera altruista para el colectivo.

“A principios de 2016 estaba preparando un viaje a Oriente Medio”, recuerda Fran. Había contactado con activistas veganos jordanos y me interesaba dar visibilidad

a estas personas para romper con la islamofobia y el eurocentrismo que hay dentro del movimiento por los derechos de los animales. Tras leer una entrevista a Ahmad en el blog El Caballo de Nietzsche, decidí cambiar de planes”.

Un niño palestino con un perro | Palestinian Animal League

“Es necesario que abramos nuestras miras y entendamos otras realidades tan válidas como la nuestra”

Aquel viaje cambió la vida de Fran, y también su manera de entender el activismo. “Es necesario que abramos nuestras miras y entendamos otras realidades tan válidas como la nuestra”, reflexiona. “Desde que estoy en el movimiento por los derechos de los animales he dado con pocas personas en Europa que no tengan la mayoría de sus necesidades cubiertas”.

Y es que, en opinión de Fran, “a veces se dan ciertos tintes de elitismo y clasismo entre algunas de las figuras más públicas del movimiento. En mi opinión, el cambio debe venir desde abajo, siempre. Por muy bien que escribas o por muchos seguidores que tengas, a quien debemos escuchar es a quien sufre una discriminación y agresiones constantes. Porque son ellos quienes tiene más probabilidades de sembrar las bases de una sociedad más justa.”.

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