ELI PARISER ACUÑÓ EL TÉRMINO BURBUJA DE FILTROS

ELI PARISER ACUÑÓ EL TÉRMINO BURBUJA DE FILTROS

Me llamo Gema y Facebook cree que soy un constructor

Hace algo más de un año, di el ‘me gusta’ que más caro me ha salido en Facebook. Todo se remonta a un feliz día en el que comencé a seguir algunas páginas de varios medios norteamericanos con eso de mantenerme al día de lo que ocurre más allá de nuestra querida Europa.

ELI PARISER ACUÑÓ EL TÉRMINO BURBUJA DE FILTROS
ELI PARISER ACUÑÓ EL TÉRMINO BURBUJA DE FILTROS | ELI PARISER

GEMA VALENCIA | @gemabunda | Madrid | Actualizado el 31/07/2018 a las 20:24 horas

Al tiempo, me comenzaron a aparecer vídeos sobre construcciones y cosas del tipo ‘How it’s made’: cómo se hacen, no sé, guantes de látex, pelotas de tenis; cómo plantan césped como si estuvieran instalando moqueta…

En fin, una cantidad de cosas que no me interesan, pero que cuando las veo, sale la voyeur que llevo dentro y no puedo evitar seguir mirando. Hasta que un día se me escapó un ‘me gusta’, y ya mi muro de Facebook nunca ha vuelto a ser el mismo. ¿Qué había pasado?

Es lo que se conoce como burbuja de filtros, y no es fácil salir de ahí. Todas las aplicaciones que usamos, incluido Google, redes sociales y otras plataformas como Netflix o Amazon, usan algoritmos que vamos “educando” con nuestras interacciones.

La intención es irnos ofreciendo resultados y recomendaciones cada vez más personalizadas y que respondan a nuestros intereses. O en definitiva, lo que una máquina decide que nos interesa.

Habitualmente todos tenemos una burbuja de filtros. O varias. Solemos estar confortables y cómodos en ellas. Cómo no: nos muestran cosas totalmente elegidas para nosotros. Probablemente si tú y yo hacemos una búsqueda en Google del mismo término, los resultados que nos aparezcan sean diferentes. El Internet que tú ves es muy diferente al mío.

Las burbujas de filtros son ese tipo de cosas que no sabes que están ahí hasta que las echas en falta. Por ejemplo, cuando se te empiezan a colar comentarios ‘hater’ en determinada publicación; hasta ahora habías vivido en una pompa de aceptación digital. A mi cada vez me aparecen menos cosas con las que no estoy de acuerdo.

O puede que te percates de su presencia en algún momento en el seas consciente de todo lo que te estás perdiendo sin darte cuenta. A mí, no me interesan los vídeos en los que explican nuevas técnicas para soldar metales, pero ¿y si hay otras cosas que sí me importan pero que se muestran ausentes en mi muro de Facebook?

Cada cosa que ves en Netflix, en Google o en Facebook se debe a acciones que llevaste a cabo en el pasado en estas plataformas. En base a eso, se selecciona lo que nos aparecerá en el futuro. Esto quiere decir que cada vez que hagamos una búsqueda, será menos probable, por ejemplo, que encontremos información que ponga en duda o simplemente amplíe nuestra visión del mundo.

O dicho en otro modo: en el mundo online, vivimos en bucles del pasado. Los algoritmos nos ocultan todo aquello que creen que está fuera de nuestro interés. Así se va alimentando la burbuja de filtros; en nuestras búsquedas o interacciones vamos cribando información y van quedando muchas cosas fueras. Como consecuencia, al final lo que se nos ocultan son perspectivas y visiones del mundo, algo que nos impide ampliar nuestros horizontes.

El resultado de la web personalizada es que la información que se nos presenta favorece que reforcemos nuestras posiciones e ideologías, acomodándonos en el inmovilismo. De todo esto hablaba en 2011 Eli Pariser y advertía de los peligros de las burbujas de filtros. Años después, y fuera de todo pronóstico, teníamos el Brexit, y más tarde, la victoria de Donald Trump es Estados Unidos.

En un medio británico reflexionaban: “como resultado de la votación de Reino Unido para abandonar la UE y la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, muchos de los que esperaban que los resultados fueran a la inversa quedaron conmocionados. ¿Cómo podía suceder esto cuando casi todos los que conocían habían apoyado al otro lado?”

Creíamos que con Internet tendríamos acceso a todo, que obtendríamos una visión representativa del mundo, pero no ha acabado siendo así: solo tenemos acceso a un universo personalizado para cada uno de nosotros.

Lo peor de todo es que pinchar nuestra burbuja de filtros no es sencillo. Puedes tratar de controlar aquello sobre lo que haces clic o lo que buscas en redes sociales, pero a la larga resulta absurdo. Sin embargo, puedes seguir una serie de consejos para tratar de escapar, pero aún así, no es un camino fácil.

Mientras me regodeo en los vídeos que aparecen en mi ‘feed’ de Facebook y que no me interesan nada, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué parte del mundo está pasando desapercibida ante nuestros ojos?; ¿qué me estaré perdiendo por no poder salir de mis bucles del pasado? Y sobre todo: ¿qué papel tienen las burbujas de filtros en el auge de posturas extremistas?

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