ASESINOS Y FANTASMAS 3D

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Es Halloween: Te voy a contar algunas de las experiencias de terror real

Halloween es una fecha idónea para sentarse alrededor del fuego y contar historias de miedo, solo que estas historias no están escritas por Poe o Stephen King, sino por amigos que me han relatado algunas de sus situaciones de terror real favoritas.

Una calabaza en una fiesta de Halloween
Una calabaza en una fiesta de Halloween | Reuters

PEDRO MATEO | @pedromateo2011 | Madrid | 30/10/2018

No es de noche, ni estamos en el campo rodeados de boy-scouts y al calor de una hoguera. Cambia el escenario pero no lo que hemos venido a hacer hasta aquí, contar historias de miedo. Cualquier excusa es buena, pero la de hoy es probablemente la mejor de todas: Halloween.

Esta vez esas historias no son cuentos de terror sino historias reales. Iba a contar varias, quizá una por párrafo, pero hay dos que me han alucinado por encima del resto, así que he preferido ir al grano y dedicar todo el artículo a esas dos. Dos historias a la altura de, como decía antes, Poe o Stephen King, pero con una diferencia, estas todavía no han sido escritas.

1. La historia del pastor y el coche

El amigo del amigo del protagonista de esta historia me la contó hace mucho tiempo y nunca he podido olvidarla. Una historia que tiene que ver con un pastor que pastoreaba su rebaño de ovejas por los campos de La Mancha. De repente, este pastor vio un coche parado entre unos árboles. La vegetación lo cubría casi por completo y lo vio casi por casualidad. La curiosidad del pastor y la de cualquiera de nosotros lo llevó a acercarse a aquel misterioso coche. Cuando llegó, vio a través del cristal a un hombre aparentemente dormido sobre el asiento del conductor.

De pronto, ese hombre abrió los ojos y los clavó en los ojos del pastor, quien no supo cómo reaccionar. En apenas una milésima de segundo, ese hombre salió del coche y se plantó frente al pastor. Ambos se observaron durante un instante. Los ojos de ese hombre, hinchados de horror y sangre, asustaron al pastor, quien se asustó todavía más al ver a ese hombre blandir un enorme y afilado cuchillo con el que le asestó un primer y fallido intento que el pastor esquivó casi inexplicablemente.

El pastor obviamente echó a correr y su asesino hizo lo propio. Ambos atravesaron a toda velocidad esa muchedumbre de ovejas. El pastor miraba hacia atrás devorado por el miedo, y su asesino, a apenas un par de metros atrás, acuchillaba una y otra vez los 2 ó 3 metros que los separaban de la muerte. En una de esas, el pastor se tiró en picado por una especie de terraplén que conocía, un tobogán de tierra que lo condujo varios metros contra el suelo. Al incorporarse, éste miró hacia arriba, y ahí parado, en lo alto, y a contra luz, vio por última vez la silueta de su asesino. Fue la última vez que se vieron y nunca nadie supo nada más de él.

2. El álbum de fotos familiar

La segunda historia me la contó una amiga. Una historia tan breve como intensa. Un día, la cuñada de mi amiga estaba haciendo algo que, gracias o por culpa de la era digital, está en peligro de extinción, mirar álbumes de fotos. Este álbum en concreto lo cogió de la casa de sus abuelos. Una casa grande, vieja y abandonada, ya que sus abuelos ya habían muerto hacía unos años. Mientras la limpiaban y vaciaban encontró un montón de álbumes de fotos, uno de ellos justo el que sostenía entre sus manos.

De repente, su hija de apenas dos años, que estaba sentada sobre su regazo, reconoció a su bisabuelo y propietario de esa casa, a quien jamás había visto más allá de ese primer contacto fotográfico. En cuanto lo vio empezó a gritar llena de entusiasmo el nombre de Pepe. Su madre, sorprendida, le dijo: “¿cómo que Pepe?, si tú no conociste al bisabuelo Juan y es la primera vez que ves esta foto”. Pero la niña insistía: “¡Es Pepe, pepe!” Y su madre insistía todavía más: “Que tu bisabuelo se llamaba Juan no Pepe, ¿quién es Pepe?”.

Parece ser que Pepe era el amigo imaginario de la niña. Un señor supuestamente idéntico a su bisabuelo y quien parece ser se le aparecía algunas noches en su dormitorio. Pasó el tiempo y la niña dejó de hablar de Pepe. Es una niña, no hay que darle mucha importancia, los niños se inventan muchas cosas. Esto es lo que pensó o quiso pensar la madre. Pero no hay que olvidar eso que dicen de que 'los niños y los borrachos siempre dicen la verdad'.

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