Hace unos días se lió una muy gorda gracias al cartel que la ilustradora Sandra Carcasona, auspiciada por el Ayuntamiento de Barcelona, hizo para las fiestas de Carnaval del distrito barcelonés de Nou Barris. Si la cosa no hubiera ido más allá de unos cuantos retuits el hecho no habría trascendido. El problema, según para quiénes, es que el impacto del cartel superó todas las expectativas y se convirtió en un fenómeno viral.

En un presente en el que la derecha y la ultraderecha vuelven a ser las protagonistas de la vida social y política, que alguien se tome la libertad de reírse de una de sus vacas sagradas, ha sentado como un jarro de agua fría a todos estos líderes y acólitos. Como ya sabemos, la falta de sentido de humor es una constante en la política en general y en la derecha y ultra-derecha en particular.

En el cartel vemos a Francisco Franco muy maquillado y vestido como si fuera una vedette. Las plumas y el color rosa preponderan por encima del resto de detalles. Para unos, un cartel divertido y mordaz, para otros, un cartel directamente censurable, y más si tenemos en cuenta cómo está el patio últimamente, no sólo con la derecha y la ultraderecha, sino también con todo lo que está generando la exhumación del cadáver del dictador.

La polémica del cartel se ha multiplicado por 1000 tras el TUIT de Ada Colau: "Cómo mola el cartel del carnaval de Nou Barris: la la lara la. La la rala. Sólo puedo y debo decirrrrr. Gracias por venirrrrr! Que guapa La Paca".

Y si seguimos hablando de políticos y censura, o mejor dicho, de leyes y prohibición, hay que recordarle a la ciudadanía que si por un momento se os pasado por la cabeza disfrazaros de Policía Nacional, Policía Municipal, Guardia Civil o Bombero, que sepáis que nuestro Código Penal os tiene reservadas penas de hasta 3 años de prisión.

Según el Código Penal no podemos ejercer: “actos propios de una autoridad o funcionario público”. Sucederá exactamente lo mismo si se os ocurre pasearos por un centro de salud o un hospital disfrazados de personal sanitario.

Es comprensible, si no, uno podría sacarse un dinero extra poniendo multas, incautando sustancias para consumo propio o divertirse un rato en la puerta de Urgencias haciéndose pasar por el Dr. Clooney de turno. Todo suena algo descabellado, lo sé, pero ya sabemos qué puede llegar a pasar si mezclamos Carnaval y drogas.

Aun así hay una posibilidad, ya que mientras esos uniformes, trajes o insignias no sean exactos a los reglamentarios, es decir, no tengan carácter oficial, parece ser que es legal y por lo tanto ponible, siempre y cuando no vayan acompañados por armas de fuego, aunque sean réplicas.

Y si seguimos hablando de hospitales y personal sanitario, aunque no está castigado por el código penal sí por el código moral de una población cada vez más concienciada con el feminismo y con la situación de la mujer en la actualidad.

Hasta hace unos años el disfraz de enfermera sexy era uno de los más socorridos en estas fechas, pero la sexualización sistemática de este colectivo ha provocado más de una polémica.

El propio SATSE (Sindicato de Enfermería) ha denunciado en más de una ocasión a los establecimientos que venden estos disfraces, que no hacen sino: “vendernos una imagen denigrante y vergonzosa de la Enfermería y de la mujer”.

Las denuncias han surtido efecto. De hecho, hace unos días Carrefour retiró de su stock los disfraces de enfermera sexy. Así que las minifaldas, escotes, tacones e inyecciones, empiezan a tener las horas contadas y con el tiempo puede que este cosplay quede relegado al ámbito privado de las fantasías sexuales de nuestra intimidad y al cine porno.