El porno ha hecho mucho daño al orgasmo femenino

El porno ha hecho mucho daño al orgasmo femenino

No, la eyaculación femenina no es tan común, no flipéis

Puede que Irina69 presuma en el chat de YouPorn de que cuando llega al clímax, de su vagina parece salir un géiser que ni los de Islandia, pero la vida real es otra cosa muy distinta.

MARÍA JIMÉNEZ | @tribusocultas | Madrid | 21/11/2018

Me niego a seguir callada por más tiempo. Soy la primera que consume porno, y seguiré haciéndolo, pero hay algo que no puedo soportar de muchos de los vídeos erótico festivos sexuales de los que disfruto a menudo. No, amigos, las mujeres no tenemos una fuente en la vagina de la que sale un tremendo chorro de fluidos cada vez que nuestro amante bandido ha conseguido dar en la tecla adecuada.

Por si alguien aún no sabe de lo que estoy hablando (aunque lo dudo), el término al que me estoy refiriendo es el squirting. La palabra inglesa con la que denominamos a nivel mundial a la eyaculación femenina. ¿Mito o realidad? Está claro que haberlas haylas, más que nada porque la medicina y la ciencia corroboran su existencia. Según los expertos, la eyaculación femenina es la expulsión de fluidos asociado al orgasmo. Para ser más precisos, es una pérdida de líquido de las glándulas parauretrales, o glándulas de skene, también conocida como la próstata femenina. Ajá.

Lo realmente interesante llega cuando vamos un paso más allá y los especialistas en la materia aportan cifras. De todos los líquidos que una mujer puede perder durante el coito, solo el 20% corresponde a una eyaculación propiamente dicha.

El resto de las veces lo que ocurre tiene más que ver con un fenómeno llamado incontinencia coital. En este caso, la mujer pierde un poco de orina debido al efecto de la penetración o también puede que se deba a una contracción muy fuerte de la vejiga que ocasiona el mismo resultado.

Es decir, lo que ves en la sección de squirting de tu página de porno preferida, querido amigo, no es real. O por lo menos no cómo te lo cuentan. Y ahora es cuando muchos dirán que digo esto porque a mí no me pasa. Pues no, no me pasa.

En mi vida he eyaculado y no tengo ningún problema en afirmarlo. No creo que sea ni bueno ni malo, simplemente no lo hago (aunque es imposible controlarlo). Lo que sí me molesta enormemente es que haya sido testigo de conversaciones en las que varios hombres aseguran haber presenciado auténticas cascadas de squirting durante sus relaciones sexuales. Venga, bah, contadme otra.

Esto es como si yo digo que todos los penes que he visto en mi vida han sido descomunales. Mentira cochina, y nunca mejor dicho. El problema está, desde mi humilde punto de vista, en que los hombres intentan poner un peso sobre nosotras que no nos corresponde. Me explicaré mejor.

En más de una ocasión, algún amigo me ha preguntado que si yo hacía tal o cual cosa en la cama. Si mi respuesta era afirmativa, todo bien. Sin embargo, si mi contestación era un no, su tono de sorpresa e incluso de reprimenda se abalanzaba sobre mí. Y he aquí el punto al que quiero llegar.

Si yo no tiro litro y medio de fluidos por la uretra no me pasa nada malo. Si no puedo llegar con los tobillos a las orejas y dejar que me penetren dos maromos a la vez mientras luzco unos tacones de diez centímetros y gimo de placer, repito, no me pasa nada.

Sexo y placer | Pexels

El porno muestra a mujeres que son de todo menos reales. Se doblan como si fuesen de plastilina, tienen pechos turgentes, cero estrías, están lubricadas al segundo y medio de ser azotadas por un hombre que no deja de repetirles que han sido malas, gimen con ritmo y salero a la vez que se muerden los labios y piden que les den lo suyo (siempre me ha encantado esta expresión) y ya, para rematar, son capaces de eyacular dos litros de fluidos como si tal cosa.

Que la maquinaria del cine erótico muestre este no me preocupa. Lo realmente peligroso es que haya hombres que lo compren y mujeres que se sientan mal por no conseguir follar con sus parejas (estables o esporádicas) como si estuviesen en una película porno.

Sin embargo, lo cierto es que nosotras, no sé si por más inteligentes o por más realistas, no compramos el argumento. Y como no lo hacemos no le decimos a nuestras parejas sexuales cómo o que deben hacer. Jamás en mi vida le he dicho a un hombre que me haga un cunnilingus, por ejemplo. Si le gusta, adelante, si no le gusta y no lo hace, ya me buscaré yo la vida. ¿Me explico?

Las mujeres también vemos en el porno que los hombres nunca se cansan, que tienen unas erecciones descomunales, que sus eyaculaciones son generosas, que se les marcan los abdominales… Claro, amigos, pero es que son actores y no es la vida real.

Así que si yo no le digo a Manolo que es un flojeras porque no me aguanta ni medio minuto en la posición del misionero porque está cansado de haber ido a la compra, que él tampoco me diga a mí que es que no eyaculo. ¿Entendido?

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