EL COMPLEJO SE SUELE LLEVAR EN SILENCIO

EL COMPLEJO SE SUELE LLEVAR EN SILENCIO

El estricto canon de la vulva perfecta: hablamos con chicas que se han sentido acomplejadas por no cumplirlo

“Ninguna mujer es fea por donde mea”, reza el dicho. Dejando aparte lo repugnante a montones de niveles de semejante refrán, ni siquiera es cierto. La realidad es aún peor. Una chica puede ser considerada un pequeño monstruo por la estética de sus genitales y generar en sus amantes un rechazo visceral. Las vulvas son sometidas a un juicio estético tan cruel que envuelve de una vergüenza devastadora a quienes no cumplen con el canon. Incluso hablar de ello se hace difícil.

"Ninguna mujer es fea por donde mea", reza el dicho
"Ninguna mujer es fea por donde mea", reza el dicho | The Vulva Gallery

ELISA VICTORIA | Madrid | Actualizado el 31/07/2018 a las 19:59 horas

Todo el mundo sabe que los penes sufren una dictadura morfológica, estricta y cruel, que estresa y acompleja o endiosa de manera arbitraria el cuerpo masculino. Ese tema, complicado, injusto e indignante, se aborda en múltiples ámbitos públicos y privados de la vida. Al menos se debate, se habla. En definitiva, se saca. Y no es cuestión de restar importancia a las críticas a las que se expone todo miembro viril, pero el asunto de las vulvas se lleva con tal pudor que rara vez sale a relucir.

Si echamos un vistazo a The Vulva Gallery, cuenta de Instagram dedicada a celebrar la diversidad de la belleza de la entrepierna femenina, tal vez no nos llame tanto la atención la cantidad de variables que puede adoptar el cuerpo humano como los terribles testimonios que acompañan cada ilustración. Estas historias reales de autoaceptación están plagadas de vergüenza, desconcierto, trauma y tristeza. Y no hablar del tema no hace más que empeorar las cosas. Compartir vivencias y diferencias es esencial.

Desde los dibujos del libro de Conocimiento del Medio a la consulta del doctor, pasando por innumerables amantes desconsiderados, millones de mujeres alrededor del mundo se han visto atormentadas por no encajar en un modelo imperante. Raquel tenía dieciocho años cuando sus temores se vieron confirmados.

“Me gustaba un chico con el que solía chatear y un día la conversación se empezó a poner un poco erótica. En menos de cinco minutos él me hizo saber que esperaba que mis labios menores no sobresalieran por fuera de los mayores porque le daba asco sólo de pensarlo. Lo soltó como si nada.”

Raquel encajaba con la descripción que el chico había dado y nunca antes había pensado que pudiera causar un rechazo tan radical. Se disgustó mucho aquel día, el comentario afectó bastante a su autoestima pero pensó que tampoco podía hundirse por una sola persona impertinente que encontrara en el camino.

Pronto descubrió que aquella sería la tónica general de sus encuentros sexuales: “Al final fui yo la que le cogió asco al momento de quitarme las bragas. Malas caras, preguntas raras sobre si tenía algún problema, no querían ni tocarme ni chuparme ni nada, como si fuera asqueroso. Soy consciente de que el problema nunca ha sido mío, pero tantas respuestas negativas te acaban acomplejando.”

“Al entrar en la pubertad me miraba con un espejito por curiosidad, lo normal, y me empecé a preocupar bastante por la forma en que me estaba desarrollando”, cuenta Sara, “sabía que en general no iba a gustar. Mi vulva era diferente a la de mi hermana e incluso ella me hizo sentir rara por eso".

"Me aconsejó que ahorrara para hacerme una reducción de labios, una operación quirúrgica por algo que a mí no me parecía un problema y que en realidad no lo era. Pero me decía que me iba a ir mejor, y en eso tenía razón. Por suerte también acabé encontrando personas más abiertas y sensibles, pero no fue fácil, y me sigo sintiendo muy imperfecta”.

Para Mónica el momento de quitarse las bragas también se convirtió en algo traumático: “todas mis parejas esperaban una especie de genitales infantiles, rosados, diminutos y sin un solo pelo, que están muy bien; pero hay muchas más posibilidades. No me depilo del todo porque me resulta incómodo, tengo el clítoris prominente, los labios menores salidos, oscuros y además uno es más grande que otro".

"Yo he intentado ser cariñosa y considerada con todos y a cambio he recibido comentarios tan humillantes que ni siquiera los quiero reproducir, pero ha afectado muchísimo a mi capacidad para disfrutar del sexo. A estas alturas lo aviso con mucha antelación por si acaso. Estoy harta de caras de susto y de asco.”

La pornografía, tan denostada por algunos sectores, en muchos casos ha tenido el efecto contrario: “Todo el mundo habla mal de los estereotipos del porno pero al menos ahí yo sí he visto diversidad. Le pasé a una chica que me gustaba un vídeo lésbico de una actriz concreta precisamente porque su chocho se parecía al mío. Me dijo que le había gustado pero que dónde iba una actriz porno, una profesional, con semejante moco de pavo. Así, tal cual. Me destrozó. Lo malo no es tanto el porno como los comentarios”.

Es cierto. La actriz era Alexis Texas que, como Bonnie Rotten, es blanco de múltiples observaciones hirientes sobre este detalle crucial.

Susana ha sido webcammer a tiempo parcial y lo confirma: “Casi todos los espectadores tienen la necesidad de opinar sobre mi coño cuando lo enseño. Opinan de todo, pero con el coño son lo peor. Te están insultando directamente y ni siquiera se dan cuenta, es como si tuvieran derecho o incluso te estuvieran haciendo un favor.”

Pero no es sólo cuestión de labios. María es pelirroja y tiene “el pubis abultado, con un pequeño hueco en el centro y algunos lunares. Casi nadie me ha hecho sentir deseada y bonita a la hora de estar desnuda, la verdad. Hay mucha ignorancia, si no pareces una muñeca te miran como si fueras deforme o estuvieras enferma, o las dos cosas. La decepción es evidente y cansa. Hasta un médico me miró raro y me preguntó si era normal, es que no entiendo tan poca educación”.

Estas historias son extremadamente comunes y The Vulva Gallery está hasta arriba de ellas a nivel internacional. La sexualidad femenina apenas se empieza a abordar. Por fortuna este enorme bloque de hielo está resquebrajado para siempre y cada vez es más frecuente encontrar iniciativas similares que promueven la positividad de todos los tipos de cuerpo y ayudan a romper tabúes.

“Casi lo peor para mí ha sido llevar el complejo en secreto, y ligando me preocupaba muchísimo la reacción que iba a encontrar”, reflexiona Mónica, “ahora por lo menos soy capaz de hablar de ello. A estas alturas tengo claro que al que no le guste es que no se merece compartir la intimidad conmigo.”

Algunas han llegado a estar tan desesperadas que han tomado medidas drásticas: “He pasado tanta vergüenza que con tal de no afrontarlo intentaba disimular metiéndome los labios hacia dentro de la vagina. Le cogí el truco y funcionaba".

"A veces, me he llegado a hacer daño porque irrita, pero mejor eso a los comentarios que hay que aguantar, aunque ya no lo hago. Que se acostumbren, no tengo nada de malo, pero de ahí a sentirme confiada queda un trecho, y del desequilibrio a la hora de dar y recibir placer ni hablamos”.

Pues bueno, a lo mejor de esto también hay que hablar otro día.

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