El precio medio por persona es de unos 25 euros y es un negocio que no necesita tener almacén para guardar productos (porque no venden nada), por eso tampoco tienen que preocuparse por reponerlos, ni tener neveras, cocineros o salida de humos. No hacen falta actores, de hecho, no hacen falta muchos empleados ni que estén muy especializados en algo concreto.

Sé que sabes lo que es una escape room, pero problablemente nunca te habías parado a pensar en el buen negocio que supone. Solo necesitas un local, atrezzo, y elaborar un juego de pistas. A los escape room van grupos de entre 4 y 8 personas, que se gastan una media de 150 euros por hora. Un local con dos salas (dos habitaciones) simultáneas estaría facturando 300 euros a la hora. Y la media de sesiones en cada sala son 8 diarias.

Jamás se llenan, nunca las matemáticas de los negocios son infalibles, pero potencialmente un escape room de dos salas con ocho pases diarios y con un precio de 25 euros por persona podría facturar (potencialmente) unos 20.000 euros al mes. Para lo que solo necesitas un local y un empleado.

Helena lleva seis trabajando en una escape room

Hablamos con Helena, que en su vida ha tenido dos trabajos que hace una década no existían. Ha sido captadora de ONGs durante algo menos de un año, y lleva seis meses trabajando en un escape room del centro de Madrid.

“Para este trabajo se necesita gente muy resolutiva, y que sepa dar la información de forma muy clarita. La gente siempre viene despistada, con ganas de pasarlo bien, pero como van en grupo, se pierden muchas cosas de lo que les dices cuando llegan. Yo a veces pienso, si han logrado entender que les he dicho que entren por el pasillo de la derecha (y no el de la izquierda) ¿como van a poder solucionar el misterio del escape room?”.

Helena gana 900 euros netos al mes, y su trabajo no está mal, recibe a la gente, les aclara las dudas, les acompaña al escape room, y luego se va a “espiarlos” a su mesa.

“Hay un par de cámaras habitación y un micro para ver y oír qué dicen. Tienes que estar atenta por dos razones: si se atascan y no saben avanzar, hay que ayudarles y darles alguna pista, la sesión dura 60 minutos y si no salen de la sala, se te junta con el siguiente grupo. Además, cuando superan algunas fases tienes que cambiar las luces o poner música, y eso es manual, así es más barato”, explica Helena.

Ella es la encargada de que la gente no robe nada de la sala o rompa el atrezo, pues reconoce que en las sesiones más tardía a veces la gente va con “demasiado cachondeo” y ni atinan, ni les importa, y tienes que improvisar para que terminen y se vayan.

Helena nunca había ido a un escape room antes de trabajar allí. Y reconoce que si ahora tuviera que pagar por eso, nunca lo haría. “A mi me parece un tostón, es como quedar con unos amigos a jugar en casa, pero pagando el doble de una entrada de cine”.

Lo más raro que Helena ha visto es una pareja que escogió una sala adrede porque era un salón victoriano con unos sofás muy cómodos, y estuvieron los 60 minutos enrollándose. “Yo les avisé por el altavoz de que si querían hacer eso, vale, pero que a la hora tenían que salir, dijeron que sí y cumplieron”, recuerda Helena.

Cuando ves pasar a grupos, uno detrás de otro, desarrollas cierta psicología. “Como les veo, enseguida me doy cuenta de quién es el listillo del grupo. Y si es un grupo grande, ves como se hacen los grupitos, y cómo se reparten el trabajo. Lo que más me llama la atención es lo mal que se comunica la gente, y realmente lo poco interesados en ayudarse, sino en tener razón. Si la gente no quisiera tener razón y escuchara más, saldrían de las habitaciones en la mitad de tiempo”.