Se le ocurrió disfrazarse de sin techo y acceder a las dependencias del ayuntamiento para comprobar de primera mano cómo tratan sus trabajadores al ciudadano de a pie.

Para ello se hizo con ropas andrajosas, se puso gorra y gafas de sol y consiguió una silla de ruedas. Además, se mantuvo en silencio, ya que su voz es “inconfundible”.

Una vez en el ayuntamiento, las situaciones desagradables se sucedieron. Nadie le ayudó, ni le facilitaron el uso del ascensor, ni le dieron agua.

Pero lo peor llegó con los trabajadores de su propio equipo, que intentaron echarle del edificio, cuando pidió hablar con el alcalde.

Fue en ese momento cuando se levantó de la silla, se quitó las gafas de sol y desveló su identidad. “Se quedaron congelados”, ha declarado después el alcalde.

En ese momento trasladó a sus trabajadores la desilusión que sentía por el trato recibido. Pero la cosa no quedó ahí.

El alcalde ha anunciado medidas inmediatas en forma de despedidos de algunas de las personas implicadas.