La primera aparición de los Reyes Magos se da en el Evangelio según San Mateo, el primero de los evangelios. Se calcula que fue escrito alrededor del año 80 d.C., por lo que la verdadera existencia de unos reyes que fueron de Oriente a Jerusalén a adorar al niño Jesús es muy cuestionada.

En el Evangelio se habla de ‘magos de Oriente’. Pero no se da ningún número de magos concreto, por lo que podrían haber sido desde 2 hasta 100. Tampoco se mencionan sus nombres, sus edades o sus razas. Dado que los regalos que ofrecieron al niño Jesús fueron tres (oro, incienso y mirra), se ha supuesto que serían tres magos y no más. Aunque algunas iglesias, como la de Siria, consideran que el número de magos se eleva a 12, como los apóstoles.

Por otro lado, tampoco se hace ninguna mención a sus títulos de monarcas. Nombrándose en el Evangelio y en documentos posteriores únicamente por el término de magos. Comenzaron a llamarse reyes a partir del Siglo IV, debido a la connotación negativa del término mago para los cristianos.

Respecto a sus edades, éstas se impusieron mucho más adelante, para dar a entender que Jesús era el profeta de todos los hombres, con independencia de su generación. Lo mismo ocurrió con sus razas, la europea, la asiática y la africana, para dar a entender que la religión no atendía a fronteras.

En cuanto a los regalos que llevaron al niño Jesús, el oro simboliza la realeza, el incienso un homenaje a su divinidad, y la mirra el sufrimiento y la muerte que le esperan. Ni que decir tiene que los regalos que se hacen hoy en día a los niños y niñas no tienen ni ápice de parecido con los mencionados.

Finalmente, según cuenta la leyenda se considera que los tres reyes, Melchor, Gaspar y Baltasar, tras convertirse al cristianismo y predicarlo, murieron martirizados en Saba. Sus restos fueron exhumados a Constantinopla.