Nadie en el entorno de Amanda había tenido que ver con el Islam, y sin embargo ella tomó la decisión de hacerse musulmana. Sin embargo, pasaron varios años antes de que esta joven madrileña se decidiera a llevar el velo, sabía que el hiyab le pondría las cosas muy difíciles.

Según Amanda Figueras, en España tenemos la percepción de que el buen musulmán es aquel que no lo demuestra, el que lo lleva oculto y podría confundirse con un cristiano o un agnóstico cualquiera. Dar el paso y llevar velo tiene una doble penalización, porque reconoces haber abrazado al Islam, y además eres mujer.

Durante estos años Amanda ha recibido insultos de todo tipo, todos relacionados con la visión “terrorista” de los integristas islámicos. Le han deseado que sea violada, decapitada y lapidada.

Y, desde que Amanda publicó su libro 'Por qué el Islam', donde explica su proceso de acercamiento a esta religión, las amenazas y los insultos se han intensificado, incluso coordinándose en unas fechas y unas horas concretas.

“Me piden que me vaya a mi país, pero yo mi país es España. No todos los países musulmanes son iguales ni tienen las mismas costumbres, cuando la gente me habla de la intransigencia del Islam, yo les trato de explicar que no es el Islam, sino la cultura y las costumbres de cada país”, explica Amanda.