"Es como si viviéramos en un pequeño 'jet lag' constante", nos explican

"Es como si viviéramos en un pequeño 'jet lag' constante", nos explican

Cuando la hora te cambia la vida: hablamos con gente que desea el huso horario de Portugal

En España, nos regimos en función de un huso horario que no nos corresponde desde 1940. Esto ha generado un desfase general (especialmente acusado en Galicia), que se traduce en madrugar más y descansar menos. Hablamos con personas que sostienen que regresar a la franja horaria de Portugal, tras el choque inicial, terminaría por brindarnos la deseada racionalización de los horarios, la conciliación de la vida laboral y personal y, en definitiva, un estilo de vida más natural.

El huso horario de España se adoptó durante el franquismo
El huso horario de España se adoptó durante el franquismo | atresplayer.com

ELISA VICTORIA | Madrid | 25/09/2018

Entre 1940 y 1941 varios países europeos, entre ellos, Inglaterra, Portugal, Francia o España, alteraron sus husos horarios para acompasarse con la Europa continental. Algunos de ellos, como Inglaterra y Portugal, regresaron al huso que les correspondía siguiendo el esquema del meridiano de Greenwich al terminar la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Otros, como Francia y España, han permanecido sin restablecer la “normalidad” hasta nuestros días. Cada vez que se aproxima el momento de cambiar de hora en nuestro país, ahora en septiembre u octubre y en marzo, se forma cierto revuelvo entre la ciudadanía y el debate sobre si hacer por fin algún cambio en este sentido se reanuda.

Por un lado, encontramos un gran sector de la población adaptado al huso vigente que identifica plenamente el carácter nacional con la dilatación de los días y que sólo encuentra ventajas en el afianzado retraso de los relojes españoles. El otro sector, mucho más reducido, trata de hacerse oír asegurando que el regreso al huso de Portugal supondría el empujón que necesitan la racionalización de los horarios y la conciliación de la vida laboral y familiar.

Rosario Villajos pertenece al segundo grupo y nos explica por qué.

“Primero de todo, creo que los husos horarios son un convencionalismo y si quisiéramos de verdad estar en sintonía con la naturaleza, tendríamos que estar ajustando nuestros relojes constantemente cada vez que cambiáramos de escenario incluso en una misma ciudad".

"Dicho esto, me parece más normal que tengamos el mismo horario que nuestros vecinos que el de Alemania, que en principio iba a ser algo provisional y ya llevamos desde 1940 con él. En mi opinión nos perjudica porque nos engaña haciéndonos creer que tenemos más horas de luz al salir del trabajo, cuando lo que debería ocurrir es que saliéramos antes de nuestra jornada laboral como ocurre por ejemplo en Inglaterra, que tienen el mismo huso horario que Portugal”, explica Rosario.

Alberto Almenara también nota que esta alteración de la vida cotidiana tiene repercusiones negativas: “Estamos viviendo en un tiempo que no nos corresponde. Es como si viviéramos en un pequeño 'jet lag' constante y eso te tiene que dejar la cabeza lista de papeles.”

Elisabeth Padilla también experimenta esa especie de jet lag de forma evidente: “Desde pequeña, he sentido que nuestro horario no me resultaba natural, que me agotaba. De hecho me noto más cómoda en invierno, cuando llega el cambio de verano, más desfasado todavía, me vengo abajo".

"Cuando viajé por primera vez al extranjero y visité países donde no sólo se manejan según el huso correspondiente sino que racionalizan de forma eficiente los horarios, me di cuenta de que el problema no era mío, que no era que yo no me adaptase bien, sino que es un problema general que nos afecta más o menos a todos. En Portugal, en Inglaterra o en Alemania tendrán menos luz, pero sentí que todo el mundo aprovechaba mejor el tiempo, descansaba más y su vida era más saludable en este sentido”, dice.

Para Rosario, teniendo en cuenta su situación personal, los beneficios del cambio serían inmediatos: “Trabajo para Londres, sería maravilloso tener los mismos horarios que ellos y salir del trabajo a las 5 ó 5:30 como mis compañeros y aún tener tiempo de sobra para actividades extraescolares”.

Pero Alberto, que no mantiene relaciones laborales con países extranjeros, también encuentra beneficios obvios en la idea de restablecer el huso horario que corresponde a nuestra franja: “Viviríamos, por fin, en la hora que biológicamente nos corresponde y eso solo puede ser positivo. Obviamente cada uno tiene su situación personal, pero creo que vivir en el huso que nos corresponde nos ayudaría a ser más felices”.

Rosario encuentra motivos implacables para dibujar todo un mapa de beneficios a largo plazo en caso de que, por fin, se realizara el cambio.

“El Gobierno acabaría por cambiar la jornada laboral en muchas empresas (hablo de oficinas, que es lo que mejor conozco) a 35 horas semanales en lugar de 40 y mandar a paseo lo de la infernal jornada partida. He tenido la desgracia de probar las tres y esta última es una tortura: entras muy temprano y te dan dos horas para que comas en tu casa, luego te tienen hasta las 7 u 8 de la tarde con la premisa de que en verano se sale antes y es mejor para ti, pero no, es mejor para la empresa que no quiere gastar en aire acondicionado".

"A su vez, las compañías ahorrarían en electricidad al dejar al empleado salir cuando todavía hay luz natural. La economía se beneficiaría también porque la gente tendría tiempo para gastar. Esto ya se hizo tras la crisis del 1929 en EE UU, se acortó la jornada laboral para que la gente tuviera más tiempo de consumir”, añade.

Uno de los motivos más referidos por aquellos que se encuentran cómodos en la situación actual es que gracias a este horario puede salir de trabajar cuando aún es de día. ¿Qué contestaría Rosario a este argumento, teniendo en cuenta que se refieren a salir del trabajo más allá de las 18 horas?

“Les diría que luchen por menos horas de trabajo para poder salir a la calle antes. Les preguntaría qué hacen durante esas horas, porque en el gimnasio no hay luz diurna, en el bar tampoco. Creo que lo que de verdad nos preocupa son los niños, que no tengan suficientes horas de luz, y de nuevo creo que la lucha está en terminar antes las obligaciones laborales y escolares”.

Aunque la mayoría de partidos políticos se ponen de acuerdo en que, en teoría, este cambio beneficiaría claramente a la población, ponerlo en práctica resulta todo un reto. La gran mayoría de la ciudadanía se muestra conforme con la situación actual y adopta un gesto de profundo extrañamiento ante la posibilidad del cambio.

¿Por qué creen nuestros entrevistados que esto ocurre? Alberto, Rosario y Elisabeth lo tienen claro. El miedo irracional a los cambios es un factor fundamental: “Por costumbre”, explica Alberto, “la mayoría de gente tiene miedo a cualquier tipo de cambio, y quizá despertarse de noche puede atemorizar a muchos, aunque lo humanamente natural sea despertarse amaneciendo.”

Rosario añade que “los cambios son aterradores. Lo vivo a diario en mi trabajo a la hora de explicar a un cliente que hay que hacer cambios en su página web de 2008. Entonces la vamos cambiando con la promesa de volver a su antigua página si después de unos tres meses no le encuentra beneficios. El cliente queda satisfecho y acaba aceptando que el mundo cambia y su producto debe cambiar acorde con los tiempos. Lo ideal sería poder experimentar con el huso horario también”.

“Creo, por lo que he observado a mi alrededor”, apunta Elisabeth, “que la gente está orgullosa de alguna manera de ese desfase horario, de ese poco descansar, como si estuvieran aprovechando la vida más a tope cuando lo que hace la mayoría es dormir menos y trabajar más. Pero de alguna forma les da bajón la idea. Supongo que si lo probaran y todo el cambio se acompañara de una racionalización de los horarios, pronto estarían saboreando los beneficios y cambiarían de parecer. La cuestión no es acortar horas de fiesta sino reducir horas de obligaciones.”

¿Alguno de ellos cree que acabaría arrepintiéndose en caso de que se cumplieran sus deseos? “No”, responde tajante Alberto, “si nos acostumbramos a trabajos basura, este cambio del huso será pan comido”. Para Rosario no hay duda: “En mi caso no, porque saldría antes del trabajo al tener el horario inglés, pero creo que ayudaría a que las empresas cambiasen la jornada laboral.”

“No lo echaría de menos por nada del mundo,” finaliza Elisabeth, “deseo el cambio con todas mis fuerzas. He llegado a pensar en mudarme a un país extranjero en el que me sienta cómoda en gran parte por esto. Estoy segura de que yo sería mucho más feliz con el cambio y que incluso la gente que se lo imagina tan mal acabaría también convencida de que ha sido para mejor. ¿Quién no quiere dormir más, quién no quiere trabajar menos?”.

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