LA LENCERÍA DE LOS OJOS

LA LENCERÍA DE LOS OJOS

De complejo a fetiche de moda: así es el glasses fetish

Hubo un tiempo en que las gafas eran concebidas como un aparato repelente que rara vez era bien recibido. Quienes se veían obligados a llevar gafas se sentían a menudo acomplejados y deseosos de liberarse de ese artilugio. Poca gente consideraba que el toque intelectual de las gafas resultase atractivo. Pero las cosas han cambiado mucho. Personas con gafas y fetichistas de la lente graduada nos cuentan qué ha pasado.

Imagen de un libro, unas gafas y un teléfono móvil
Imagen de un libro, unas gafas y un teléfono móvil | Pixabay

ELISA VICTORIA | Madrid | 03/12/2018

“A mí me pusieron gafas con cuatro años”, relata Lydia, de treinta y dos, “y ya entonces lo recuerdo como una ortopedia que me iba a traer problemas. Mis padres estaban un poco tristes aunque me animaban, se les notaba mucho la preocupación, sabían que los demás niños se iban a meter conmigo y tenían razón. Conocía pocos niños con gafas y daba igual el modelo que escogieras, todos te traían cierta ruina social. Eso te convertía en un feo oficial, en un ser débil, inseguro, poco deseable. Siempre odié mis gafas.”

Las gafas como estigma

Lydia creció a lo largo de los ochenta y los noventa. Su prima Silvia, de cuarenta y cinco, lo recuerda aún peor: “Yo tengo mucho astigmatismo desde niña y siempre he llevado las típicas gafas de culo de vaso que te hacen los ojos raros. Estaba muy acomplejada y lo sigo estando, la verdad, no dejo que nadie me vea con gafas porque lo tengo asociado a comentarios muy negativos que he recibido".

"Me puse lentillas en cuanto pude, en la adolescencia, unas lentillas de cristal que dolían mucho pero me valía la pena sin duda. Es que me cambiaba la vida. Para mejor, claro. Con gafas era una marginada y con lentillas una chica normal”.

Lydia apreció un cambio de concepción alrededor del año 2009: “No es muy exacto pero creo que fue entonces cuando empecé a apreciar los primeros cambios. Yo me puse lentillas con trece años, y las odiaba, se me secaban muchísimo, pero para mí ponerme las gafas era sólo una cosa de estar por casa porque se habían metido mucho conmigo y me sentía muy insegura. Había llevado gafas metálicas, al aire y de pasta, y las de pasta estaban peor vistas aunque fueran mis favoritas porque se veían más pasadas de moda o más de empollones. Y fíjate ahora, con las tiendas de ropa llenas de gafas grandes sin graduar junto a la bisutería y los pañuelos.”

En los 90, unas gafas de pasta grandes te arruinaban la vida

El cambio de percepción a su alrededor lo notó en muchos ámbitos: “para empezar, en las ópticas de repente había varios modelos cercanos a las gafas que a mí siempre me habían gustado y que antes eran muy difíciles de conseguir. En los noventa unas gafas de pasta grandes te arruinaban la vida, se consideraban lo peor de forma unánime".

"En aquel momento vi que iban volviendo, aunque el término gafapasta podía tener connotaciones muy negativas, de ser un listillo insoportable o algo así. Entonces trabajaba de dependienta y mis compañeras y yo teníamos que cuidar mucho el look, por lo que nunca íbamos con gafas. Y de repente entró en plantilla una chica nueva con unas gafas negras de pasta, se las ponía para trabajar y estaba guapísima. Me chocó mucho y me inspiró, porque yo estaba harta de las lentillas y lo que quería era sentirme bien con gafas de una vez”.

Actrices porno con gafas

La otra gran sorpresa llegó desde la pornografía: “Poco después me di cuenta de que en el porno empezaba a haber gafotas más allá del típico papel de colegiala, de profesora o de secretaria. Antes me parecía que era un recurso para hacer florecer muy fácilmente a un personaje feo y tímido".

"La típica película donde una feíta con gafas y moño de repente se pone lentillas y se suelta el pelo y está espectacular. Me molestaba ese patrón. Y cuando empezó a popularizarse del todo la cultura hipster, que yo lo recuerdo a partir del 2010, la pinta de freak, de nerd, de empollón repelente de toda la vida, se empezó a ver de otra manera. El porno se llenó de gafotas de pasta, yo me compré unas bien grandes como siempre había querido, y se acabó el complejo. A partir de entonces las llevo para trabajar, para salir, para todo”

Atractivo con gafas

Daniel, de treinta y seis años, ha presenciado este proceso desde diferentes ángulos. Por un lado, lleva gafas desde niño y también ha sufrido las consecuencias. Por otro, las gafas le atraen desde la pubertad. En este sentido, es un tiempo feliz para Daniel.

“Yo era el típico niño con gafas y pinta de modosito y me gustaban las típicas niñas con gafas y pinta de modosita. Me dolía que se metieran con los de mi especie, claro. Creo que todavía me veo mejor con lentillas porque me siento más seguro, pero he notado muchos cambios. Hace unos diez años que mis propias gafas se perciben de una manera más positiva, me dicen que me quedan bien, que me hacen atractivo, cosa que antes no pasaba, antes sólo me decían que estaba mejor sin ellas".

Perder el miedo a tener pinta de nerd

“Para empezar, antes se veía poca gente con gafas, era algo que todo el mundo trataba de evitar. Era frecuente que yo fuera el único con gafas de muchas reuniones. Y ahora hay mucha gente que las lleva incluso por gusto. Se le ha perdido el miedo totalmente a tener pinta de nerd. El porno está lleno de esa etiqueta, si buscas nerdy o nerd hay cantidad de material que suele ser el que a mí más me complace".

"Antes estas estéticas estaban sobre todo en el hentai mientras que ahora el porno mainstream está a rebosar. Antes si yo le pedía a una chica que se dejara las gafas puestas para enrollarnos me decía que ni hablar porque el complejo era demasiado poderoso, mientras que en los últimos años he conocido varias chicas que las llevan con seguridad e incluso que se las ponen para salir de fiesta sin necesitarlas porque creen que les quedan bien. Es una cuestión de moda, pero personalmente me parece un avance positivo”.

Daniel cuenta que, aunque para él este haya sido un asunto de interés de toda la vida, nota que en muchos de sus conocidos el punto de vista ha cambiado: “La perspectiva ha cambiado mucho, sí, ahora prácticamente toda la gente de mi edad o menor cree que se puede estar guapo y favorecido con gafas y puede sentir atracción por una persona con gafas sin que sea un aspecto relevante. Para mis primos menores, que están en la veintena, o mis alumnos, que están en la adolescencia, este asunto ha perdido mucha importancia.”

¿Pero cuál es la gracia en sí de esta estética? “Tampoco es que me gusten todas las gafas, hay muchos tipos que no me atraen nada, pero las que me parecen bonitas (no importa si son de pasta o metálicas pero me gustan grandotas, con los cristales amplios) las concibo como una especie de lencería para los ojos, es la forma más fácil de explicarlo".

Semen sobre los cristales

"Es difícil trabajar sobre uno mismo y yo me sigo sintiendo más confiado sin gafas, pero cuando las veo en otra persona me parece que realzan rasgos, que intensifican los gestos y la mirada y que favorecen en general. También hay cosas más sutiles, algo parecido a hacer las cosas al revés, como follar con la ropa interior puesta, que no es la manera natural de actuar y eso me atrae. Y que el semen caiga sobre los cristales me puede, aparte de que es muy divertido, creo que para los dos partes, la verdad. Hay muchas risas.”

Lydia confirma este dato desde el otro lado: “Para mí antes tener sexo con gafas era impensable, me sentía muy fea. Ahora me divierte mucho, me pone ver porno donde haya looks empollones o nerdys y saco ideas. En cierto momento me dio mucha confianza encontrar tantas escenas que acababan con eyaculaciones sobre gafas y me apeteció probarlo. Me pareció divertidísimo, además de muy cómodo porque es como que lo ves todo pero con protección. También he disfrutado muchísimo de hacerlo con gafas de sol durante el día al aire libre, en la esquina de alguna terraza o en el campo.”

Desnuda y con gafas

Javier, de veintisiete años, confiesa que “me dan mucho morbo, no sé explicarlo de otra forma. Me parece que las caras están más tiernas y bonitas. No era muy consciente hasta que fui aprendiendo de la experiencia, dándome cuenta de que me atraían más las chicas con gafas, sobre todo si llevaban un modelo concreto. Las prefiero grandes, de pasta, y negras".

"Los colores claros no me atraen nada. Lo que más me pone es que la chica esté desnuda y que hagamos de todo, lo que surja, pero que ella tenga las gafas puestas todo el tiempo. Y me obsesiona la idea de correrme sobre los cristales y que ella pueda mantener los ojos abiertos mientras tanto, porque como están protegidos me puede seguir mirando. Eso es para mí lo mejor, lo que más me gusta ver tanto en la vida real como en el porno”.

“Yo no creo que pueda ya librarme del complejo”, concluye Silvia, “pero mira, me alegro.” Y no es para menos. Otro día hablamos de las pecas, las ortodoncias o los dientes torcidos, que están también de merecida celebración.

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