¿HASTA DÓNDE VA A CRECER ESTA NIÑA?

¿HASTA DÓNDE VA A CRECER ESTA NIÑA?

¿Cómo es ser una mujer muy alta?

Caballo, jirafa, espingarda, giganta, NBA, tachenka, pértiga, espagueti, kilómetro, alteza, larguirucha, palo, grandona, flamingo, cigüeña: voces en el patio del colegio, comentarios de los tíos, de las amigas de las madres, gritos por la calle. ¿Pero hasta dónde va a crecer esta niña? ¿Tú no piensas parar de estirar, hija mía? A ver quién encuentra un novio de tu altura. Lo siento, señorita, este modelo no lo tenemos en su talla. En realidad, ni este modelo ni ningún otro del catálogo.

Attack of the 50 Foot Woman
Attack of the 50 Foot Woman | Reynold Brown | Wikimedia | Dominio Público

SABINA URRACA | @SabinaUrraca | Madrid | 17/01/2018

A los ocho años, después de ver 'Alicia en el país de las maravillas' tres veces seguidas, Belén soñó que bebía un jarabe y empezaba a crecer sin parar. Veía desde arriba a su padre y su hermano, cada vez se alejaba más de ellos. Les decía adiós sin para de llorar. "Cuatro años después, la pesadilla se hizo casi realidad: tenía doce años y le sacaba una cabeza a mi padre y a mi hermano... y a toda la clase", recuerda. Si a día de hoy, su metro ochenta y dos impacta, no puedo imaginar la impresión de esa misma altura en una niña de doce años, de pie en la foto de grupo del colegio, más alta que nadie.

En casi todas las fotos que me muestran observo algo similar: El cuerpo fuera de control, el rostro de la que siente el cuerpo fuera de control. "Es como si te alejaran de golpe de tu realidad. De pronto, tienes trece o catorce años y ves a todos desde arriba. De verdad, yo este día me sentía incomunicada, como si me hubiesen abandonado seres de otra especie. Me sentía extraterrestre", cuenta Karen viendo una foto de su comunión en la que se la ve sobresalir de un mar de niñas vestidas de blanco.

Sepultada bajo el apodo 'la alta'

Ella iba con un traje de chaqueta beige que había sido de su tía, porque su madre decía que con el clásico vestido blanco iba a parecer una novia. "Era terrible ver que mi madre, de alguna forma, también estaba decepcionada por no tener una niña chiquitita y graciosa como las otras. Me pasé toda la comida llorando", recuerda.

Torpe vergüenza, espalda encorvada, golpes involuntarios contra techos, paredes, bordes de mesas, burlas, quedar sepultada ya para siempre bajo la descripción de "la alta": la infancia y adolescencia de las personas muy altas puede ser desconcertante y dura, pero lo cierto es que las mujeres altas tienen muchísimas más dificultades que los hombres altos. De hecho, ser un hombre alto es generalmente considerado positivo. "Ser una mujer alta en España es un incordio. Pero ahora mucho menos", dice María Jesús.

A diferencia del resto de entrevistadas, que van de los 20 a los 40 años, María Jesús tiene casi 70, y reconoce que su juventud fue un auténtico calvario por su casi uno noventa de estatura. "Nadie sabía de dónde había salido yo tan alta. Y se dio por hecho desde el principio que yo no me iba a casar. Porque es que casi ni salía de casa. A mi madre le daba apuro que nos vieran juntas, decía que no quedaba bonito. Antes no había todo eso de los traumas y los complejos, y una madre te decía lo que le parecía", dice entre risas. Aun hoy, esa altura en una mujer de esa edad llama la atención. Resulta distinguida, elegante, como si con los años hubiese domado el cuerpo para encajarlo en un mundo hecho a otra medida.

La altura conforma sus personalidades

"Para mí ser alta significa ser grande en general: brazos más largos, piernas más largas, manos grandes, pies enormes...", dice Irene. A veces encontrar ropa o zapatos que no sean modelos masculinos es una odisea. Úrsula reconoce que el hecho de que no le sirviera la ropa de las tiendas marcó absolutamente su estilo y sus gustos en la adolescencia. "Creo que me empezó a gustar el punk para que encajase con la estética del bajo de los pantalones desdoblado hasta que colgaban los hilillos de la tela. Mi altura configuró mi forma de ser, la gente con la que me junté, la música que escuchaba, todo".

Marta reconoce que ahora, con cuarenta años, ya lo tiene más que superado, pero reconoce que es consciente de que mucha gente asocia la altura a determinada forma de ser y que "la altura cae mal de entrada". "Fui agachada toda la adolescencia, hasta el punto de que mi madre me apuntó a una agencia de modelos para que fuese recta. Pero fue peor el remedio que la enfermedad, porque, con mi nueva postura recta, me gané una fama terrible de engreída y de chula que se cree guapa", recuerda.

Pero, dejando aparte el sentirse extraña en el propio cuerpo -algo que, por otra parte, es patria del ser humano medio del primer mundo azotado por toda clase de exigencias físicas- el tema que siempre sale a la luz cuando se habla con mujeres muy altas es el de los hombres, la altura de los hombres. Porque, más cruel e implacable que la exigencia de que una pareja esté formada por un hombre y una mujer, pareciera que siempre se ocultase la última parte de la frase que marca lo estipulado.

"Una pareja, queridos niños, debe estar siempre formada por un hombre y una mujer que sea igual o inferior en estatura a ese hombre". Suena a ley de una dictadura, a canon absurdo, pero lo cierto es que parece grabado a fuego en la mente de la población.

Afecta incluso a las relaciones sentimentales

Ana y su última pareja cortaron la relación precisamente por ese tema. "Al principio los dos negábamos que nos importase que él fuera una cabeza más bajo que yo, pero luego empezamos a oír algún comentario por la calle, otro de amigos... Siempre de broma, pero te acaba afectando. A mí me terminó entrando la paranoia de que los dos íbamos a ser más felices si encontrábamos una persona que se adaptase a nuestro tamaño", confiesa.

Hay en estas historias de amores de desigual altura algo de romance prohibido entre hijos de clanes distintos: parece que el amor triunfa un tiempo, pero la influencia del exterior, que marca que la chica siempre debe ser más bajita que el chico, termina venciendo. Si no vence por el exterior (comentarios de amigos y familiares, bromas por la calle) termina venciendo desde el interior (casi todas las chicas entrevistadas coincidían en que, de forma natural, preferían a hombres más altos que ellas).

"Me gustó un tipo más bajito que yo hace cosa de una año; era la primera vez que me fijaba en alguien más pequeño que yo. Yo también le molaba, pero a él nuestra diferencia de tamaños sí que le supuso un problema. De todas formas, la cosa no fue para delante por muchos otros motivos", cuenta Jessica.

Es un tema absurdamente cruel -¿quién elige su altura? ¿quién puede controlar no sentirse atraído por alguien con independencia de su estatura?- pero el muro está ahí. Jessica lo tiene clarísimo: "A los tíos les impones. Y tú, de alguna forma, te adaptas a ese papel, vas de tipa dura".

La forja del carácter en función de la gran estatura y la relación de la alta estatura con un rol más masculino también es algo que sale a relucir en muchas conversaciones con mujeres de gran estatura. "Para mí, "las chicas" eran ese grupo de mujeres bajitas, pequeñitas y monas. Yo no entraba ahí. Eso hizo que me comportara un poco como un chicazo", recuerda. También Jessica reconoce haber superado la posible marginación social o el no encajar del todo en el prototipo de "chica" tendiendo a una relación de camaradería con los hombres.

La gran altura se relaciona directamente con fuerza, protección, virilidad (o menor feminidad). "Me da miedo, al abrazar a los novios que he tenido, sentirme un ser que "abarca", una madre, algo protector. Me da algo de asquete también, la verdad", confiesa Isabel entre risas. Reconoce también que nunca se pone tacones cuando va con su actual pareja, que es un poco más bajo que ella, pero sí si va con amigas más bajitas.

"Creo que aquí hay algo de querer mantener su autoestima, de no romper esa idea del hombre como ser más fuerte y protector, el "sexo fuerte" haciéndose patente a través de la comparación de los cuerpos, o algo así. Suena terrible, pero lo cierto es que todas y todos estamos condicionados por este esquema mental", dice. No en vano, en las redes de ligoteo, muchas chicas altas indican su estatura como para ahuyentar a hombres más bajos que ellas. Quizás porque ni siquiera se sientan atraídas por ellos, o quizás, quién sabe, porque dan por hecho que ellos no se sentirán atraídos por ellas.

Viajar al norte para se aceptadas

También, al más puro modo Capuletos y Montescos, hay presiones familiares con el tema de las alturas de los novios. "Estas Navidades le enseñé a mi abuela una foto de mi novio, y cuando me preguntó si era más alto que yo y le dije que no, me respondió: "¡Vaya por dios!".

Sin embargo, la situación cambia cuando se sale de España. "Siempre he sido bastante invisible para los hombres, pero cuando estuve viviendo en Munich la cosa cambió completamente. Allí parecía que los hombres sabían apreciar las proporciones de las chicas que podíamos cargar un montón de jarras de litro sin pestañear", dice María entre risas. Otras entrevistadas también reconocen sentirse más a gusto cuanto más al norte de Europa estén.

De todas formas, aunque hay ideas, cánones y ciertos complejos que perviven, a medida que se alcanza la adultez, muchas mujeres altas se olvidan de todos esos miedos y el deseo de pasar desapercibida. "Muchas veces me han dicho: "conmigo no te pongas tacones".

O "amigas" me han llegado a decir que era "demasiado alta". Cogí complejo y empecé a encorvarme. Hasta que dije: "Pues os jodéis". Y ahora me pongo tacones, moños altos, voy de negro y a tomar por saco", afirma Lucía. También Karen siente que las cosas cambian con el devenir de los tiempos: "Ahora, como me está costando mucha pasta y energía curar mi espalda por haber ido encorvada tantos años, en cuanto veo que me agacho un poco, saco pecho, estiro cuello y doy gracias por ser así".

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