ENTRE LA INTEGRACIÓN Y EL DESARRAIGO

ENTRE LA INTEGRACIÓN Y EL DESARRAIGO

Cómo es ser inmigrante en España: Félix, Lina y Hernán nos lo cuentan

Félix, Lina y Hernán llegaron a España buscando una oportunidad. Pero la realidad era otra. Fueron testigos de los primeros efectos de la crisis económica en 2009: paro en aumento, descarrilamiento del sector de la construcción, agilización de los desahucios, los últimos coletazos del crédito fácil…

Inmigrantes en España
Inmigrantes en España | Archivo Getty Images

LOOLA PÉREZ | @DoctoraGlas | Madrid | 26/07/2018

El clima de acogida tampoco era muy prometedor. Hoy, que muchos jóvenes españoles son emigrantes y se habla de “fuga de cerebros”, nos preguntamos sobre qué fue de aquellos jóvenes que llegaron a nuestro país en busca de un futuro mejor.

Lina lleva 18 años en España, de los cuales ha vivido en distintas ciudades. Emigró a Europa desde Colombia. Primero lo hizo su madre y solo un año después, ella emprendió el mismo camino. Su primer destino fue Alemania.

Lo hizo con su padrastro en un vuelo con escala para reunirse con su madre, quien había llegado a territorio europeo, para conseguir un trabajo, hacía alrededor de un año. Su travesía a España estuvo motivada por la imposibilidad de conseguir papeles en Alemania. Fue un viaje largo, en bus, entre mantas y comida en tuppers.

Con el tiempo aprendió que la iniciativa de su madre para emigrar no era un capricho sino que partía de la más absoluta necesidad e incomprensión de quienes la rodeaban: por un lado, la falta de apoyo familiar y social para la crianza y por otro, los problemas económicos y sociales que atravesaba Colombia.

Nuestros tres protagonistas llegaron a nuestro país para reencontrarse con sus familias siendo unos niños. Hernán tenía solo ocho años y Félix, que viajó desde Ecuador con su hermana de seis, apenas diez: “Fue una decisión de mis padres. Ellos pagaron a una azafata para que nos acompañara en todo el camino hacia España, porque no era un vuelo directo. Teníamos que hacer escalas en Santo Domingo y Holanda, en total fueron unas 18 horas de vuelo”, comenta.

Entre la integración y el desarraigo: ¿quién eres cuando no eres de aquí ni de allá?

Mudanzas, nuevas ciudades, encuentros y despedidas con amigos y familiares han marcado la vida de Lina: “Cuando eres una migrante en situación irregular como fuimos durante muchos años nosotros tienes que recurrir a mucha creatividad para no quedarte sin trabajo y oportunidades”.

Hoy Lina es geógrafa en ordenación territorial, feminista y activista por los derechos humanos. No obstante, la inestabilidad que vivió en su infancia y adolescencia, hizo de ella una persona un poco insegura, que sentía lo efímero constantemente y que traba de encajar allí donde fuera rehusando de sus rasgos de “colombianidad.”

Admite que sus experiencias han hecho que su identidad sea una especie de híbrido entre lo de aquí y lo de allá. A diferencia de Hernán, que “pese a lo malo” volvería a emigrar y de Félix, que cree que lo positivo supera lo negativo, Lina no lo tiene tan claro.

“Navego en contradicciones por mi identidad híbrida y por el miedo también de que mi futuro sea incierto en Colombia, como lo está siendo en España. Pienso también en migrar a otros lugares, pero considero que siempre esta esa sensación de vacío por la nada en el país de destino: volver a empezar”.

De los bulos sobre inmigrantes a la xenofobia

Desgraciadamente, no son pocos los comentarios xenófobos que desde la llegada a nuestro país, nuestros protagonistas han escuchado: “nos quitan el trabajo”, “el número de inmigrantes es excesivo”, “son unos vagos y viven de las ayudas sociales”, “no respetan las costumbres de aquí” o “incrementan la violencia machista”.

Para Félix otro de los bulos recurrentes que siempre le ha llamado la atención es la acusación infundada de que los inmigrantes colapsan los centros de salud: “Si te pones a analizar en general a los migrantes que vivimos en España se puede ver como la mayoría somos jóvenes, no somos gente mayor que necesite excesivos cuidados”.

Para Lina, muchos de estas mentiras son ridículas. Pone su atención en aquella que señala que las personas inmigrantes reciben más ayudas que las personas españolas y que viven de éstas, negándose a trabajar.

“Este bulo recoge todos los clichés de la inmigración. Asume que sólo por ser migrante tienes derecho a estar en este país para que `aportes algo´ o produzcas. Huelga decir que es una visión muy neoliberal de las migraciones. La cual es cimentada por la ley de extranjería, por otra parte. Redunda bastante en la emoción del miedo y la desconfianza hacia el otro: `esos vagos que viven a costa nuestra´. Además, este bulo que se apoya siempre en casos subjetivos desde el `yo conozco un vecino que…´ `o una amiga que…´", cuenta.

No obstante, a diferencia de otros países europeos, esta xenofobia no parece triunfar como discurso político y se encuentra, por el contrario, con una fuerte resistencia. Pese a ello, hay ciertos bulos que se repiten año tras año y alimentan ese fenómeno que hoy conocemos como postverdad. En plena era de las redes sociales, el tema preocupa dado su novedad y su creciente repercusión en la opinión pública.

En consonancia con lo que ella explica, las cifras desmienten esa creencia xenófoba. Por ejemplo, según los datos de las ayudadas autonómicas al alquiler de viviendas, entre 2016 y 2017, solo el 40% de las personas beneficiadas eran extranjeros. Aún en el caso de que existan comunidades donde esa cifra pudiera ser más alta, ¿cuál es el problema?

Los criterios para establecer ese tipo de ayudas se justifican en la objetividad y no debería sorprender el hecho de que hay personas inmigrantes que tienen unas condiciones socioeconómicas más bajas en comparación con personas nacidas en nuestro país. Sin embargo, para la turba racista es mucho más fácil señalar al otro como problema y culpabilizarlo que poner la atención en los recortes en sanidad, educación y servicios sociales que el Gobierno ha realizado en los últimos años.

Como colombiana, Lina también ha tenido que hacer frente a una infinidad de estereotipos que aludían a la narcocultura: “Recuerdo que en un colegio de Sevilla me llamaban cocainómana sólo por ser colombiana y me encerraban en el baño, golpeando las puertas y al grito de ´rata inmigrante´. Fueron años complicados en donde volvía a casa llena de golpes por las piedras que me tiraban a la salida. Le expresaba a al profesoras sobre lo ocurrido y no creían que era por yo ser migrante, sino porque era 'juegos de niños'”

Félix también comenta que esa xenofobia ya fue evidente desde la niñez, cuando sus compañeros de clase se referían a él como “marrano”, “feo” o “raro”. No obstante, este tipo de comentarios (y otros más desagradables) empezaron a afectarle a la llegada de la adolescencia: “Me sentía muy solo muchas veces. Con el paso del tiempo, adquirí una actitud más pasiva, decía a todo que sí y acabé siendo muy poco yo”.

Otro foco xenófobo lo encontramos hoy en las políticas de Donald Trump y Matteo Salvini. En cuanto al primer líder, Hernán es bastante rotundo: “Son políticas proteccionistas que afectan claramente a migrantes y que no es consciente de la repercusión que esto genera a familias en países residentes y en la propia economía del país (EEUU). Como es la `ensaladera americana´, en la cual todos los trabajadores son mexicanos y producen los 80% de las legumbres de EE UU”.

En lo que respecta a Lina, no se muerde la lengua y cataloga de deshumanizadoras las políticas del vicepresidente italiano ante la crisis humanitaria de las personas refugiadas: “¿cómo es que no hemos sabido verlo antes? ¿Está siendo la izquierda un foco de acción, o más bien, de inacción, para que estos movimiento y políticas se aviven?”, reflexiona.

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