Hay pocas cosas que a los seres humanos nos interesen más que el sexo

Hay pocas cosas que a los seres humanos nos interesen más que el sexo

Cómo explicar a un extraterrestre en qué consiste el coito

Hay pocas cosas que a los seres humanos nos interesen más que el sexo. Sin embargo, explicárselo a alguien que jamás hubiera tenido ese deseo y que no conociera los extraños códigos por los que se mueve puede resultar bastante complicado. El sexo está en nuestra mente, nuestro cuerpo nos delata, pese a todo permanece oculto y protegido por reglas sociales. Querido alien, follar es esto…

Big Bang Theory
Big Bang Theory | CBS

DAVID NAVARRO | @madnavarro | Madrid | 22/11/2018

En psicología se mantiene la teoría de que aquellas personas a las que les atrae el sadomasoquismo en la cama fueron niños que se obsesionaron con la intriga de saber qué supone el sexo y cómo se hace.

Le dieron muchas vueltas al tema y su imaginación les condujo a pensar que el sexo no consistía en un mecanismo tan rudimentario como penetrar y ser penetrado, sino que existía un ritual aún más chungo. Es decir, según la psicología, cuando no se conoce nada sobre el sexo y no se tienen estos instintos, es difícil de imaginar que todo se reduce a un simple coito.

Ante la pregunta infantil de ¿qué harán mis padres cuando la puerta se cierra? La respuesta más plausible es: inflarse a insultos y patadas. Esto es así porque en la mente de un ser que jamás ha concebido como puede ser el sexo, se tiene la percepción de que debe ser algo oscuro, secreto y contrario a lo que se hace a plena luz.

Porque si no, la gente estaría haciéndolo en cualquier sitio, a la vista de todos. Bajo esa visión infantil: todo lo que solo se hace en intimidad es aquello que nos avergüenza o lo que muestra una cara de nosotros que preferimos ocultar.

Querido alien, el sexo parecido a un circuito de fitness

Si tuviéramos que explicarle a un extraterrestre qué es un coito entre dos personas de diferente sexo habría que iniciar la lección explicando que existen multitud de formas pero que al final, generalmente, todo se limita a que hay dos sujetos aceptan realizar un ejercicio físico concreto y por parejas. Similar a hacer unas abdominales, sentadillas o flexiones, pero resoplando y diciendo “¡Ay, que rico!”.

Para este cometido, uno de los dos sujetos siente una inflamación en una zona de su cuerpo que solo se calma con efectividad introduciendo esa parte de su anatomía repetidamente dentro del cuerpo del otro sujeto.

Por su lado, el otro ser vive una situación igual pero contraria: el deseo de que ese miembro inflamado del otro entre dentro de su cuerpo. También vale la lengua, un dedo o un brazo.

Probablemente pensarás, querido alien, que ya es suficiente con introducirlo una vez y así el trabajo se puede dar por hecho. Pero no. Hace falta generar una dinámica en la que se meta y se saque repetidas veces.

Esto pone en funcionamiento varios músculos del cuerpo, es como una sesión de fitness donde la respiración se acelera, se suda y si eliges mal la superficie donde lo haces te puedes hacer daño. Por eso la cama suele ser un buen lugar, el césped o una esterilla de yoga...

Los seres humanos suelen calentar antes de realizar cualquier ejercicio físico de esta categoría, pero para realizar sexo no se calienta. Se han dado casos de calambres y agujetas en personas muy sedentarias, pero como todo esto permanece oculto, poco se sabe al respecto.

“Meter” y “sacar” no son verbos bien elegidos, realmente se le denomina penetrar, y al acto en sí mismo se le llama “coito”. El tiempo necesario para que a eso se le considere un coito es muy variable, va en función del criterio de los seres que lo hacen y el tiempo que lleven sin hacerlo.

Palabras clave

Puede bastar con dos minutos, pueden ser diez, o tres horas. Lo importante es que durante todo ese tiempo la hinchazón del miembro no decaiga, y no se pare de mover el cuerpo, cambiando de postura, arriba, abajo, de lado, sobre el mobiliario….

Mientras no se puede mantener una conversación, está mal visto hablar de cualquier cosa. Por eso se utiliza un complejo sistema de palabras clave. Suelen ser palabras prohibidas que no diríamos alegremente en una comida familiar, pero también se citan referencias bíblicas o frases descriptivas.

Por ejemplo: “¡joder!”, que significa “¡coito!”, así el ser humano disfruta cuando a la vez que se posiciona como narrador, generando una disociación entre el sujeto activo, y el observador pasivo. “Que bueno, que bueno”, también es una apreciación descriptiva, que apela a la calidad del ejercicio. Generalmente no se utilizan ironías o sarcasmos en estas situaciones como por ejemplo “Que coito más malo!”, esa expresión probablemente no se haya dicho nunca mientras dos personas tenían sexo.

Este trajín físico finaliza cuando uno de los dos seres implicados siente un placer efímero y breve, que en el caso del espécimen masculino culmina con la expulsión de un líquido con ADN para formar otro ser dentro del espécimen femenino, si se diera el caso. Y aunque desde un punto de vista anatómico el ser humano está programado para que todo este jaleo del coito sirva para expulsar ese ADN, es muy común el uso de barreras físicas (fundas de látex) o químicas (pastillas) para que esto no llegue a acontecer.

Cuando uno de los dos llega a ese placer final suele gritar con más brío, llamar a las deidades o decir “¡Lo siento!”, porque sabe que esto termina aquí. Llegados a este punto hay mucha controversia. Es casi imposible que ambos seres lleguen a este estado de clímax a la vez, por lo que luego hay que evaluar cómo se prosigue el ritual, o bien con una prórroga, para que el otro espécimen también lo culmine, o discutiendo y generando un conflicto social que en función de la relación entre los dos seres, puede ser el fin de sus coitos o un acontecer rutinario.

¿Por qué lo hacemos?

No podemos evitarlo, porque hemos sido diseñados para realizar este ejercicio físico siempre que esté en nuestra mano. Es una programación que salvará a nuestra especie, pues el más importante de los objetivos de penetrar y ser penetrado es generar un nuevo ser en las entrañas del espécimen femenino.

Ahora bien, el ser humano es una especie inteligente, y el uso que se le da actualmente es más bien recreativo. Y no solo en parejas, también en grupos. Pueden ser especímenes de distintos sexos o del mismo, o en soledad. Pese a que ahora es común y está salvaguardado por las legislaciones de los Estados, en otras épocas no demasiado remotas era motivo de cárcel o ajusticiamiento. De hecho, en algunos países, que dos seres del mismo sexo mantengan relaciones sexuales sigue estando prohibido.

Mientras tanto, desde hace mucho tiempo, el significado de sexo ha ido cambiando, y algunas dinámicas de este juego consisten en poseer y en colonizar. En ocasiones, realizar este acto con otro ser significa plantar una bandera: conquistar, y poder contarlo. Y, para ello, el fitness de meter y sacar no tiene tanta importancia comparado con todo el proceso anterior de cortejo, embaucamiento. Y su posterior puesta en valor con otros seres.

Alien, las razones por las que los seres humanos realizan este ejercicio físico no siempre están claras, y en ocasiones son contrarias al concepto de amar, ser amado, disfrutar o fabricar seres. A veces el sexo también es violencia. Y dentro de la paradoja de la raza humana, esa violencia a veces resulta divertida porque es una fantasía y representamos un papel, y a veces debería llevar a prisión a quien la ejerce. Todo esto depende de en qué contexto ocurren las cosas, como se pactan y cual es el consenso entre estos seres.

¿Cómo saber si es sexo bueno o sexo malo? Si ambos especímenes dicen “¡Ay que rico!”, es que probablemente estén obrando bien.

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