Muchos, de niños o adolescentes, leímos uno o varios libros del, para muchos, padre de la ciencia ficción, Julio Verne. Y evidentemente uno de esos imprescindibles es 'Viaje al centro de la Tierra'.

Pese a los pocos avances en ciencia geológica, y por lo tanto, pese a lo poco que se sabía del interior de nuestro planeta, Verne, como solía ser habitual en él, se aventuró a descubrirnos, no sólo una alucinante historia sino también una serie de hallazgos que ni los propios científicos de la época habían descubierto.

El interior de La Tierra siempre nos ha fascinado y siempre que hemos tenido la oportunidad lo hemos explorado. Lo más reciente, los 10.927 metros conseguidos por el submarinista Victor Vescovo, quien en Mayo de este año descendió hasta la Fosa de las Marianas, en el océano Pacífico, el lugar más profundo del planeta conquistado hasta la fecha, destronando con ello al director James Cameron.

Y no sólo estamos hablando de un descenso, de un récord y de otro capricho más en la vida de un multimillonario, no, estamos hablando de que Vescovo y su equipo llegaron a descubrir 3 nuevas especies animales desconocidas para la ciencia.

Entre Verne y Voscovo hay más de 150 años de diferencia y una inmensa cantidad de relatos ficticios, reales y mezclados que han convertido los viajes al interior del planeta en una constante fuente de inspiración con asombrosos resultados, como es el caso del documental que nos ocupa. Pero 'La Ciudad Oculta' no es sólo un documental, es una experiencia sensorial cuyo visionado en una sala oscura y frente a una pantalla de cine duplica dicha experiencia.

Su director, Víctor Moreno, se adentra en el subsuelo de Madrid. Un subsuelo para casi todos desconocidos. Un subsuelo asociado sobre todo al metro y a las prisas. El documental se aleja de esas prisas y nos invita a pararnos un momento para visitar esos espacios y todo lo que allí sucede cuando el metro ya no está. Un mundo a veces tan oscuro y silencioso como el abisal. Aunque en realidad, y como en las fosas abisales, la oscuridad y el silencio casi nunca son totales.

Lo que visitamos es, según su director: “una gran urbe debajo de otra gran urbe”. Las entrañas de una gran ciudad y su inmensa red de galerías, túneles y alcantarillados. Sus viajes en metro sugestionaron la imaginación del cineasta y le llevaron a preguntarse qué había más allá de toda esa oscuridad. Quién y qué habitaba en esos espacios tan próximos a nosotros y a la vez tan desconocidos.

Algo que ya hizo en su ópera prima 'Edificio España', en la que filmó el desmantelamiento interior del mítico rascacielos madrileño y que tuvo como resultado un documental vetado por el propio Banco Santander, propietario del edificio antes de ser vendido al magnate chino Wang Jianlin.

La cámara de Moreno recorre raíles, turbinas, vagones, conductos de ventilación y un largo catálogo de elementos que conforman una especie de territorio alienígena en el que acompañamos a una especie de expedición de astronautas que caminan en el límite que hay entre luz y la oscuridad. Un límite en el que somos testigos, al igual que en las profundidades del océano, de un ecosistema que nos deja absolutamente perplejos.

Y, precisamente, hablando de límites, los límites entre realidad y ficción se funden y confunden y nos convertimos en pasajeros de un viaje inmersivo y alucinado por un planeta subterráneo que jamás pensaste, no sólo que existiera, sino que existiera a unos cuantos metros bajo nuestros pies.