Dejad de hacerlo, por favor

Dejad de hacerlo, por favor

Carta abierta a las parejas que discuten delante de sus amigos

“Los trapos sucios se lavan en casa” es un dicho popular que parece estar cayendo en desuso. En serio, ¿por qué tengo que soportar yo la riña de dos enamorados e incluso formar parte de ella?

Discusión de pareja
Discusión de pareja | Pexels

MARÍA JIMÉNEZ | @tribusocultas | Madrid | 01/10/2018

Asisto con preocupación a un nuevo modelo de bronca en directo que me tiene bastante sorprendida. Las peleas de ¿enamorados? en mitad de la calle o, lo que es peor, en plena comida entre amigos.

Exacto. Reconozco que a lo largo de mi vida he presenciado peleas sentimentales a las cuatro de la mañana cuando volvía a casa. La típica pelotera que surge porque ambos van borrachos como cubas y llegada una determinada hora, la olla a presión (repleta de alcohol) hace explosión. Ni que decir tiene que la mayoría de estos conflictos están protagonizados por adolescentes o veinteañeros. O eso creía yo.

De un tiempo a esta parte, cada vez son más las parejas de amigos en los ‘late thirties’ que discuten a mí alrededor. Y el problema no es que se tiren los trastos a la cabeza en casa y luego lleguen con el morro torcido a la quedada. No. Ahora la pelea la vivimos en riguroso directo, cual ‘reality show’. ¿Qué nos ha llevado a esta situación?

Comparto mi pensamiento con otros amigos, solteros como yo, y me aseguran que a ellos les está comenzando a pasar lo mismo. He de confesar que mis padres jamás han discutido delante de mí. Sé que lo hacían porque en ocasiones cerraban la puerta de su habitación y se les oía mantener una conversación bastante acalorada. Pasado un rato, salían sonrientes y como si no hubiese pasado nada. Supongo que la procesión iba por dentro.

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Quizá por eso me quedé de piedra la primera vez que unos amigos comenzaron a discutir de temas personales durante una comida. Llevan nueve años juntos y él hizo un comentario sobre fregar los platos. Acto seguido, su novia lo acusó de no hacerlo nunca en casa. Pero no de broma, no. En plan cabreada y con cara de asco. A ver, amiga que son unos platos (pensé yo).

Sin embargo, lo que pasó después me dejó de piedra. “Pues si no te gusta lo que hay ya sabes”, le contestó él y se puso a hablar con los chicos. Porque ya hablaremos otro día de lo sentarnos divididos en mujeres y hombres (y viceversa). Mi amiga, con fuego en los ojos, le dijo que no era el momento de discutir ese tema pero que ya que se ponía chulito lo mismo se ponía menos el día que se encontrase las maletas en la puerta.

Lo que pasó después fue que todos los allí presentes intentamos calmar los ánimos y ellos continuaron la velada sin cruzar palabra. Ah, y mi amigo durmió esa noche en el sofá de un colega. Genial. Así pues, lo que prometía ser un reencuentro maravilloso lleno de alcohol y risas, pasó a ser una escena del peor telefilme.

Y ahora me toca a mí cabrearme. ¿Por qué tengo que aguantar yo las broncas de mis amigos casados y/o arrejuntados? Porque esta no ha sido la única que he presenciado. He detectado que, a día de hoy, las parejas tienden a compartir sus peleas. Antes quedabas con una amiga a tomar café y ponía verde a su novio. Correcto. Echaba sapos y culebras por la boca y a casa a seguir viviendo dentro de una relación tóxica. Maravilloso.

Sonará raro, pero a mí me incomoda muchísimo ese momento en el que una pareja expone sus mierdas (perdón, pero es que no encuentro otra palabra que lo describa mejor) y además te hace preguntas del tipo: “¿A qué llevo razón?”. Y claro, aquí servidora no sabe dónde meterse.

Porque yo os digo: “¿Y qué leches sé yo si friega los platos o no todos los días?”. Es decir, entiendo que las broncas en una pareja son frecuentes, sobre todo cuando se llevan ya muchos años de relación, pero a mí dejadme al margen. Entonces, ¿por qué esta tendencia de lavar los trapos sucios en público?

Llamadme loca, pero creo que las redes sociales, los reality shows y los influencers son los responsables. Estamos acostumbrados a que la última ‘it-girl’ de moda nos cuente en su videoblog la última pelea con su churri y al final creemos que lo lógico y normal es tener peloteras delante de nuestros amigos para tenerlos informados de todo lo que pasa en nuestra vida amorosa.

De todas formas, y conforme escribo este artículo, me doy cuenta de que quizá esta nueva actitud sea la correcta. ¿Por qué fingir? Si te va mal en tu relación, ¿por qué engañar a tus amigos? Si ya no os soportáis, pues por lo menos dais un poco de espectáculo y vidilla a vuestro entorno más cercano. Quizá sea yo demasiado clásica y debería ir montando pollos (aunque soltera) más a menudo. Tiempo al tiempo.

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