AL DESPERTAR NO SE ACUERDAN DE NADA

AL DESPERTAR NO SE ACUERDAN DE NADA

Así es padecer sexomnia: hablamos con personas que practican sexo sonámbulas

La sexomnia o sonambulismo sexual lleva pocos años reconocida como patología del sueño y, aunque resulte aún misteriosa en cuanto a estudios y tratamiento, hay documentados montones de casos, algunos de ellos tremendamente problemáticos. Hablamos con personas que padecen este trastorno sobre sus experiencias, sus miedos y también los aspectos positivos que se pueden presentar.

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Sexo | iStock

ELISA VICTORIA | Madrid | 05/11/2018

Normalmente es la pareja de cama la que trae la noticia. Mateo tiene treinta y seis años y sus diferentes parejas han registrado comportamientos sexuales inconscientes desde que tenía veinte. “Probablemente ocurriera desde mucho antes”, explica, “igual que algunos otros episodios de leve sonambulismo que he padecido desde la infancia, pero como estaba solo no tengo constancia. Cuando ataca la sexomnia no me acuerdo al día siguiente, si no me lo hubieran dicho otras personas seguramente tampoco me habría enterado todavía, como mucho pensaría que he tenido un sueño erótico, que a veces tengo como todo el mundo pero no tienen que ir unidos”.

Lo primero que se nos viene a la mente si pensamos en sexomnia es su carácter problemático. Para Mateo esta condición supuso un gran estrés y trajo graves problemas: “Me enteré por mi primera novia y ella estaba muy enfadada por mi comportamiento. Éramos muy jóvenes y una de las primeras veces que dormimos juntos yo manifesté una conducta sexual muy repentina y difícil de mitigar. Ella estaba dormida, no le apetecía y yo no dejaba de insistir, totalmente ajeno a la realidad".

"Que yo dijese que no recordaba nada empeoró la situación y resultó muy frustrante. Estaba ofendida y convencida de que mentía. Lo entiendo perfectamente por su parte, que resultara molesto, casos como este han llegado a los tribunales, pero no sabía qué solución darle si quería seguir durmiendo con ella y ella sólo me exigía que controlara algo que no estaba en mis manos. Su incredulidad hizo que le costara perdonarme y dormir con ella me estresaba mucho. Aunque no haya aún tratamiento concreto para esto aún, saber que la sexomnia ha sido reconocida como patología oficial ha supuesto cierto alivio.”

En efecto, casos como este pueden llegar convertirse en denuncias por abuso sexual y a romper parejas: “Nosotros no rompimos por esto, pero es verdad que se repitió algunas veces y que tuvimos broncas terribles por ello. La relación se deterioró bastante. Yo proponía no volver a dormir juntos como precaución pero eso tampoco le valía, ella quería dormir conmigo y que no pasara nada pero yo no podía garantizarlo y me culpabilizaba por ello".

"Cuando lo dejamos me cuidé mucho de no compartir cama con amigos o amigas, me aterraba la posibilidad de molestar a alguien y en un par de relaciones posteriores el patrón se repitió. Aunque avisara y dijera que podía pasar y al principio se mostraran comprensivas, si ocurría en un momento inoportuno de la siesta o la noche la mayoría de chicas se enfadaba, por lo que a partir de cierto punto preferí no quedarme nunca a dormir con ellas aunque me apeteciera, cosa que al final también era una molestia. Llegué a pensar que nunca podría dormir con una pareja, por si acaso”.

Para Isabel, de treinta y dos, la sexomnia ha sido una constante vital: “De pequeña me despertaba de vez en cuando masturbándome efusivamente, o mi hermana, con la que compartía cuarto, me decía que me había visto hacerlo dormida, que me agitaba y gemía y me tocaba, y yo no me acordaba de nada. Ella se lo tomaba con humor pero temía que me vieran mis padres, que no creo que hubieran sido muy comprensivos con el tema".

"En alguna fiesta de pijamas con amigas la lié restregándome contra alguna pierna pero también lo hablamos y nos reímos. Cuando empecé a salir con chicos supe que esto podía traerme problemas. Me daba miedo iniciar algo con lo que en realidad yo misma no estaba de acuerdo. Con algunos ocurrió. Aunque estuviéramos liados de entrada era muy desconcertante despertarte y verte en pleno acto sexual o que te contaran a la mañana siguiente cosas de las que no sabías nada.”

A menudo, los relatos de los demás sobre ese comportamiento sexual inconsciente son sorprendentes. Cambian la actitud del durmiente, las prácticas que se realizan, incluso se mantienen intensas conversaciones eróticas con los ojos abiertos, exactamente como ocurre con otros tipos de sonambulismo. A la mañana siguiente, lo más frecuente es una amnesia total.

Hace años que la novia actual de Mateo, Clara, viene observando el fenómeno con interés y curiosidad. Hemos hablado con ella sobre el tema: “Siempre me resultó divertido, tal vez porque yo también he manifestado a veces comportamiento sexual inconsciente durante el sueño y eso me hace entenderlo mejor. Aunque lo de Mateo vaya mucho más lejos, no me pareció nunca tan extraño e incluso me apeteció explorarlo".

"La primera vez que ocurrió él ya me había advertido muy preocupado porque le preocupaba el tema y no quería que me lo tomara mal, pero no me lo esperaba de todas formas. Yo estaba leyendo a su lado en la cama. De repente, se incorporó con los ojos muy abiertos y entendí de inmediato lo que estaba pasando. Me hizo mucha gracia porque no me esperaba algo tan radical, pensaba que sería más sutil como en mi caso, que nunca ha llegado a interferir demasiado en mi vida. Su comportamiento fue muy sorprendente, extremadamente fogoso, despierto siempre ha sido un poco más tímido.”

Para Clara, la sexomnia de Mateo, lejos de ser un inconveniente, ha supuesto siempre incluso una ventaja: “Por un lado, mientras no haya una solución por parte de la medicina para controlar el sonambulismo sexual, no me parece buena idea que duerma con nadie más. Pero para mí es muy interesante, es como tener dos amantes diferentes en el mismo cuerpo y he aprendido a entenderme con los dos. Al que viene de los sueños a veces me lo he quitado de encima a empujones y por eso entiendo lo delicado del asunto, pero nunca me ha supuesto un verdadero problema. Al contrario, me compensa totalmente, a veces lo echo de menos y a estas alturas sé incluso cómo invocarlo.”

Clara ha aprendido a base de ensayo y error pero su estudio coincide con lo que la ciencia sabe por el momento sobre el fenómeno. Al parecer, la reacción tiene lugar cuando se produce una interrupción del sueño en estados profundos. Un ruido o un movimiento inesperado que no lleguen a despertar del todo al durmiente pueden provocar la sexomnia al llevarlo a otra fase del sueño. Clara se dio cuenta muy pronto de esto por sí sola.

“Me fijé en que el comportamiento sexual aparecía a menudo gracias a pequeños estímulos del exterior. Una tos, un ruido del vecindario, un cambio de postura mío podían provocarlo. Algunas veces he conseguido que ocurriera a voluntad porque me apetecía. Espero el momento justo para hacer un ruido o moverme y casi siempre funciona. Otras veces puede pasar que tema toser o coger algo de la mesita de noche porque no quiera provocarlo, en ese caso la situación es bastante cómica para mí. También ha ocurrido que nuestros cuerpos inconscientes se han encontrado en sexomnia a la vez y han hecho cosas de las que apenas nos hemos enterado”.

Algunas veces Mateo se despierta en plena faena y no entiende lo que pasa. Otras se encuentra con un relato por la mañana del que no recuerda nada. “Las dos cosas me resultan inquietantes. Cuando por la mañana me cuenta algo largo y concreto de lo que no tengo ninguna noticia me resulta inverosímil y muy curioso. Pero lo más raro es cuando me despierto en mitad de una actividad física compleja, haciendo esfuerzo, e inmediatamente me siento cansado y medio dormido. No entiendo nada y pregunto qué está pasando, si he empezado yo. Mi pareja, Clara, se ríe y me suele confirmar que sí, que claro que he sido yo. Normalmente, cuando me despierto así, no puedo seguir y sólo quiero volverme a dormir.”

Isabel se ha despertado desconcertada a menudo y a veces ha sentido incomodidad: “Recuerdo ocasiones en que me había dormido deseando que no ocurriera y lo siguiente es despertarme y verme justo en el sitio que no quería. Ahí siento arrepentimiento inmediato. Hace mucho que no me arriesgo porque he aprendido que es incontrolable. Si no quiero que ocurra, más vale que duerma en otra parte. Una vez avisé de que no me siguieran el rollo si me veían sexy, que seguro que estaba dormida, pero al parecer di argumentos muy sólidos que contradecían esa postura. Le dije a un chico que estaba despierta y cachonda. Él preguntando si estaba segura, que antes le había dicho otra cosa, y yo insistiendo. Me lo creo porque me ha seguido pasando con mi pareja actual y ahora no es para tanto, pero es que con aquel tío era de verdad un problema.”

Mateo también es perfectamente capaz de razonar con los ojos abiertos. Clara lo sabe bien y a veces, por diversión, fomenta el diálogo: “Es muy convincente y me interesa mucho ver cómo habla, lo que me explica, las palabras que elige, cómo se mueve. Resulta misterioso, en algunas cosas es muy distinto a Mateo, me intriga mucho y la verdad es que me gusta tratar de conocer a ese sujeto que es Mateo pero no del todo.” Los estudios muestran que frecuentemente los sujetos con sexomnia manifiestan un comportamiento más fogoso e incluso agresivo durante los episodios, lo que explica que unas veces generen temor en sus parejas de cama y otras una mayor satisfacción.

¿Diría Clara que Mateo es mejor amante cuando llega el sonambulismo sexual? “Pues no sé si mejor porque a veces puede ser un poco torpe, pero entiendo que se diga que los sexomnes son mejores amantes dormidos que despiertos. En este caso es más apasionado, me hace sentir muy deseada, le pone muchas ganas. También está la cuestión de que en cualquier momento le cambia la mirada y es sólo un chico somnoliento que no entiende nada, lo que hace que la situación sea muy frágil. Pero sí, en algunos aspectos me gusta más que despierto, lo reconozco. Le tengo mucho cariño y no me gustaría que desapareciera.”

Para Mateo supone un tremendo alivio haber dado con una pareja para la que no sólo no es un problema sino que disfruta de los efectos de la patología: “Hace mucho que esto apenas me angustia,” confiesa Mateo, “sólo durante algún viaje en pandilla o algo así porque debo tener precauciones a la hora de compartir cama, pero durante años esto me preocupó muchísimo y llegué a pensar que no podría dormir con ninguna chica aunque me hiciera ilusión por no vivir situaciones violentas. He tenido mucha suerte”.

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