Nos adentramos en las costumbres reproductivas de la gente de bien

Nos adentramos en las costumbres reproductivas de la gente de bien

Así es la maternidad pija

Parto en Ruber, pre parto “en Josefina”, camisón de Pili Dolz y una 'salus' (niñera) los tres primeros meses, nos adentramos en las costumbres reproductivas de la gente bien de Madrid.

NEREA PÉREZ DE LAS HERAS | Madrid | 22/10/2018

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Las pijas españolas no procrean como el resto de las mujeres. Es decir, no se multiplican a través de vainas, ni por esporas, ni nada por el estilo, los aspectos básicos de su reproducción son los comunes del resto de la especie, pero existen usos y costumbres dentro de la jet set que son tan específicos e intrigantes para el resto de grupos humanos como los de una tribu amazónica.

Tuve mi primer contacto con la maternidad pija durante un viaje de prensa hace años, me acompañaban la directora de Comunicación de una firma de cosméticos y una periodista de belleza embarazada de siete meses y medio. En el transfer que nos llevaba al hotel, la directora de Comunicación le preguntó “¿estás con Josefina?” y la periodista gestante le respondió: “Sí, claro, como todas las pijas de Madrid”.

Se refería a Josefina Ruiz Vega, ginecóloga y célebre preparadora al parto. No es nada fácil encontrar a pijos con la autoconciencia y el sentido del humor suficientes como para contarte sus costumbres de pijos y a mí la curiosidad sobre el tema me devoraba. Tuve que esperar años hasta entablar amistad con otra futura madre de la jet, también pupila de Josefina, para sacarle toda la información sobre este y otros aspectos de la maternidad. Nuestra garganta profunda prefiere prestar testimonio anónimo así que la llamaremos Sofía, en honor a la reina emérita de la que es un poco fan.

Josefina y la preparación al parto

Es cierto que el curso de preparación al parto de Josefina Ruiz Vega son una constante entre las pijas de Madrid, esta ginecóloga con dos libros publicados y 30 años de experiencia es una institución en la capital. En la entrevista inicial siempre pregunta a las embarazadas con quién están casadas, en su reino no cabe la monoparentalidad ni los embarazos fuera del matrimonio.

El padre del futuro bebé de mi entrevistada estaba fuera de su radar -“No conozco su apellido”-, me cuenta que le dijo -“¿debe ser extranjero”-. El centro que dirige ofrece desde clases de pilates hasta atención psicológica y en lo referente a la preparación al parto, para Josefina tienen tanta importancia las respiraciones y las técnicas para hacer eructar a los neonatos como las buenas compras.

“Te da consejos sobre dónde comprarlo todo: los muebles para la habitación, el carrito, la crema antiestrías que recomienda aplicar en la barriga con movimientos circulares como si cada mano formase una de las Cs del logo de Chanel. En la única sesión a la que los maridos están obligados a asistir”, me cuenta Sofía que desconoce si alguna vez una alumna se ha atrevido a requerir los servicios de Josefina sin disponer de marido “pone una diapositiva con una mujer recién parida muy sonriente sosteniendo al bebé y les dice que se fijen muy bien en el rocón que lleva en el dedo, que tengan muy presente que a las mamás hay que hacerles un buen regalo”. En sus clases no se pueden hacer fotos, solo permite tomar apuntes para evitar que le plagien el método.

La habitación 10 de la Ruber

La habitación 10 es la suite de la clínica Ruber Internacional. Tiene dimensiones de suite y precio de suite pero con la atmósfera deprimente de cualquier habitación de hospital. En este lugar se han desalojado úteros célebres, incluso úteros reales. En la habitación 10 dieron a luz la infanta Cristina, la reina Letizia, Victoria Beckham o Carolina Adriana Herrera, entre otras.

Nuestra fuente es de origen francés y le espanta la costumbre española de ir a ver a la madre y al bebé al hospital en vez de a casa. Ella parirá en la Ruber, pero no en la habitación 10, primero porque por sus dimensiones es tan acogedora como una pista de patinaje sobre hielo y segundo porque teme que, con tanto espacio disponible, las visitas se vayan acumulando hasta que aquello parezca Versalles.

La atenderá el doctor Recasens, el ginecólogo real. Sofía me cuenta que para las pijas de Madrid solo existen dos ginecólogos: Luis Ignacio Recasens y Santiago Bau, poner tu vagina en manos de alguien que no sea uno de ellos dos es una excentricidad.

La salus

Cuando hablamos, a Sofía le quedan aún cinco semanas de gestación, pero hace meses que seleccionó a la salus que atenderá a su bebé por la noche. Las salus son profesionales, generalmente mujeres y generalmente con la titulación de enfermería, que atienden a los bebés por la noche en sus primeros meses de vida.

Su trabajo consiste en evitarles a padres y madres la lenta tortura de la privación de sueño. Las salus son la razón por la que la gente de pasta con recién nacidos en casa sigue teniendo buena cara, asistiendo a cenas y otros eventos sociales y reproduciéndose como los gatos callejeros. Cobran unos 100 euros por noche, pero lo habitual es contratarlas el mes completo por unos tresmil.

“A las buenas, o sea, a las que han pasado por cinco familias bien de Madrid, las tienes que contactar con seis meses de antelación”, dice Sofía. “Ellas te despiertan para que le des el pecho al bebé o le dan el biberón si te has sacado la leche. Llegan a tu casa a las diez de la noche y se van a las siete de la mañana. Además se ocupan de ir espaciando el tiempo entre tomas para que, poco a poco , el bebé duerma más horas seguidas”. Estas Mary Poppins de los neonatos suelen marcharse a los tres meses dejando tras de sí familias descansadas y bebés educadísimos.

Las salus y niñeras son figuras centrales en las familias pijas. “No te imaginas, lo que se habla de las empleadas domésticas en los jardines de Puerta de Hierro, son las protagonistas. Si son buenas o no, si pueden acompañar a la familia al siguiente viaje, o cuando se mude de ciudad”. Me cuenta que no es raro que las madres hagan casting en el parque y acaben lanzando OPAS hostiles a las niñeras de otras familias para reclutarlas.

El baby shower

“¿El qué? No, qué horror, eso no se hace”. Por lo visto, entre los pijos de toda la vida, el baby shower es una horterada, es como celebrar Halloween en San Sebastián de los Reyes, una pantomima que no procede incorporar a la tradición. Por supuesto, el recién nacido recibe regalos, pero en la visita al hospital, no en una chabacanería de fiesta que nada tiene que ver con la tradición española y en este contexto se siguen llevando más los sonajeros de plata con sus iniciales grabadas que los peluches.

La parafernalia

Y hablando de tradición española, la vestimenta del cachorrito pijo se ha mantenido casi inalterable desde hace décadas. En pleno 2018 todavía es normal ver por los barrios caros de Madrid a niñas con merceditas y calcetines de piqué y a niños con pantaloncitos bombachos a temperaturas bajo cero. El sentido práctico es secundario, entre la gente bien todavía se estila vestir a los recién nacidos con faldones bordados, precisamente porque la gente bien dispone del servicio doméstico que se ocupa de gestionar el vómito de los bebés sobre estas y otras superficies.

“Los uniformes de ‘las chicas’, los camisones de raso para el hospital y los faldones bordados y con puntillas se compran en Pilar Dolz, no hay otro lugar”, Sofía se refiere a una casa de confecciones de la calle Juan Bravo que vende mantelerías, toallas bordadas con las iniciales, sabanitas de algodón egipcio, ¿sabes lo que es una mañanita?, ¿no verdad? Es porque no eres rica.

La mañanita es una especie de pequeño poncho para ponérselo sobre el camisón recién levantada, la clásica prenda que una lleva mientras le dice a los criados que tomará sus huevos pasados por agua y leerá su correspondencia en la cama. La mañanita sigue vigente en Pilar Dolz, allí no ha pasado el tiempo.

El concepto de herencia también es muy distinto entre los pijos. La hija de Sofía dormirá en el mismo moisés en el que durmió ella de bebé, su madre lo ha guardado, obviamente no para ahorrar, sino para mantener eso que tanto entusiasma a las élites de cualquier edad, la tradición.

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