Aunque la religión católica es la mayoritaria en España, cuando un familiar fallece se nos da la opción de optar por un entierro aconfesional: laico.

De esta forma, el ataúd no tendrá el crucifijo de Cristo en la tapa.

Esto, y la lápida, son las diferencias más importantes, porque nos acompañarán eternamente.

Sin embargo, hay otras diferencias entre un funeral laico y uno católico.

Algunos tanatorios, como el de la Paz de Madrid, ofrecen un servicio civil para despedir al fallecido.

Esto se hace en una sala neutra, donde no hay símbolos religiosos, y se da la opción a los familiares y amigos de despedirse de su ser querido en una ceremonia sin referencias religiosas.

El problema es que no existe una un guion estándar para las despedidas laicas, y las familias y amigos de los fallecidos probablemente no tengan ni las ganas ni el tiempo necesario para improvisar un “oficio civil”.

¿Qué decir; cómo organizarlo?

Hay tanatorios que sí ofrecen un maestro de ceremonias para organizar este acto, y dar apoyo y consistencia a este momento tan emotivo.

Al final, sea religioso o laico, los funerales mantienen la intención de rememorar al fallecido y tratar de entender qué significa la muerte.

Buscar la forma de que quienes le recuerdan lo hagan con alegría y emoción, y que quién fue él o ella jamás se olvide.