La emancipación llega en España compartiendo piso, eso es lo que dicen los datos del INE, que apunta a que la media de quienes comparten piso es de 29 años. Sin embargo, por encima y por debajo de esta edad hay dos generaciones atrapadas fuera de la casa de sus padres y en continuo tránsito de nuevos compañeros de piso.

Adriana es extrovertida, le gusta conocer gente y reconoce que una de las grandes riquezas de compartir piso es hacer crecer tu empatía, entender qué cosas pueden molestar a los demás y qué otras formas de entender la vida hay a tu alrededor, y que no repararía en ellas su vivieras sola.

Sin embargo, apunta que según pasan los años, comienza a desear tener más intimidad y la posibilidad de rodearse de su soledad, aunque paradógicamente, hacerse mayor y albergar ese deseo no va acompañado de disponer de los recursos para poder ‘reemanciparse’, dejar de compartir piso y vivir sola.

Ni los sueldos ayudan a plantearlo, ni la oferta. Los pisos turísticos han hecho que los caseros de segundas viviendas en alquiler rentabilicen sus inmuebles con inquilinos esporádicos y que los pisos compartidos por estudiantes o jóvenes dejen de ser un negocio tan lucrativo. Así es dificil emprender esta aventura en soledad.

No obstante, la demanda de pisos compartidos no deja de subir, porque cada vez hay más personas que quieren salir de casa de sus padres, a cualquier edad. Según un estudio de Idealista.com, la búsqueda de habitaciones de alquiler ha subido un 80% en los últimos años.