LO MOSTRABAN SIN PUDOR

LO MOSTRABAN SIN PUDOR

Así era el zoo humano que mostraba indígenas en el parque de El Retiro

Nos asomamos a uno de los episodios más desconocidos (y vergonzantes) de la historia colonial europea: los zoológicos humanos que proliferaron en la Europa del siglo XIX, y que también llegaron a España.

Zoo humano
Zoo humano | Ministerio de Cultura

DANI CABEZAS | @danicabezas1 | Madrid | 03/09/2018

“En su constitución, en su aspecto, en su lenguaje, en sus maneras, en sus costumbres, en su color y hasta en sus trajes, esos compatriotas nuestros difieren grandemente de los filipinos más civilizados y hasta ahora conocidos”. Con estas palabras, el diario El Imparcial se hacía eco de la exposición que, desde el mes de abril y hasta octubre de 1887, aterrizó en el madrileño parque de El Retiro a instancias del ministro de Ultramar Víctor Balaguer y bajo el sugerente título de ‘Exposición General de Filipinas’.

La noticia no mentía. Aquel año, un grupo de indígenas filipinos, “junto a algunos igorrotes, un negrito, varios tagalos, los chamorros, los carolinos, los moros de Joló y un grupo de bisayas” fueron ubicados en las inmediaciones del Palacio de Cristal del céntrico parque de la capital, construido precisamente para aquella exposición universal. Un auténtico zoológico humano con el que se pretendía acercar a los madrileños la cotidianeidad de las tribus lejanas que formaban parte (aunque por poco tiempo) del que tiempo atrás había sido el vasto imperio español. Antropología en estado puro que también llegó a otras ciudades españolas como Barcelona, donde en 1897 familias enteras de ashantis africanos fueron exhibidas como atracción de feria en un terreno cercano a la plaza de Cataluña.

Zoo humano | Ministerio de Cultura

En realidad, las llamadas “exposiciones etnográficas” no eran patrimonio exclusivo del imperio español, sino una moda importada de otras potencias coloniales. A lo largo de la segunda mitad del s XIX, durante el periodo conocido como Nuevo Imperialismo que se prolongaría hasta la I Guerra Mundial (1914), fueron muchos los países europeos que, en un alarde de eurocentrismo que hoy sonrojaría al más pintado, mostraron a los habitantes de la metrópoli las costumbres de los pueblos que habitaban las colonias lejanas. Sólo 13 años antes de la exposición de El Retiro, en 1874, el director de circo alemán Carl Hagenbeck comenzó a exhibir samoanos y lapones con sus tiendas, trineos e instrumental de pesca. Más tarde, y visto el éxito de su idea, paseó por varios países a una docena de hombres, mujeres y niños de la etnia chilena Káwesqar.

Luis Ángel Sánchez Gómez, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los mayores expertos de nuestro país en materia de etnografía, con numerosos artículos publicados al respecto de este tipo de exposiciones, no es partidario de usar una expresión que, más de un siglo después, sigue generando controversia.

“No me gusta la expresión 'zoos humanos'", reconoce a Tribus Ocultas. “Surgió en Francia en los años 80 y fue también allí donde se organizó hace unos años una exposición sobre el tema que insiste en usar esa expresión”, explica. “Es cierto que en algunos casos, como en Francia y Alemania, algunas exposiciones etnográficas, sobre todo las de empresarios particulares, se acercan mucho a la imagen de un zoo humano. Pero el tema es mucho más complejo que eso”.

Zoo humano | Ministerio de Cultura

Esa complejidad hay que buscarla en el contexto colonial. Una exposición realizada el pasado 2017 en el Museo Nacional de Antropología a propósito de la exposición, hacía hincapié en la necesaria reflexión sobre la manera en que se mostró Filipinas a los españoles 130 años atrás.

Dado lo delicado del asunto, desde el propio dossier de la muestra se explicaba que el objetivo de la exposición era “recordar” y no “conmemorar” lo ocurrido, “dado el cambio de actitud hacia una serie de conceptos relativos al control político y económico de territorios muy alejados del país que los ejerce”, así como “la actitud hacia las personas que habitaron”.

Y es que, aunque hoy en día resulte escandaloso, lo cierto es que en su momento nadie pareció sentirse incómodo con el hecho de que un grupo de hombres y mujeres fuera mostrado al público como animales.

“No hubo apenas protestas de nadie”, explica el profesor Sánchez Gómez al reflexionar sobre la exposición universal de Madrid. Quizá porque, frente a lo que ocurría en otros países europeos, lo de El Retiro era un juego de niños. De hecho, y en comparación con otros países, aquellos hombres y mujeres fueron tratados con algo parecido al respeto, e incluso llegaron a ser recibidos por la reina regente María Cristina.

“Es verdad que los presuntos "salvajes" vivían en el parque de El Retiro, pero los demás lo hacían en hoteles y fondas”, apunta Sánchez Gómez.

Entre los países con un pasado más vergonzante en lo que a zoológicos humanos se refiere, Bélgica -cuyo rey Leopoldo II pasaría a la historia por sus despiadadas y sádicas prácticas en El Congo- se lleva la palma. No sólo porque allí fueron mucho más populares y cruentos, sino especialmente porque el último de ellos se ubicó en la capital, Bruselas, bien entrado el siglo XX. Concretamente en 1958, diez años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Como quien dice, antes de ayer.

Con motivo de otra exposición universal que atrajó a Bruselas a 41 millones de visitantes, los organizadores dispusieron tres hectáreas de jardines tropicales en los que 400 hombres, mujeres y niños traídos del Congo -territorio 80 veces más grande que la propia Bélgica- eran exhibidos tras una valla de bambú. Si no se movían, los espectadores les lanzaban dinero o plátanos. Tras un verano especialmente frío, siete de ellos murieron de neumonía y gripe. Aquel fue el último zoo humano de la historia.

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