EL COMBATE DE LUCHA LIBRE QUE LO CONVIRTIÓ EN PRESIDENTE

EL COMBATE DE LUCHA LIBRE QUE LO CONVIRTIÓ EN PRESIDENTE

Así es cómo Donald Trump usa técnicas de lucha libre para lograr sus objetivos políticos

Antes de vencer a Hillary Clinton y convertirse en el presidente de los Estados Unidos, el multimillonario Donald Trump midió su ego en el cuadrilátero y salió igualmente victorioso. Miembro del Salón de la Fama del Wrestling desde 2013, el presidente suele apoyarse en las técnicas de la lucha libre profesional para alcanzar sus objetivos políticos.

Imagen de Donald Trump
Imagen de Donald Trump | seestrena.com

DIEGO PARRADO | @diegoparrado_ | Madrid | Actualizado el 01/08/2018 a las 16:23 horas

El pasado domingo, el presidente Donald Trump subió a su cuenta personal de Twitter un gif en el que se le veía golpeando a un hombre con el logo de la CNN sobre la cara. El gif, creado por un usuario de Reddit, partía del vídeo de un combate de wrestling en el que Trump participó en 2007 y que podría haber sido decisivo para su triunfo en las pasadas elecciones presidenciales. En la lógica del wrestling o la lucha libre profesional, encontramos precisamente las claves de su política y de conceptos como la famosa ‘posverdad’.

La noche en la que Trump casi perdió su pelo

Donald Trump nació en un ring. En enero de 2007, el actual presidente de los E.E.U.U. interrumpió uno de los shows de Vince McMahon, el magnate de la lucha libre americana, y, como si del señor Burns de los Simpson se tratara, empezó a arrojar puñados de dólares a los fans que atestaban las gradas. Celoso de su popularidad, McMahon retó entonces a Trump a una ‘Batalla de los Multimillonarios’, apostando que el perdedor tendría que raparse el pelo en directo.

Fue uno de los programas más seguidos de la WWE. El campeón de Trump, Bobby Lashley, derrotó al de McMahon, y en consecuencia el primero le rapó al segundo la melena. De haber perdido Lashley, el actual presidente de los USA habría perdido su cabellera naranja y tal vez hoy no estaría sentado en el Despacho Oval. Desgraciadamente, ganó Trump.

Fue ese mismo día cuando tuvo lugar la escena que aparece en el gif contra la CNN. A finales de los 80, Trump ya había ofrecido su hotel de Atlantic City para albergar las ediciones IV y V de Wrestlemania, pero no fue hasta ese día de enero de 2007 cuando se subió al ring y se convirtió en un personaje más de la lucha libre profesional americana. Ya nunca dejaría de serlo.

Heroes y villanos

Durante la campaña electoral que lo auparía como presidente, Trump se hizo muy famoso primero por sus prejuicios contra los mexicanos y después por sus salidas de tono sexistas. Pues bien, puede que la verborrea racista y machista de Trump hoy nos escandalice, pero lo cierto es que los mismos prejuicios que abundan en su discurso político llevan 30 años llegando a los televisores americanos a través de la WWE de McMahon.

La serie ‘Glow’ lo explica bastante bien: para que el público identifique rápidamente a los personajes que pelean en el cuadrilátero, los productores como Vince McMahon los convierten en estereotipos raciales o sociales que consigan canalizar la simpatía o el odio de los espectadores en los escasos minutos que dura el combate.

El wrestling es una representación de la eterna lucha entre el bien y el mal, y para que el público lo tenga más fácil a la hora de identificar estos dos extremos, los productores suelen elegir a personajes “extraños” a la cultura americana para encarnar a los villanos o ‘heel’.

Así, en la serie de Netflix, vemos cómo una mujer de raíces indias encarna a una terrorista libanesa y a otra a la que, por su color de piel, le toca representar el papel de la clásica mujer negra que se aprovecha de las políticas sociales del gobierno.

También, a una comunista rusa que se convierte en el rival perfecto de Miss America; el mismo mapamundi estereotipado y maniqueo, en definitiva, que parece tener en la cabeza de Trump a la hora de legislar sobre política inmigratoria o hablar de cualquier tipo de minoría.

El ‘kayfabe’ y la ‘posverdad'

También la famosa ‘posverdad’, que recientemente nuestra academia de la lengua ha definido como “toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”, está relacionada con uno de los principales pilares de la lucha libre profesional: el ‘kayfabe’.

Se trata de un concepto que tiene que ver con el paripé que no deja de ser el wrestling. Para asegurar que un combate llega con credibilidad a la conclusión deseada (la victoria de uno de los contrincantes), los guionistas del show planean y supeditan con antelación cada momento del mismo al final deseado. El wrestling, en definitiva, está construido de falsas verdades. Juntas, constituyen una narrativa: el ‘kayfabe’.

Al igual que la “posverdad’, el ‘kayfabe’ apela a las emociones del público. No importa, por ejemplo, cuál de los contrincantes sea mejor luchador, o que ‘Beirut the Mad Bomber’ sea en realidad americana y no una terrorista libanesa. En el combate de los estereotipos y las máscaras, lo importante es calentar al público o al electorado.

Otro concepto interesante en este sentido es el de ‘shoot’. Un ‘shoot’ es una acción que rompe o pone en peligro el ‘kayfabe’. Por ejemplo, un luchador que se sale de su papel o una costilla que el futuro ganador se rompe y le impide seguir luchando. También, un periodista de la CNN que intenta destapar las mentiras del presidente de los Estados Unidos.

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