La adrenalina es una hormona y neurotransmisor que se libera principalmente en momentos de estrés, peligro y excitación. La epinefrina, su nombre más técnico, se encuentra clasificada en el grupo de las catecolaminas y se produce en las glándulas suprarrenales o adrenales. Su función es ayudar al organismo, tanto a nivel físico como psicológico, a reaccionar ante una situación extrema.

Como buena herramienta de supervivencia, un chute de adrenalina produce en el cuerpo lo que los científicos denominan “superpoderes”. Con el fin de ayudar a salvar la vida, esta hormona, como se desvela en el vídeo, es capaz de provocar reacciones que aumenten significativamente varias cualidades corporales y mentales.

Todas las actividades diarias provocan una pequeña descarga de adrenalina, sin embargo dicha cantidad no es suficiente para desencadenar la totalidad sus efectos. Para sentir la sensación de bienestar consecuencia de la segregación de esta hormona, es necesario exponerse a una situación extrema. Los deportes de riesgo, como el paracaidismo o la escalada, son las causas más reconocibles de los denominados “chutes de adrenalina”. No obstante, actividades como ver una película de terror o montar en una atracción de un parque temático también ponen al cuerpo en situación de alarma.

Hay parques de atracciones que permiten meter comida y otros que no. | Max Pixel

Pero la epinefrina no es todo ventajas. Aunque puede jugar un papel crucial ante una situación de riesgo, un exceso de esta hormona también constituye un gran riesgo para la salud. Hipertensión, estrés crónico, cefaleas o ansiedad son los síntomas más comunes de un abuso de adrenalina. Además, una sobredosis considerable de dicho neurotransmisor también puede causar náuseas, mareos, insomnio, problemas de visión temporales e incluso problemas cardíacos.

Otro de los riesgos de la adrenalina es la adicción. La sensación de placer que genera su segregación puede derivar en el conocido como Síndrome de Pontius, que provoca una alteración de la percepción del peligro. Las personas que padecen esta patología comienzan a percibir como actividades normales situaciones de gran peligrosidad, poniendo en riesgo su propia vida.

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