El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biomedicina ha recaído en su séptima edición en Tony Hunter, director del Cancer Center del Salk Institute; Joseph Schlessinger, director del departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale; y Charles Sawyers, director del programa de Oncología Humana y Patogénesis del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York (los tres en EE UU). 

Como indica la nota de prensa emitida por la institución, los tres premiados han sido galardonados por “recorrer el camino que ha llevado al desarrollo de una nueva clase de eficaces fármacos contra el cáncer”.

Estos nuevos fármacos, aprobados a lo largo de la última década, se diferencian de la quimioterapia tradicional en que atacan específicamente los mecanismos que causan cada cáncer y, en consecuencia, son menos tóxicos para el paciente.

De hecho, son los primeros que resultan del conocimiento profundo de la biología del cáncer, y no de pruebas genéricas de actividad de moléculas. El imatinib, aprobado en 2001, inauguró esta nueva clase de medicamentos convirtiendo la leucemia mieloide crónica, prácticamente letal hasta entonces, en una enfermedad casi siempre tratable.

En la actualidad ya existen varias decenas de estos fármacos apodados ‘diana’, que se usan en más tipos de cáncer como pulmón, mama, melanoma y linfomas.

Según José Baselga, director médico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center y nominador de Sawyers, la contribución de los tres premiados representa “el nacimiento de la medicina personalizada contra el cáncer”.

El acta del jurado destaca que “el premio reconoce la contribución de tres eminentes científicos que han recorrido todo el camino, desde los descubrimientos más básicos de los inicios hasta las aplicaciones clínicas que hoy salvan vidas”.

En concreto Tony Hunter, en el Instituto Salk, abrió el campo con el descubrimiento, en 1979, de las tirosina quinasas, una familia de proteínas indispensables en multitud de procesos celulares vitales como la proliferación o el metabolismo.

Poco después Joseph Schlessinger descubrió cómo se activan estas tirosina quinasas. Y, posteriormente, Charles Sawyers desveló cómo interferir en su actividad cuando mutan, “permitiendo la transferencia clínica de estos conceptos básicos al tratamiento del cáncer”, prosigue el acta.

Dado que muchos cánceres humanos se deben precisamente a mutaciones relacionadas con la actividad de las tirosina quinasa, estas proteínas y las moléculas con las que interaccionan se han convertido en dianas terapéuticas.

“Se estima que aproximadamente un tercio de los esfuerzos de investigación y desarrollo en el campo farmacéutico corresponden al estudio de los receptores de tirosina quinasa y sus patrones de señalización para terapias contra el cáncer”, apunta la reseña.