El Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid ha anunciado que está desarrollando el procedimiento de extracción de plasma hiperinmune de pacientes convalecientes curados de COVID-19. Los requisitos de los donantes , que deben haber sido preiamente diagnosticados como positivos mediante PCR, son tener entre 18 y 60 años, pesar más de 50 kilogramos, tener buen estado de salud y haber estado siete días o más asintomáticos, entre otros.

Con esta iniciativa, Madrid se suma a la estrategia de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU (FDA, por sus siglas en inglés), que ha autorizado este martes a médicos de todo el país para que usen el plasma de la sangre de pacientes que se recuperaron del coronavirus para tratar a los que están en estado crítico.

Las pruebas históricas de este método “son alentadoras", opina el inmunólogo Arturo Casadevall 

La FDA anunció en su página web que este procedimiento podrá usarse solo en pacientes que están en estado crítico y cuya vida corra peligro. Además, los médicos que lo administren tendrán que pedir autorización previa.

La decisión de la agencia no es habitual porque los nuevos tratamientos suelen tardar meses o incluso años antes de ser aprobados y solo se hace cuando ha comprobado que el método es seguro y eficaz.

En esta ocasión, la FDA advierte que “aunque es prometedor, el plasma no ha demostrado ser efectivo en las enfermedades estudiadas".

El inmunólogo Arturo Casadevall, de la Universidad Johns Hopkins (EE UU), opina que esto  “no lo sabremos hasta que lo hagamos, pero las pruebas históricas son alentadoras", según las declaraciones hechas a The Associated Press.

La vacuna tardará aún “entre 12 y 18 meses”

Este experto –que  ha estado presionando a las autoridades de EE UU para conseguir la aprobación de la FDA– publicó una tribuna a finales de Febrero en The Wall Street Journal en la que afirmaba que la vacuna contra el SARS-Cov-2, “tardará entre 12 y 18 meses en llegar, pero el  plasma podría estar listo en semanas”. 

La transfusión de sangre de personas recuperadas se usó ya durante la epidemia de gripe española de 1918. También, más recientemente, en casos de SARS y ébola

El método de usar sangre de pacientes recuperados tiene más de cien años. Se usó en la primera epidemia de gripe española de 1918 y en brotes de sarampión antes de que existieran las vacunas. También ha sido probado más recientemente contra el SARS y el ébola.

El tratamiento parte de la idea de que cuando una persona enferma el cuerpo genera anticuerpos que luchan contra la infección. De esa manera, cuando se recupera, los anticuerpos quedan flotando en su sangre, especialmente en el plasma, que es la parte líquida.

El tratamiento consiste en recoger esos anticuerpos que quedan flotando en el plasma para administrárselos al enfermo y ayudarle a luchar contra el virus.

Acuerdo entre Grifols y la FDA

Por otro lado, la multinacional farmacéutica española Grifols anunció ayer un acuerdo con la autoridad estadounidense de Desarrollo e Investigación Biomédica Avanzada (BARDA), la FDA  y otros organismos federales de salud pública para recoger plasma de pacientes recuperados del COVID-19, procesarlo y producir inmunoglobulinas hiperinmunes.

El acuerdo también contempla la colaboración en el desarrollo de estudios preclínicos y clínicos necesarios para determinar la eficacia de la terapia con inmunoglobulinas hiperinmunes antiSARS-CoV-2 para tratar el COVID-19, señala la firma en su comunicado.