El proyecto Djehuty tiene como objetivo la excavación, restauración y publicación de una zona de la necrópolis de la antigua Tebas. El último descubrimiento del equipo, que lidera el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha sido un ataúd antropomorfo de la dinastía XVII del Antiguo Egipto (hace unos 3.600 años) en la colina de Dra Abu el-Naga, en Luxor (Egipto).

En el interior descansaba sobre el costado derecho la momia de una mujer de unos 15 o 16 años y 1,59 metros de altura con su ajuar: dos pendientes, dos anillos y cuatro collares, uno de ellos de gran valor.

“Sorprende la riqueza del ajuar para una persona tan joven y con un ataúd relativamente modesto”, dice el investigador José M. Galán

El ataúd, de madera pintado de blanco, ha sido descubierto a unos metros del patio de entrada a la tumba-capilla de Djehuty (supervisor del Tesoro y de los trabajos artesanos de la reina Hatshepsut), junto a una pequeña capilla hecha en adobe del año 1600 a. C. Fue tallado en un solo tronco de árbol, probablemente sicomoro, y mide 1,75 de alto por 0,33 de ancho.

Según los investigadores, fue abandonado sobre el suelo por saqueadores de tumbas en época antigua. A pesar de ello, fue dejado con cierto cuidado y sin abrir.

Una momia muy enjoyada

Tras realizar una radiografía a la momia dentro de su ataúd, los arqueólogos descubrieron que llevaba dos pendientes en la oreja izquierda y dos anillos (uno en cada mano), uno de hueso y otro de vidrio azul con un engarce y un cordel alrededor del dedo. Sobre el pecho se habían colocado, formando un pequeño montón, cuatro collares de entre 61 y 70 centímetros de longitud. Dos de ellos están hechos con cuentas de fayenza (un tipo de cerámica artesanal con acabado vidrioso) de distintos tonos de azul. Un tercero combina cuentas de fayenza con cuentas verdes de vidrio.

“El cuarto es el más elaborado y valioso, pues está formado por 74 piezas de distintas formas talladas en amatista, cornalina y otras piedras semipreciosas que todavía no han sido identificadas, además de vidrio, y siete amuletos de fayenza. Un halcón de ámbar, representando al dios Horus, parece haber sido la figura central, flanqueado por dos escarabeos (amuletos egipcios con forma de escarabajo pelotero). Sorprende la riqueza del ajuar para una persona tan joven y con un ataúd relativamente modesto”, destaca José Manuel Galán, investigador en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (del CSIC) y coordinador del proyecto Djehuty.

“El porcentaje de enterramientos infantiles y mujeres es también más elevado que en otras partes de la necrópolis”, explica Galán

En la zona de la necrópolis donde se han desenterrado estos objetos se ordenó enterrar a al menos tres reyes de la dinastía XVII y, junto a ellos, a algunos miembros de sus familias y cortesanos de la época residentes en Tebas.

“En el yacimiento se ha hallado hasta la fecha una docena de ataúdes dejados sobre el suelo sin protección alguna, algo inusual. Además, el porcentaje de enterramientos infantiles y mujeres es también más elevado que en otras partes de la necrópolis”, detalla Galán.

Joyas

Joyas halladas en las excavaciones. / CSIC

Un pequeño ataúd dedicado a Djehuty

Al otro lado de la capilla de adobe, ha sido hallado un pequeño ataúd de barro, de 22 centímetros de largo por 15 de ancho, que todavía conservaba anudada la cuerda con la que se pretendía que permaneciera cerrado.

En su interior se había depositado una figurilla humana de madera (shabti) envuelta en cuatro vendas de lino anudadas por el cuello y los tobillos. Las cuatro telas son distintas y una de ellas lleva una inscripción en horizontal, en escritura hierática con tinta negra y caracteres cursivos, que identifica al propietario como “El Osiris, Djehuty”. Esa misma etiqueta fue escrita en vertical sobre la parte delantera del cuerpo de la figurilla momiforme.

Los arqueólogos también encontraron otro ataúd que conservaba anudada la cuerda con la que se pretendía que permaneciera cerrado

“Djehuty era un nombre relativamente popular entre 1600 y 1400 a. C. En este caso, la datación debe situarse en torno al año 1600 a. C., es decir, más de cien años antes de la existencia del personaje que da nombre al proyecto y que se hizo enterrar en una gran tumba no muy lejos del lugar de hallazgo del pequeño ataúd y su momia en miniatura. La tumba o la capilla a la que debe asociarse este último es todavía una incógnita”, explica el investigador.

Sandalias, bolas de cuero y objetos de metal

En la misma zona del yacimiento, pero esta vez dentro de un pozo funerario, los arqueólogos hallaron durante la campaña del año pasado un par de sandalias de cuero teñidas y con la decoración repujada (trabajada en panchas de metal para obtener figuras en relieve), incluyendo una pareja de gatos, cabras Ibex, una roseta, la diosa hipopótamo Toeris/Taweret y la figura del dios Bes.

Por su tamaño y la presencia de dos divinidades asociadas a la gestación y el parto, las sandalias podrían haber pertenecido a una mujer que debió de vivir en torno al año 1600 a. C. Justo debajo de las sandalias, se ha descubierto una pareja de bolas de cuero rellenas de cáscara de cebada, unidas entre sí por un cordel. Podrían haber formado parte también de los bienes funerarios de una mujer.

De una época posterior (de la dinastía XX, en torno al año 900 a. C.), el proyecto ha sacado a la luz dos objetos de metal dentro del cuerpo de dos momias que habían sido descuartizadas y abiertas violentamente por los saqueadores en época antigua.

El par de sandalias que también hallaron podría pertenecer a una mujer que vivió en torno al año 1600 a. C  

“Paradójicamente, lo que buscaban con mayor ansia los ladrones, que era el metal y las piedras semipreciosas, fue los que no vieron por actuar demasiado rápido y con muy poca iluminación. Uno de los cuerpos conservaba todavía en su lugar una placa de estaño con el Ojo de Horus grabado en una de las caras, el cual protegería el cuerpo de la putrefacción. El estaño era en aquella época un metal valioso por ser muy escaso y son muy pocas las placas de este tipo que han sido halladas in situ”, explica Galán.

En el segundo cuerpo, en el lugar del corazón, se había colocado un puñado de tierra amarillenta y, sobre este, un collar de ocho plaquitas de plata recubiertas de oro. El collar debió de pasar desapercibido a los ladrones porque los encargados de la embalsamación derramaron resina sobre él, ennegreciendo así el oro. Las ocho plaquitas llevan cada una grabado un amuleto que, supuestamente, protegería de distintos males a quien lo llevara colgado al cuello. Tras limpiar de resina las placas, el collar ha vuelto a brillar como antaño.

Sandalias

Sandalias halladas en las excavaciones. / CSIC

Instalación de la réplica de un jardín funerario

La última campaña de esta misión arqueológica ha supuesto también la instalación de una réplica de un jardín funerario descubierto por los arqueólogos del proyecto en 2017, a la entrada de una gran tumba del año 2000 a.C. Cada uno de los cuadrados en que se dividía este jardín de barro y adobe, conocido solo por la iconografía, conservaba los restos de plantas de hace 4.000 años.

Como se trata del único jardín funerario de este tipo bien conservado y documentado hasta la fecha, el proyecto, gracias a la financiación del American Research Center in Egypt (ARCE–USAID), encargó la realización de una réplica exacta del jardín en Madrid, en colaboración con Factum Arte. Esta fue trasladada a Egipto y ha sido montada sobre la estructura rígida que cubría y protegía el jardín original.

“Cuando dentro de un par de años los visitantes se acerquen a disfrutar de la decoración interior de la tumba-capilla de Djehuty y de su vecino Hery, podrán contemplar esta réplica de una de las estructuras más significativas de la necrópolis”, dice Galán.