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¿A LA ENÉSIMA VA LA VENCIDA?

Por qué Google (esta vez sí) debería comprar Twitter

No es ni mucho menos la primera vez que suenan las campanas de boda. En horas bajas, parece que Twitter busca un matrimonio y Google es el pretendiente más apuesto. Pero, ¿qué puede ver el buscador que justifique la factura multimillonaria de la boda?

La red social preocupa un poco a los inversores

TecnoXplora Usuarios tuitean desde su móvil

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David G. Ortiz | @gomezortiz | Madrid
| 29.09.2016 07:30

Parece que Twitter está en venta. Según las noticias que se han ido publicando, compradores no le faltan. Se la queda Google. No, Salesforce. O podría ser Microsoft. O incluso Disney. El caso es que la red social de los 140 caracteres, incapaz de hacer dinero y con un liderazgo cuestionable (su CEO, Jack Dorsey, es también el máximo responsable de otra empresa llamada Square que está a punto de salir a Bolsa) no pasa por su mejor momento.

Su baza más segura para coger aliento y librarse del influjo de los inversores podría ser la adquisición por parte de un gigante con recursos. Novias no le faltan. Para la boda, si es que se produce, aún no hay fecha. Podría ir para largo. De entre los pretendientes que se le presumen, eso sí, hay uno que parece el más indicado: el favorito de las suegras. Google tiene un buen puñado de razones para estar enamorado de Twitter.

Soltero no se hacen amigos

Google es famoso por su incapacidad para triunfar en el negocio de las redes sociales. Lo intentó sin éxito con Orkut (principios de 2004), con Jaiku (una plataforma parecida a Twitter que compró en octubre de 2007), con Wave (mayo de 2009), con Buzz (febrero de 2010) y con la única que sigue viva, aunque cabe dudar si coleando, Google+.

Como admitió el propio Eric Schmidt, que estuvo al frente del todopoderoso buscador durante algunos de sus años más prósperos, “el mayor error que cometí fue no anticipar el éxito del fenómeno de las redes sociales”. Con la compra de Twitter y sus 300 millones de usuarios activos mensuales podrían subsanar aquel dislate, aunque plantar cara a Facebook sea complicado a estas alturas.

La boda saldría más barata ahora

Desde hace muchos años, incluso antes de que Twitter saliera a Bolsa, los rumores de compra por parte de Google resurgen de manera periódica, como si los analistas estuvieran más interesados en ver la operación consumada que las propias compañías. Entre una y otra (supuesta) tentativa, sólo cambia una cosa: el precio.

Cuando se hablaba del tema en 2009, pocos años después de que la red social se fundara, las estimaciones rondaban los 250 millones. Quizá era demasiado pronto. En 2011 la cifra ya ascendía a los 10.000 millones, muy por encima de lo que se pagaba por las emergentes de la Red -Facebook aún no había comprado Instagram por 1.000 millones, una suma aparentemente descabellada que ahora parece calderilla-.

A mediados del pasado 2015 se especulaba que el buscador tendría que poner sobre la mesa unos 50.000 millones si quería quedarse al pajarito, más del doble de lo que Zuckerberg pagó por WhatsApp. Ahora se habla de unos 30.000 millones. En comparación, una ganga: no olvidemos que Microsoft acaba de pagar 26.200 millones por LinkedIn.

Google oficinas

Juntos pueden ganar mucho dinero

Si el matrimonio fuera un negocio (y, oye, a veces lo es), Twitter y Google serían la pareja perfecta. Los problemas de la red social para hacer caja podrían terminarse. El rey de la publicidad en la Red tiene el prestigio, las herramientas, los conocimientos y los contactos necesarios para hacer que los anuncios en la plataforma de los 140 caracteres funcionen.

Las ventajas para el gigante también son evidentes. La publicidad tradicional (la de los ‘banners’) está de capa caída: el coste por clic que los anunciantes pagan a Google se ha reducido un 30% en los últimos cuatro años, lastrado por el incremento del acceso a través de dispositivos móviles y los nuevos formatos publicitarios -más efectivos- de las redes sociales (con Facebook y sus filiales a la cabeza).

Twitter sacaría lo mejor de Google

Aunque resulta fácil olvidarlo en los tiempos que corren, la multinacional ahora conocida como Alphabet comenzó siendo un buscador. Aún es el más popular del mundo, la absoluta referencia de los internautas, pero el advenimiento de una era de asistentes personales (Siri, Alexa, Facebook M) amenaza con robarle parte del protagonismo. El día de mañana, si todo sigue por estos derroteros, las consultas se las haremos a un robot.

Del éxito que tenga Google con la inteligencia artificial puede depender en gran medida su hegemonía en el futuro de las búsquedas. ¿Y qué mejor para entrenar a sus algoritmos que la gigantesca base de datos actualizada por los propios usuarios en tiempo real que es Twitter?

Buena parte de las preguntas que formularemos a los asistentes virtuales tendrán un componente de inmediatez. Y las respuestas estarán ahí, en Twitter, publicadas con la mayor celeridad por esa red inmensa de corresponsales que llega a casi todas partes.

Los hijos serían una auténtica monada

El único acierto de Google en lo que respecta a redes sociales fue comprar YouTube. Sin embargo, su trono del audiovisual se está viendo amenazado por la moda del directo y la espontaneidad de las redes sociales. Los vídeos funcionan en Facebook por la inmediatez y porque los espectadores los encuentran por casualidad mientras cotillean los perfiles de sus amigos. En Snapchat, poco más o menos lo mismo.

En el primer frente, Twitter aporta Vine y Periscope, dos productos con cierto tirón que pueden ayudar a Google a competir en la carrera por el vídeo corto y rápido. En el segundo campo de batalla, el del descubrimiento, la red social aporta ese lugar que visitamos cada día en busca de lo nuevo, sea lo que sea.

La pregunta que queda hacer es si, más allá de lo que cuentan los medios, la compra llegará a fraguarse en algún momento.

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