Ponte en situación. Salta la noticia, alguien la tuitea y cientos o miles de personas comienzan a retuitearla, mientras otras tantas se estrujan el cerebro en busca de un mensaje ingenioso y viral con el que obtener su minuto de gloria y sólo algunas procuran aportar algo nuevo, valioso o interesante. Es la primera avalancha informativa, de la que, entendiendo Twitter como una competición, sólo los más rápidos lograrán sacar provecho.

El 20% de las noticias aparecen en Twitter antes que en los grandes medios de comunicación, según constata un reciente estudio académico. Y está claro que sucede así sobre todo con los acontecimientos de última hora, algo que podemos comprobar en base a nuestra propia experiencia en la red social de los 140 caracteres, que se ha convertido en un foro público donde informarse y discutir acerca de la actualidad en tiempo real, casi al mismo tiempo que sucede.

Es ahí donde brotan como setas los oportunistas, verdaderos expertos en pulsar el ánimo de sus congéneres internautas y darles lo que piden: algo gracioso que retuitear de inmediato. Y para eso no hay nada como un buen perfil. Hay cuentas de todo tipo, desde auténticas genialidades -como la gaviota del Vaticano- hasta desvergüenzas desafortunadas que surgen al calor de una tragedia, como los perfiles suplantando a los hermanos Tsarnaev tras el atentado de Boston o al maquinista del tren tras el accidente de Santiago. Pero todas tienen algo en común: su gloria dura tanto como el tirón del suceso informativo que las precede.

El fenómeno está enormemente extendido en los Estados Unidos, donde prácticamente todo es susceptible de dar lugar a una cuenta falsa. Una de las más célebres y divertidas de los últimos tiempos es @SnowdensSeat, que encarnaba al asiento vacío de Edward Snowden durante el vuelo de Moscú a La Habana en el que supuestamente viajaba el excontratista de la NSA.

La cuenta era graciosa, pero dejó de actualizarse el 12 de julio, menos de dos semanas después de su creación, tras haber agotado todos los chistes sobre la decepción de los periodistas, la duración del viaje y la ausencia de bebidas alcohólicas en el avión.

La gran mayoría de los perfiles falsos corren esa misma suerte y un claro ejemplo son los de los Oscar, que ya se han convertido en una tradición y se repiten año tras año. El bigote de Bradley Cooper (ya cerrado), el pezón de Jennifer Lopez y la pierna de Angelina Jolie (con decenas de miles de seguidores) coparon las 'timelines' de la edición 2012, mientras que en 2013 fue Anne Hathaway la que sufrió las consecuencias de una combinación de mentes sucias, una noche fría y un vestido demasiado ceñido. Como era de esperar, todos ellos llevan meses inactivos y no tienen visos de resucitar.

En España, por supuesto, también tenemos nuestros propios oportunistas. Tres buenos ejemplos recientes son los perfiles falsos del hermano de Juan Cotino tras la pifia del polÌtico en 'Salvados', los suplantadores del Tata Martino tras anunciarse su fichaje como entrenador del Barça y los imitadores de Bárcenas, que todavía tienen cuerda para rato.

Ahora que la inmediatez se ha impuesto en el consumo de noticias, hasta el humor disputa la carrera por llegar primero al reparto de retuits. La calidad parece que no importa y es probable que la situación se esté yendo de las manos, sobre todo cuando hay tragedias de por medio, con víctimas y familiares que están pasando por el peor momento de sus vidas. Tal vez, para evitar disgustos, haya que rescatar del refranero aquello de "vÌsteme despacio que tengo prisa" y "los últimos serán los primeros". @_findelacita.