Como casi todos hemos compartido piso alguna vez, no nos cuesta mucho identificarnos con los protagonistas de esta historia, ni comprender por qué es tan necesario organizarse para que la convivencia no sea un absoluto caos. ¿A quién le toca hoy poner la lavadora? ¿Por qué no me has avisado de que se ha acabado la sal si sabías que iba al 'súper'? ¿Habéis pagado ya el alquiler de este mes? Tantas y tantas preguntas que suelen llevar aparejadas sus consiguientes discusiones. Con el tiempo acabas recordándolo como algo bonito, pero en ese momento... ¡Sapos y culebras!

El caso es que un grupo de jóvenes desarrolladores estadounidenses, que han sufrido en sus propias carnes estos mismos problemas, se han puesto manos a la obra para atajarlos de raíz. Y su idea no es enormemente innovadora ni futurista a nivel técnico, pero es de una sencillez que da gusto y recuerda a las soluciones improvisadas de cualquier piso compartido: calendarios de tareas colocados con un imán en la nevera, mensajes sobre la cara limpia de un folio usado, recordatorios vía email... En fin, qué os vamos a contar que no sepáis vosotros.

Pues todo esto –y poco más, porque realmente no hace falta– es lo que incluye HomeSlice, la red social para 'roomies' (compañeros de piso), que hace del minimalismo para la planificación cotidiana su razón de ser y puede facilitar bastante la convivencia en un hogar alquilado. Es la teoría de la larga cola aplicada a las redes sociales y llevada a su máximo exponente: identificar un grupo de usuarios al que nadie haya apelado y diseñar productos a medida. En este caso, el para nada reducido nicho de los jóvenes que recurren a compartir vivienda como solución habitacional de bajo coste.

La app lleva poquito tiempo disponible, pero ya ha captado la atención de un buen puñado de usuarios. El pasado 23 de enero, sus creadores anunciaban a través de Facebook que habían sumado 700 descargas y 11.000 visitas a su web en un solo día y se fijaban como reto alcanzar las 50.000 descargas a finales de marzo. No estaría nada mal, teniendo en cuenta que se encuentran todavía en una fase muy inicial y que no se trata de una red generalista.

¿Y qué me voy a encontrar si descargo HomeSlice? Básicamente, cuatro grandes secciones: 'chores' (tareas), 'bills' (facturas), 'supplies' (provisiones) y 'whiteboard' (una pizarra o tablón para dejar mensajes a tus compañeros de piso).

'Chores' funciona como una lista de tareas convencional, a la que cada compañero puede añadir nuevos elementos o marcar los ya existentes como completados si se ha hecho cargo de la faena. Hacer la colada, fregar los platos, sacar la basura... Un lugar donde dejar constancia de los quehaceres que corresponden a cada inquilino.

'Bills' también es bastante autodescriptiva: sirve para tener controlados los recibos que haya que pagar (alquiler, luz, agua, gas, internet...) y para dejar constancia cuando se haya hecho. Lo mismo con 'supplies', que viene a ser la lista de la compra de toda la vida. Y la pizarra sustituye a las notitas que solemos dejar en la nevera o encima de algún mueble de la casa. Todo muy intuitivo y de sentido común.

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¿Qué echamos en falta? Que ahora que están tan de moda, los hogares inteligentes dispusieran de alguna integración con los electrodomésticos más comunes de una vivienda, por ejemplo la nevera. Así el aparato se encargaría del trabajo sucio y los inquilinos no tendrían ni que estar pendientes de si quedan o no huevos para hacer una tortilla. Ahí va ese guante, a ver si lo recogen.

La app ya se encuentra disponible tanto en Android como en iOS y la empresa ha entrado a formar parte de la aceleradora/incubadora HotHouse (San Luis Obispo, Estados Unidos), que ayudará con recursos y asesoría a sus fundadores a sacar adelante su proyecto.

Y ahora la pregunta es: ¿tienen futuro? Pues depende de lo de siempre: ¿Lograrán cautivar a los usuarios? ¿Serán capaces de encontrar un modelo de negocio viable (de momento, ni rastro) que les lleve más allá de las primeras rondas de inversión? ¿Se interesará por ellos alguna gran empresa? Por si acaso, quédate con sus nombres, que podrían volver a sonar.