Un estudio de la Universidad de Washington y el Instituto de Investigaciones del Hospital de Niños de Seattle en Estados Unidos revela que las tecnologías digitales hacen más fáciles las conversaciones sobre conductas peligrosas como la autolesión, la anorexia o la bulimia.

Además, las etiquetas en las redes sociales han hecho que las comunicaciones secretas que mantenían los adolescentes o los miembros de un grupo se hayan vuelto planetarias. Según la directora de esta investigación, muchos adolescentes se sienten parte de estas comunidades online que se forman alrededor de las etiquetas y ese sentimiento de pertenencia refuerza sus conductas dañinas.

Las palabras que utilizan estos hashtags no son evidentes para no ser descubiertos. Por ejemplo en Instagram, para hablar de las autolesiones como las quemaduras y los cortes en la piel, utilizan #selfharmmm, la palabra inglesa que significa ‘autolastimarse’ junto a dos emes más al final.

También cambian ligeramente los términos para no ser descubiertos. Por ejemplo, para hablar de cortes, usan #cat (ce, a, te) en vez del vocablo correcto, #cut (ce u te). Sin embargo, son muchos quienes los conocen. Los investigadores encontraron bajo esta etiqueta más de 44 millones de publicaciones en 2014 y más de 56 millones en 2015.

El estudio reveló que los adolescentes usan nombres de personas para referirse a enfermedades mentales. Para hablar de la depresión usan #Deb, para la ansiedad #Annie y para el trastorno obsesivo compulsivo #Olive.

Los responsables de la investigación dicen que los hashtags también ofrecen una oportunidad para combatir estos hábitos peligrosos, porque la puerta está abierta a cualquiera: utilizando esa etiqueta también se puede introducir contenido que les haga reflexionar sobre esa conducta dañina.