Cada día se suben unos dos mil millones de fotografías a Facebook y la red social tiene ojos para todas ellas... e incluso para unas cuantas más: recientemente, los de Zuckerberg anunciaron que espiarán la galería de fotos de tu smartphone para sugerirte a quién debes enviarle cada imagen a través de su aplicación de mensajería instantánea en base a los rostros que aparecen en ellas.

Sin embargo, la capacidad de Facebook para utilizar su sistema de reconocimiento fácil aún va más allá: el vicepresidente de ingeniería de la red social, Jay Parikh, ha adelantado que pronto todos los padres que compartan una imagen en la que aparezcan sus hijos serán advertidos, por si se trata de un error.

Muchos padres respirarán aliviados porque la red social les advertirá del accidente y podrán evitar que el rostro de sus hijos esté pululando por Facebook. Sin embargo, otros tantos progenitores se preguntarán, con razón, cómo reconocen los algoritmos de la red social los rostros de sus vástagos y si los tienen almacenados en su base de datos.

Efectivamente, si Facebook implementa todas esas nuevas herramientas es porque conoce al detalle la cara de sus usuarios y del entorno de estos: tus hijos, tus amigos y familiares están en la memoria de la red social, que cada vez es más inteligente.

Gracias a DeepFace, su sistema de reconocimiento facial, Facebook es capaz de identificar un rostro en el 97,25% de los casos, un porcentaje muy similar al del propio ser humano.

El ojo que todo lo ve

Aunque el objetivo al reconocer una cara sea diferente en función de la empresa que lo aplique, el funcionamiento de estos sistemas es esencialmente el mismo: se rastrea la foto para identificar al ser humano en cuestión y los rasgos que indican que en ella hay una cara, se determina su posición para alinearla y extraer las características que  diferencian unos rostros de otros y, por último, el algoritmo los clasifica.

Es en ese último paso, en el de la clasificación, donde se encuentra el potencial de un sistema de reconocimiento facial y, en concreto, el de Facebook. DeepFace ha sido entrenado con cuatro millones de fotografías correspondientes a casi 4.000 personas distintas.

Además, este sistema utiliza un modelo tridimensional de cada una de las personas de las imágenes para rotar su rostro y que el algoritmo conozca bien cada uno de sus ángulos. Así, aprendiendo cómo somos desde cualquier punto de vista, el reconocimiento en futuras imágenes será aún más sencillo.

Por si fuera poco, en el laboratorio de inteligencia artificial de Facebook han creado también un algoritmo que sería capaz de reconocernos en las fotos incluso cuando nuestras caras no aparecen en la imagen, es decir, estando de espaldas a la cámara o con la cara tapada. Y ojo, porque este revolucionario sistema acierta en el 83% de las ocasiones.

Más allá de los útiles usos que Facebook hace ya de su sistema de reconocimiento facial para facilitar que los usuarios etiqueten a sus contactos en una foto o que permitirán evitar que compartamos la foto de un menor por error, lo preocupante es lo que la red social pueda hacer con todas esas imágenes que almacena y memoriza para que sus algoritmos sean cada vez más inteligentes.

En ese sentido, los términos y condiciones de la red social, esos que aceptamos sin leer al darnos de alta, dejan claro que todas las fotos forman parte de esa ingente cantidad de datos personales que cedemos a Facebook.

Además, aunque es posible limitar el uso publicitario y comercial que la red social hace de nuestras fotos -para “asociar tu nombre y la fotografía de tu perfil al contenido comercial, patrocinado o similar (como una marca que te gusta)”-, lo cierto es que los usuarios no pueden decidir si quieren que su rostro sea analizado y memorizado por los algoritmos de Facebook.

Así, lo único que se puede hacer para evitarlo es no compartir fotos de nuestras caras, aunque la tecnología ya permita reconocernos hasta de espaldas. Parece que no queda otra que asumirlo: Facebook conoce nuestras caras y se ha quedado con ellas.