Si te decimos que en el epicentro del terremoto tecnológico, en Silicon Valley y San Francisco, se está librando la enésima batalla de la lucha de clases, seguro que no te suena a nada nuevo. Hace ya tiempo que la presencia, cada vez mayor, de empleados de multinacionales como Google, Apple o Facebook genera tensiones con los viejos ciudadanos, que ven como el nivel de vida se encarece y sus sueldos, ridículos en comparación con los de sus nuevos vecinos, están muy lejos de ser suficientes para llegar a fin de mes.

La 'invasión' de los 'silis' (como han dado en bautizar a estos nuevos ricos) también tiene sus cosas buenas, por supuesto: reactiva la economía y pone en el mapa ciudades como Mountain View, Cupertino, o Menlo Park, cuyos nombres ni nos sonarían si no fuera porque albergan las sedes de los tres gigantes tecnológicos citados.

Tampoco hubiéramos oído hablar de la palabra inglesa 'gentrification', a pesar de que en español también existe gentrificación. Viene a ser lo mismo que aburguesamiento y hace referencia al proceso social y demográfico por el que los habitantes de un sector pobre y deteriorado de una ciudad se ven desplazados de forma progresiva por la llegada de un grupo de gentiles (otra forma de decir burgueses) con mayor poder adquisitivo. La zona cobra vida de nuevo, sí, pero sus gentes se quedan fuera del círculo virtuoso.

En enero, las diez áreas metropolitanas de Estados Unidos que albergan la mayor parte del tejido empresarial tecnológico vieron cómo sus alquileres subían un 5,7%, frente a un aumento medio del 3,3% en las grandes ciudades del resto del país. San Francisco encabezaba la lista con un 12,3% de incremento, con pisos de dos dormitorios que alcanzaban los 3.350 dólares de alquiler al mes. Inasumible para los que cobran un salario modesto, muy lejos de las mareantes cifras que ingresan los ingenieros de las tecnológicas.

A todo esto, que para muchos ya es sangrante, se suma una medida que las autoridades ven como una solución a los problemas y los ciudadanos como el enésimo obsequio a los privilegiados que viene a incrementar las desigualdades: San Francisco ha concedido a Twitter una rebaja fiscal a cambio de que mantenga sus oficinas en la ciudad.

La cosa viene de lejos. Concretamente, de principios de esta década. Las autoridades de la ciudad aprobaron un nuevo impuesto sobre las nóminas, algo especialmente doloroso para las empresas tecnológicas, que a menudo tienen que contratar a un gran número de empleados antes de ingresar un solo dólar. Era el caso de la red de microblogging, que tras el anuncio comenzó a contemplar la idea de mudarse a alguna ciudad de las afueras, donde la factura fiscal es más barata.

Y eso San Francisco no podía permitirlo, sobre todo porque Twitter no era la única que amenazaba con irse. Dolby o Square también estaban buscando nueva sede. Así que Ed Lee, el alcalde elegido en enero de 2011 gracias al apoyo del 'lobby' de las tecnológicas, decidió tomar cartas en el asunto e instauró lo que ahora se conoce como la “exención Twitter”.

“Estoy absolutamente convencido de que Twitter se hubiera marchado de la ciudad. Hubiéramos perdido no solo los trabajos que ya tenían”, explicaba Lee a la revista Time en diciembre, “sino también los que esperaban crear”. Lo cierto es que llevaba su parte de razón: no solo Twitter, Dolby y Square se quedaron en San Francisco, sino que además se instalaron empresas como Spotify.

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Por otro lado, el acuerdo para la rebaja fiscal llevaba asociado un compromiso por parte de las tecnológicas, que deben proponer y llevar a cabo diversos programas en beneficio de la comunidad. La propuesta de Twitter para 2014, por ejemplo, incluye labores de voluntariado por parte de sus trabajadores, asistencia legal 'pro bono' en procedimientos de deshaucio y más de 350.000 dólares en donaciones.

Pero la gente no se lo traga. Las protestas se suceden y los manifestantes afirman que estos programas no son más que una cortina de humo para ocultar lo verdaderamente importante: una empresa que ha creado 1.600 nuevos millonarios de golpe con su salida a Bolsa está recibiendo un trato de favor palpable por parte de las autoridades. Y los sanfranciscanos, mientras tanto, ven como los precios suben y cada vez es más difícil llegar a fin de mes.

Las tensiones se hicieron visibles por enésima vez hace tan solo unas semanas cuando se presentó la web Link-SF, que pretende poner a disposición de los más necesitados albergues, lugares donde obtener comida y atención médica. Y, claro, a muchos les ha parecido grotesco que esta iniciativa forme parte del programa que la empresa tecnológica Zendesk está obligada a poner en marcha para librarse de pagar impuestos.

Pero, entonces, ¿se quejan por la rebaja fiscal o la raíz del problema hay que buscarla más allá de una medida o una propuesta concreta? Sin duda la exención caldea aún más el ambiente, pero el verdadero problema es el de siempre: los nuevos ricos de la industria tecnológica están desplazando a los humildes habitantes de ciudades como San Francisco. Y eso, como casi todo en esta vida, tiene su parte buena y su parte mala.