¿Conoces Snapchat? ¿Te suena al menos? Tal vez seas usuario, tal vez algún amigo te haya hablado de esta red social o incluso es posible que hayas leído sobre ella a cuenta de la eterna polémica del 'sexting'. ¡¿Sexting?! Sí, sí... Snapchat es famosa por eso. Básicamente, permite enviar textos, fotos, vídeos y/o dibujos –conocidos como 'snaps'- a una lista cerrada de receptores y especificar el tiempo que tienen para abrirlos. Pasado ese plazo, el mensaje desaparecerá sin dejar huella.

Añade a cada formato el adjetivo "picantes" y entenderás a qué viene tanto revuelo. No obstante, sus creadores lo consideran injustificado y siempre han tratado de quitarse el sambenito, mientras los expertos en seguridad advertían de lo que debería ser obvio: nada desaparece sin dejar huella y guardar las pruebas es tan sencillo como que el receptor haga un pantallazo.

Dicho esto, vamos al meollo de la cuestión: ahora puedes hacer exactamente lo mismo en Twitter. ¿Cómo? Gracias a Spirit, un servicio desarrollado por Pierre Legrain, antiguo empleado de la red de los 140 caracteres. Su funcionamiento es muy sencillo. Entras a la página, das tu consentimiento para que la aplicación pueda acceder a tu cuenta y ya puedes empezar a enviar tuits etiquetados con 'hashtags' del tipo #10m #6h #4d, que se autodestruirán pasado ese número de minutos, horas o días.

Vale, ya te habrás dado cuenta de que hay una diferencia con respecto a Snapchat. Efectivamente, no puedes elegir los destinatarios. Eso ya es pedir demasiado... Como sabes, los mensajes en Twitter son públicos por defecto a no ser que eches el infame candadito. Así que olvídate del 'sexting'...

Y entonces, ¿para qué sirve?

No sé si te habrá ocurrido ya alguna maldad o más bien te estás estrujando el cerebro para encontrarle una finalidad benéfica, pero Legrain ya ha dado algunas pistas que pueden resultarte útiles (en cualquiera de los dos casos).

Una de ellas es para los meteorólogos, aunque seguro que se te ocurre una forma de adaptarla a tu profesión. A veces sucede que hacen una predicción y la gente sigue retuiteándola cuando ya ha dejado de tener sentido. Ahora con Spirit pueden determinar por cuanto tiempo se mantendrá vigente y evitar que se difunda tarde.

Otro caso, algo más cotidiano. Piensa en los tuits que incluyen geolocalización, por ejemplo los que parten de un 'check-in' en Foursquare. Normalmente, a no ser que sea tu casa o tu centro de trabajo, sueles compartir tu ubicación cuando estás en lugares donde vas a permanecer un periodo relativamente corto de tiempo: un restaurante, una tienda, un parque... Por lo tanto, puede que tenga sentido programar el tuit con Spirit para que desaparezca cuando vayas a marcharte. Por ejemplo: “Tomando unas cañas en Casa Manolí #4h”. Aunque bien sabido es que esas cosas se alargan...

Ojo, que hay más miga

Spirit no es el primer servicio, ni el único, que ofrece a día de hoy la posibilidad de mandar mensajes autodestructivos. También está Efemr, que viene a hacer lo mismo con la diferencia de que tiene gestor propio y una versión de pago con la que te ahorras poner el hashtag. ¿Y entonces por qué hemos empezado por Spirit? Porque tiene una peculiaridad de lo más interesante: como decíamos, su fundador es un antiguo empleado de Twitter... y no un empleado cualquiera.

Resulta que el señor Legrain, según se lee en su perfil de LinkedIn, trabajaba en el departamento de marketing de la red de los 140 caracteres y tomó parte en el nacimiento de los tuits patrocinados, las tendencias patrocinadas, las cuentas patrocinadas y las analíticas de Twitter. Conoce perfectamente el modelo de negocio que los de San Francisco están tratando de implantar y sabe mejor que nadie cómo funcionan las cuentas de la compañía.

Entonces, ¿por qué lanza un servicio que parece apuntar a la línea de flotación de Twitter? Si lo piensas, va justo en la dirección contraria a la ruta que Costolo y los suyos están tratando de seguir. La clave de la futura rentabilidad de Twitter está en su capacidad de analizar el contenido que publican sus usuarios y ofrecer a los anunciantes información privilegiada sobre la evolución en tiempo real de sus intereses, la temática de sus conversaciones y lo que están haciendo en cada momento. Con Spirit, todos esos datos simplemente se desvanecen. Qué mal rollo, ¿no?