Si eres biofísico y dedicas tu jornada laboral a resolver complejos problemas para la NASA es de suponer que tus (¿escasos?) momentos de ocio los dedicarás a algún tipo de afición menos exigente. O no, porque al fin y al cabo eres un tipo sesudo con grandes inquietudes, que deja a la gente con la boca abierta cuando cuenta que se dedica a diseñar los hábitats que en el futuro permitirán a los humanos colonizar Marte.

Ese es el trabajo de Josiah Zayner, que cuando no está decidiendo cómo serán las viviendas marcianas por las que se hipotecarán los hijos de los hijos de nuestros nietos, se pone a analizar las conversaciones que, en este pequeño pedazo de la galaxia, mantenemos los terrícolas. Estudiar las nuevas formas de comunicación que ha traído consigo la tecnología es el poco habitual pasatiempo de este peculiar personaje. Y eso no es todo...

Aunque no es lo primero que pensarías si te lo encontrarás por la calle con su enorme cresta azul, el bueno de Josiah está detrás de otras muchas investigaciones fascinantes. Una de ellas es el Chromochord, un instrumento musical capaz de utilizar las proteínas vegetales para componer melodías.

Según sus propias palabras, una forma divertida de aprovechar “estas proteínas increíbles que alimentan nuestras vidas cada día, pero que nadie puede ver y en las que nadie piensa”. Y, por si todo esto fuera poco, también ha estado detrás de un proyecto de crowdfunding para financiar el descubrimiento de nuevos antibióticos.

Pero volvamos a sus hallazgos sobre el lenguaje en los tiempos de internet. El objetivo de la investigación llevada a cabo por Zayner era desentrañar si cuando nos comunicamos mediante los chats o los servicios de mensajería instantánea, nuestras expresiones son más parecidas a las que utilizamos al hablar o a las que empleamos al escribir.

Para el estudio utilizó cuatro textos de cuatro fuentes distintas: Twitter, los chat de IRC, una herramienta de análisis de Google Books y transcripciones de diálogos entre humanos. O, lo que es lo mismo: una de las redes sociales más populares, un servicio muy utilizado por programadores y 'hackers', una base de datos que recoge las palabras con mayor presencia en los libros y las palabras que usamos a diario en nuestras conversaciones trasladadas a un folio.

Con estos mimbres, Zayner ha llegado a la conclusión de que en las redes sociales y los chats somos más propensos a utilizar las estructuras propias del lenguaje oral. A tenor de sus investigaciones, tendemos a pensar que los intercambios que mantenemos a través de WhatsApp, Line o Telegram son tan efímeros como las frases que pronunciamos en un diálogo cualquiera.

La investigación no ha sido sometida aún a revisión por pares, así que tendremos que fiarnos de las conclusiones que ha extraído este científico metido a estudioso del lenguaje. Hay una que nos ha llamado especialmente la atención: por si quedaba alguna duda de que Twitter es perfecto para alimentar nuestro ego, este doctor en bioquímica y biofísica por la Universidad de Chicago ha venido a corroborarlo.

De entre todas las palabras empleadas por los angloparlantes que frecuentan la red de los 140 caracteres, “I”, “me” y “my” - que en castellano serían “yo, yo/mí y mío” - se llevan la palma. Son las más utilizadas con diferencia. Narcisismo 2.0., que en realidad es el ombliguismo de siempre con un megáfono en la mano ¡Un poquito de humildad, tuiteros!